Definición de Discurso Político


Definición de Discurso Político:

El discurso político es el discurso producido dentro de la escena política, es decir, dentro de los aparatos donde se desarrolla explícitamente el juego del poder.

Características de Discurso Político:

1. El discurso político no se dirige tanto a persuadir al adversario como en la retórica tradicional, sino a reconocer, distinguir y confirmar a los partidarios de una signo y atraer a los indecisos.

2. El discurso político es un discurso de carácter estratégico, es decir, en la medida en que define propósitos, medios y antagonistas.

3. El discurso político manifiesta propiedades performativas, es decir, que quien lo sustenta no se limita solamente a informar o transmitir una convicción, sino que también produce un acto, expresa públicamente un compromiso y asume una posición respecto a un determinado tema en cuestión.

4. El discurso político tiene una base esencialmente polémica: la enunciación política parece inseparable de la construcción de un adversario.

5. El discurso político es un discurso lógicamente argumentado que se presenta como un tejido de tesis, argumentos y pruebas destinadas a esquematizar y teatralizar de un modo determinado el ser y el deber ser políticos ante un público determinado.


Discursos de Hitler

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 Discursos de Adolf Hitler:

1. Queremos ver un Imperio

"... Queremos ver un Imperio y vosotros debeis autoinstruiros para esto... Queremos que este pueblo sea obediente, y debeis practicar obediencia en vosotros mismos..."
 


3. Discurso del Führer en la Cámara Alta (5-abril-1933)"...Este gobierno debe ser una representación de los campesinos alemanes, pues no puedo defender los intereses de un pueblo si al fin no reconozco la fuerza mas importante en una clase social que significa efectivamente el porvenir de la nacion..."






Frases y Citas de Adolf Hitler:


1. Citas I

"...las armas más crueles resultan humanitarias si consiguen provocar una rápida victoria..."



Citas de Hitler

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Adolf Hitler

"Citas y Frases Célebres II"

Recopilación de Citas de Adolf Hitler

Enlaces: II Guerra Mundial | Nacismo | Adolf Hitler

  * "Cuanto más conozco al hombre más quiero a mi perro".
o Nota: Se refería a Blondi, su perra de raza pastor alemán. Cita original de Oscar Wilde.

* "En España, bajo la dominación de los Árabes, la civilización alcanzó un nivel que raramente se ha repetido. La intromisión del cristianismo ha traído el triunfo de la barbarie. El espíritu caballeresco de los Castellanos es efectivamente una herencia de los Árabes. Si Carlos Martel hubiera sido derrotado, el mundo habría mudado su faz. Ya que el mundo estaba condenado a la influencia judaica (y su subproducto, el cristianismo, ¡es algo tan insípido!), hubiera sido mejor que triunfara el Islam. Esta religión recompensa el heroísmo, promete a los guerreros la gloria del séptimo cielo" (28/08/1942, Hitler's Table Talk 1941–1944, Enigma Books, 2000, p.667).

* "¡Dios sabe que yo quise la paz!"
o Nota: En respuesta a la negativa de Winston Churchill de establecer una paz negociada poco antes de la invasión a Polonia.

* "Es falso que yo o que cualquier otro en Alemania quisiera la guerra en 1939".
o Fuente: Mi testamento político, párrafo 3º. Dictado en Berlín, el 29 de abril de 1945, a las 4 de la tarde.
o Notas: Veinticuatro horas antes de su suicidio, el día 30 de abril.

* "Conmigo se va la última esperanza del mundo, las democracias occidentales son decadentes, el comunismo, con gobiernos más autoritarios, a la larga, acabará conquistando el mundo".

* "¡Honrad el trabajo y respetad al obrero! Para millones es hoy difícil volverse a encontrar por sobre el odio y los errores procreados artificialmente en tiempos pasados. Hay un credo que nos permite recorrer fácilmente este camino. Que trabaje quien quiera y donde quiera, mas no puede ni debe olvidar que su compañero, el que cumple su deber lo mismo que él, es indispensable, que la nación no existe por el trabajo de un gobierno, de una clase determinada o por obra de su inteligencia, sino que sólo vive por el trabajo común de todos".

* "Nada me había entristecido tanto en los agitados años de mi juventud como la idea de haber nacido en una época que parecía erigir sus templos de gloria exclusivamente para comerciantes y funcionarios".
o Mein Kampf

* "Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.
o Dicho en sus últimos años.

* "Antes de volver a entrevistarme con Franco prefiero que me arranquen las muelas" (Hendaya)

* "Con soldados españoles y mandos alemanes conquistaré el mundo".
o Nota: En referencia a la valentía de la División Española de Voluntarios de la División Azul.

* "Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español”.

* "Había leído en la historia que el soldado español era el mejor del mundo, y ahora, viéndolos en el frente ruso, lo he comprobado. La División Española lucha en primera línea sin interrupción, en uno de los sectores más difíciles y de decisiva importancia para los combates defensivos. De este modo la División Azul ha hecho el más alto honor a su patria en la gran lucha anticomunista. Cuando la División Azul regrese a España tendremos que expresar tanto a ella como a su bravo general el reconocimiento debido a una lealtad y una valentía llevadas hasta la muerte".

* "¡Esta cría será exterminada de Alemania!".
o Nota: Según los propios testigos de Jehová de Alemania,Plantilla:Citarequerida en 1934 y otros países habrían enviado telegramas a Hitler como señal de protesta por el trato brutal dado a los testigos. Un testigo ocular informa que cuando Hitler se enteró de aquello, "se puso de pie precipitadamente y con los puños cerrados gritó histéricamente: ‘¡Esta cría será exterminada en Alemania!’".

* "Las mujeres españolas, aunque hablen varias lenguas, son excepcionalmente estúpidas. La mujer de Franco, por ejemplo, acude cada día a la Iglesia. Reconozco que la confesión tiene sus ventajas; la mujer obtiene la satisfacción de la absolución y el permiso para seguir con sus jueguecitos, ¡y el cura tiene el gusto de enterarse de todo!"

* "En España siempre se encontrará a alguien dispuesto a servir los intereses políticos de la Iglesia, como Serrano Súñer. Ya en mi primera entrevista con él experimenté un sentimiento de repulsión. Evidentemente Franco no tiene personalidad para enfrentarse a los problemas. La mayor tragedia de España fue la muerte de Mola. Este era el verdadero cerebro, el verdadero jefe. Serrano Súñer es en realidad el enterrador de la España moderna".

* "Yo no hubiera intervenido en la revolución de España de no haber sido por el peligro rojo que amenazaba a Europa. El clero se hubiera tenido que exterminar".

* "Pero no han cedido ni una pulgada de terreno. No conozco seres más impávidos. Apenas se protegen. Los nuestros están siempre contentos de tener a los españoles como vecinos de sector. Considerados como tropa, los españoles son una banda de andrajosos".

* "Creo hoy que estoy actuando de acuerdo con el Creador Todopoderoso. Al repeler a los judíos estoy luchando por el trabajo del Señor".

* "Cuando se haya eliminado el peligro comunista, volverá el orden normal de las cosas".
o Dicho tras un decreto de emergencia del 28 de febrero de 1933.

* "Cuando se inicia y desencadena una guerra lo que importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria".
o Fuente: Kershaw, Ian. Hitler 1936–1945 (Barcelona, Círculo de Lectores, 2000), pág. 191. Traducción de José Manuel Álvarez Flórez. ISBN 84-226-8569-8.
o Notas: dirigiéndose a sus jefes militares, 22 de agosto de 1939.

* "Podemos estar felices de saber que el futuro nos pertenece completamente".

* "Debo cumplir con mi misión histórica y la cumpliré porque la Divina Providencia me ha elegido para ello".
o Notas: 12 de febrero de 1938.

* "Sólo se combate por lo que se ama; solo se ama lo que se estima, y para estimar es necesario al menos conocer".
o En referencia a sus años de estudio en Viena.

* "Lucho por lo que amo, amo lo que respeto, y a lo sumo respeto lo que conozco".
o Fragmento de Mein Kampf.

* "En este momento, una empresa que por sus dimensiones puede ser comparada a las más vastas que el mundo jamás haya conocido, está a punto de realizarse. Una vez más, hoy he decidido poner la suerte y el futuro del Reich y de nuestro pueblo en manos de nuestros soldados. Que Dios les ayude en su lucha".
o 22 de junio de 1941, respecto a la Operación Barbarroja.

* "Leningrado, Ucrania y Crimea en primer lugar; y Moscú antes del invierno".
o 1941, respecto a la Operación Barbarroja.

* "Sigo el camino que me marca la Providencia con la precisión y seguridad de un sonámbulo".
o 1936, Renania.

* "Mañana muchos maldecirán mi nombre".
o 1945, Últimas palabras antes de suicidarse en su búnker subterráneo.

* "La Naturaleza no conoce fronteras políticas: sitúa nuevos seres sobre el globo terrestre y contempla el libre juego de las fuerzas que obran sobre ellos. Al que entonces se sobrepone por su esfuerzo y carácter, le concede el supremo derecho a la existencia".
o Mein Kampf.

* "Ésta es una táctica basada en un cálculo preciso de toda debilidad humana, y su resultado llevará al éxito con certeza casi matemática. [...] Logré comprender igualmente la importancia del terror físico para con el individuo y las masas".
o Mein Kampf.

* "La capacidad de asimilación de la gran masa es sumamente limitada y no menos pequeña su facultad de comprensión; en cambio es enorme su falta de memoria. Teniendo en cuenta esos antecedentes, toda propaganda eficaz debe concentrarse en muy pocos puntos y saberlos explotar como apotegmas, hasta que el último hijo del pueblo pueda formarse una idea de aquello que se persigue. En el momento en que la propaganda sacrifique este principio o quiera hacerse múltiple, quedará debilitada su eficacia por la sencilla razón de que la masa no es capaz de retener ni asimilar todo lo que se le ofrece. Y con esto sufre detrimento el éxito, para acabar a la larga por ser completamente nulo".

* "La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la naturaleza y antepone la cantidad numérica y su peso inerte al privilegio sempiterno de la fuerza y del poder".
o Mein Kampf, página 69.

* "Es necesario exterminar sin piedad a los instigadores de este linaje".
o Refiriéndose al marxismo.
o Mein Kampf, página 185.

* "Ustedes, señores, están convencidos de que la economía alemana ha de levantarse sobre la idea de la propiedad privada. Pero ustedes sólo podrán sustentar en la práctica esta idea de la propiedad privada si la misma está fundamentada lógicamente de alguna forma. Esta idea ha de extraer su justificación ética de la visión de la necesidad natural... Es necesario por lo tanto fundamentar estas formas tradicionales que se han de conservar, de forma que puedan considerarse como absolutamente necesarias, lógicas y justas. Y aquí tengo que decir que la propiedad privada sólo se puede justificar en el plano ético y moral si parte del presupuesto de que las prestaciones de los individuos son distintas... Pero, admitido esto, es un disparate afirmar que en el terreno económico hay diferencias de valor, pero no así en el terreno político. Es absurdo construir la vida económica sobre la idea del rendimiento, del valor personal y, por consiguiente, en la práctica sobre la autoridad de la personalidad, y negar esta autoridad de la personalidad en el terreno político y poner en su sitio la ley de la mayoría, la democracia... En el terreno económico, el equivalente de la democracia política es el comunismo".
o Discurso pronunciado por Hitler el 27 de enero de 1932 en el Düsseldorfer Industrieklub, en M. Domarus (ed.), Hitler, Reden Und Proklamationen 1932–1945, vol. 1, Würzburg, 1962, páginas 68 y siguientes, sobre todo páginas 72 y 87.

* "Nuestro pueblo primero tiene que ser liberado de la confusión desesperada del internacionalismo y ser educado deliberada y sistemáticamente en un nacionalismo fanático. [...] Hay un solo derecho en el mundo, y este derecho está en la propia fuerza de uno".
o Refiriéndose al nacionalismo (año 1928).

* "Ante Dios y el mundo, el más fuerte tiene el derecho de hacer prevalecer su voluntad [...] ¡Al que no tiene la fuerza, el derecho en sí no le sirve de nada! [...] Toda la naturaleza es una formidable pugna entre la fuerza y la debilidad, una eterna victoria del fuerte sobre el débil".
o Fuente: Discurso El enemigo de los pueblos (13 de abril de 1923), párrafo 3º.

* "Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos".
o Fuente: El enemigo de los pueblos, párrafo 6º.

* "Detrás de la economía también debe haber poder, dado que solamente el poder garantiza la economía".
o Fuente: El enemigo de los pueblos, párrafo 8º.

* "Ahora quizás surja todavía la pregunta de si hoy es conveniente hablar sobre la culpa de la guerra. [...] ¡Del conocimiento viene la voluntad de resurgir! Han quedado dos millones en la lucha. También ellos tienen derechos, no solamente nosotros los sobrevivientes. Hay millones de huérfanos, lisiados y viudas entre nosotros. ¡También ellos tienen derechos! Para la Alemania de hoy ninguno ha muerto ni ha quedado lisiado, huérfano o viuda. ¡Tenemos la deuda con estos millones de construir una nueva Alemania!".
o Fuente: El enemigo de los pueblos, párrafo final.
o Notas: Potente cierre de discurso de Adolf Hitler. En 1923, Hitler se dirigía con estas palabras a las masas, recordando a los caídos de Alemania durante la Primera Guerra Mundial. El párrafo cerraba una larga argumentación en que atribuía toda la culpa de la guerra a los judíos.


Discurso de Hitler: Frente Alemán del Trabajo

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Adolf Hitler

"Congreso del Frente Alemán del Trabajo"
Discurso pronunciado por Hitler en Berlín

Enlaces: Nacismo | Adolf Hitler


En la vida de los pueblos no puede haber grandes revoluciones si es que -casi me atrevo a decir- no hay absoluta necesidad de ellas.
No puede hacerse una revolución realmente seria si el pueblo no aspira a ella en su interior, si determinadas circunstancias no obligan a emprenderla. Nada más fácil que cambiar exteriormente la forma de gobierno. Transformar interiormente a un pueblo será posible únicamente cuando se haya efectuado más o menos un determinado proceso de desarrollo, cuando un pueblo sienta -si bien tal vez no tan claramente, por lo menos en subconsciencia- que el camino emprendido no es el justo y quisiera dejarlo, mas no puede porque la pesadez y la inercia de la masa le impiden hallar el nuevo camino, hasta que sobreviene un impulso de cualquier parte o hasta que un movimiento que se ha percatado ya de la nueva ruta obliga al pueblo a seguir este nuevo camino. Tal vez quiera hacerlo en el primer momento, o haga como que no quiere, pero a fin de cuentas emprenderá el camino cuando sienta en su interior, consciente o inconscientemente, que la ruta seguida hasta aquí no es la verdadera, la que le conviene. Entre todas las crisis por que atravesamos, y que dan una idea completa, no hay que negar que la más sensible para el pueblo es la crisis económica.
La crisis política, la moral, no la sienten algunos sino muy raras veces. El hombre medio no ve en su tiempo lo que afecta a la totalidad, sino que en la mayoría de los casos sólo ve lo que se refiere a su propia persona. De aquí que el presente no comprenda casi nunca la decadencia política o la moral mientras ésta no se haga extensiva de cualquier manera a la vida económica. Si esto llegara a tener lugar, ya no se tratará de cualquier problema abstracto, de un problema que pueda observarse o estudiarse en otra parte, sino que llegará el día en que el individuo se sienta afectado por la misma cuestión y se irá convenciendo de la imposibilidad de persistir en la misma situación a medida que vaya notando en s u propia persona las consecuencias de la crisis. Se hablará entonces de una crisis económica, de una penuria económica, y, partiendo de esta misma crisis, se tendrá la posibilidad de hacerla comprender, de hacer sentir la penuria que de otro modo suele permanecer oculta por mucho tiempo en cada ser humano.
Es natural que la crisis económica no sea reconocida en el acto en sus diversas causas, que no se vea aquí cuanto acabe por condicionar esta crisis. Es de comprender asimismo que cada uno quiera echarle la culpa al otro, y que se quiera hacer responsables a la generalidad, a las corporaciones, etc. de lo que uno mismo es también responsable. Es una gran dicha el que se vaya logrando entonces poco a poco aclarar tal crisis de suerte que vayan siendo cada vez más los que reconocen las verdaderas causas, lo cual es necesario para hallar los caminos que conducen a la curación.
No basta decir que la crisis económica alemana es una consecuencia de una crisis mundial, de la miseria económica que impera por doquier, pues de la misma manera podrá encontrar cualquier otro pueblo la misma disculpa y las mismas razones para fundar su penuria. Claro está que esta miseria no podrá entonces tener sus raíces en cualquier parte de la tierra, sino dentro de los pueblos, como siempre. Sólo hay una cosa probable, la de que esta raíz sea quizá la misma en muchos pueblos, pero sin la esperanza de poder contrarrestar la miseria por el solo hecho de comprobar que existe una miseria determinada en el correr de los tiempos. Desde luego que es necesario poner al descubierto estas raíces en el interior de un pueblo y curar la miseria ahí donde verdaderamente se la puede curar.
Desgraciadamente el alemán tiene siempre la propensión a dirigir la mirada en tales épocas de lontananza en vez de concentrarla en su propio ser. La larga educación de nuestro pueblo para inculcarle conceptos internacionales lo hace que en estos tiempos de crisis se dedique a la solución de este problema siguiendo puntos de vista internacionales, digo más, da lugar a que muchos de nosotros crean que no es posible hacer frente a esta desgracia sin proceder a la aplicación de métodos internacionales. Nada más erróneo que esto. Natural es que los achaques internacionales que aquejan a todos los pueblos sean curados por ellos mismos. Todo ello no varía el hecho de que cada pueblo debe emprender la lucha por sí y, ante todo, de que un pueblo no debe ser liberado de esta penuria mediante medidas internacionales caso de no adoptar por si solo las medidas necesarias.
Las propias medidas pueden estar naturalmente en el marco de las de carácter internacional, si bien este propio modo de proceder no debe hacerse depender del de los demás. La crisis de la economía alemana no es de las que se expresan en nuestros coeficientes económicos, sino que es en primer lugar una crisis que encuentra igualmente su expresión con las otras en su curso interior, en la naturaleza de nuestra organización, etc. de la vida económica de Alemania. En este caso podemos hablar de una crisis que ha llegado a afectar a nuestro pueblo más que a los otros.
Es la crisis que vemos en relación entre el capital, la economía y el pueblo. Bien crasamente vemos esta crisis en la relación entre nuestro obrero o empleado y nuestro patrón. La crisis ha llegado aquí a un nivel que no ha alcanzado en ningún otro país de la tierra. Si no se resuelve ahora, todas las demás tentativas que se hagan para contrarrestar los peligros de la miseria económica serán inútiles a la larga. Si examinamos la esencia del movimiento obrero alemán tal como se ha venido desarrollando en los últimos 50 años, daremos con tres causas que implican este desarrollo peculiar, raro. La primera causa yace en el cambio que ha sufrido la forma de servicio de nuestra economía en sí.
Esta causa la vemos aparecer en todo el mundo del mismo modo como se presenta en Alemania. A principios del siglo pasado y más aún en nuestros días, ha tenido lugar una transformación de nuestra antigua forma económica de pequeña burguesía -si se me permite la expresión- en sentido de la industrialización, perdiéndose así, definitivamente la relación patriarcal entre patronos y obreros. Este proceso se acelera desde el momento en que las acciones pasan a ocupar el puesto de la propiedad personal. Vemos el comienzo del enajenamiento entre el que crea con la cabeza y el que lo hace con la mano, pues ésta es en resumidas cuentas la única diferencia que decide real y efectivamente.
No es la palabra propiedad la que debe ser aquí considerada como característica, pues sabemos que una gran cantidad de hombres de los que fundaron nuestra producción no vino primitivamente de la propiedad, sino del trabajo, que la fuerza del puño llegó a intensificarse en ellos hasta convertirse en genialidad de la mente, que fueron inventores u organizadores por la gracia de Dios, a quienes nosotros debemos en parte nuestra vida, siendo así que sin las capacidades de estos hombres no nos hubiera sido posible alimentar ni mantener a 65 millones de habitantes en la limitada superficia donde moramos.
De otra manera hubiéramos seguido siendo país de exportación bruta de trabajo. País de exportación, incluso naturalmente del espíritu oculto bajo este concepto: abonos culturales para el resto del mundo. El no haber sido así lo debemos a la gran cantidad de hombres de nuestro pueblo que supieron levantarse de la sima y que, merced a su smuchas capacidades, a su gran ingenio, pudieron proporcionar y asegurar el pan a millones de individuos. No se trata pues, de que desde un principio podamos decir: contratistas y patronos, sino que la salida consiste en que el espíritu, como ocurre siempre en la vida del hombre, se levanta, imperante, sobre la fuerza ordinaria. Este espíritu no ha sido entre nosotros algo así como una prerrogativa del nacimiento, sino que lo encontramos en todas las clases y en todas las condiciones de la vida. Bien puede decirse que todas las clases sociales de Alemania han contribuido a ello.
El desmoronamiento que hemos podido ver paulatinamente ha dado lugar a que de un lado se revelaran los intereses especiales de obreros y empleados, dando con ello principio a la desgracia de nuestro desarrollo económico. Al emprender este camino, forzosamente tenía que venir la separación. Impera aquí una ley:
Una vez pisado un camino determinado, un camino extraviado, va uno separándose cada vez más del camino de la razón. Lo hemos visto prácticamente por espacio de 70 años. El camino hubo de separarse tanto de la razón natural, que los pensadores, que eran a la vez guías por este camino, hubieran confesado, de haber sido interrogados, que el camino era, en verdad, una locura. Lo han confesado individualmente. Únicamente en el imperio de la organización no han podido encontrar de nuevo el camino de la razón.
Todo lo contrario: el camino los separa forzosamente, favoreciendo -según se ha dicho- por la despersonalización de la propiedad.
De esta manera el camino queda -si se me permite la frase- consolidado científicamente en la apariencia. Poco a poco se va produciendo una ideología que cree poder mantener a la larga el concepto de la propiedad, bien que los usufructuarios prácticos de este concepto no están formados sino por un porcentaje mínimo de la nación. Surgió al revés la opinión de que el concepto de la propiedad debía ser rechazado por ser tan reducido el porcentaje de usuarios prácticos. Provino de aquí la discusión sin fin y la guerra por el concepto de propiedad privada y por la "propiedad" en sí. Ésta lucha dio lugar en lo sucesivo a que se separaran más y más los dos exponentes de la vida económica.
Lo que se desarrolló ahora, es en parte poco o nada natural. Desde el momento en que los dos interesados creen que su misión no tiene nada en común, no cabe duda que frente al contratista sólo puede existir el obrero organizado, claro es entonces que a laf uerza que representa el contratista sólo puede oponerse la reunida del obrero o el empleado. Una vez emprendido el camino, lógicamente habrá que poner la organización de los obreros y empleados ante la de los contratistas. Claro está que ambas organizaciones no se ocuparán una en otra, tolerándose, sino que más bien velarán por sus intereses, al parecer separados, por los medios de combate de que disponen, es decir: el paro forzoso y la huelga. En esta lucha, algunas veces vencerán los unos, otras los otros. Toda la nación será en ambos casos la que ha de pagar el precio de la lucha, la que ha de sobrellevar el perjuicio.
El resultado final será que las dos organizaciones en vías de construcción se harán más embarazosas o engorrosas en vista del carácter de los alemanes de propender a la burocratización y producirá un aparato cada vez más grande. El aparato acabará finalmente por no servirles a los interesados, sino que estos serán los que tengan que servir al aparato, y la lucha proseguirá para poder fundamentar la existencia del aparato, aún cuando a veces venga la razón bruscamente y diga: todo es una locura; la ganancia, medida por las víctimas, es ridícula; los sacrificios hechos por el aparato, contados en conjunto, son mucho más grandes que la ganancia posible. Los aparatos tendrán entonces que demostrar cuán necesarios son atizando la lucha de los intereses unos contra otros, pudiendo acontecer que los aparatos, dándose cuenta de lo que pasa, acaben por entenderse y reconciliarse.
En otros términos: el aparato A dirá: cuánto me alegro de que esté aquí el aparato B, pues hallo siempre los medios para entenderme con el aparato B. Si no existiera este aparato y en su lugar lucharan fanáticos honrados, la cosa sería mil veces peor. Conocemos a las gentes del aparato B y sabemos perfectamente cómo hemos de tratarlas. Siempre hay un camino viable. Al César lo que es del César, al pueblo lo que es del pueblo, y a la organización obrera lo que es de la organización obrera. Ya se encontrará entonces un recurso para coexistir "pacíficamente". Todo llegará a ser a veces un mal espectáculo; se ladrarán recíprocamente, se pelearán unos con otros, pero al final de cuentas no se harán nada, no se matarán, tampoco podrán hacerlo, puesto que de lo contrario no podrán existir ni las organizaciones obreras ni las sociedades y asociaciones de patronos. Todo, en resumen, vive a costa de la generalidad.
Esta lucha, emprendida mediante un derroche de medios, fuerzas de trabajo, etc. es una de las causas de la catástrofe provocada lentamente, pero con seguridad. La segunda causa es el encumbramiento del marxismo.
El marxismo como concepto uniersal de la descomposición vio con mirada perspicaz en el movimiento de las organizaciones obreras la posibilidad de emprender la agresión y la lucha contra el Estado y la sociedad humana con un arma absolutamente aniquiladora. No para ayudar al obrero. ¿Qué es el obrero, de cualquier país que sea, para estos apóstoles internacionales? ¡Nada, absolutamente nada!
¡No lo ven! ¡Cómo que no se trata de obreros, sino de literatos extraños al pueblo, de la chusma extraña al pueblo!
Se han dado perfecta cuenta de que con el movimiento de las organizaciones obreras y los excesos provocados del otro lado es como puede obtenerse un buen instrumento para emprender la lucha al mismo tiempo que para alimentarse, pues en todos estos últimos decenios se ha alimentado la socialdemocracia política de esta lucha y de los medios para organizarla. Hubo que inculcar a la organización obrera la idea: tú eres un instrumento de la lucha de clases, y ésta encuentra, a fin de cuentas, su guía únicamente en el marxismo. ¡Ya nada más natural que rendirle tributo al guía! ¡Y el tributo se ha recogido con creces! Los señores no se han contentado con un 10, sino contipos de interés mucho más grandes.
Esta lucha de clases conduce a la proclamación de la organización obrera como puro instrmento para la representación de los intereses económicos de los obreros y consiguientemente para fines de la huelga general. La huelga general surge aquí por primera vez como factor político de gran fuerza y muestra lo que el marxismo había esperado efectivamente de esta arma: no un medio para salvar al obrero, todo lo contrario, un instrumento de combate para el aniquilamiento del Estado enemigo del marxismo. Hasta donde ha podido llegar semejante locura, de ello tenemos los alemanes un ejemplo terrible e instructivo: la guerra.
Numerosos líderes de la socialdemocracia, completamente transformados interiormente por el nuevo espíritu de los nuevos tiempos, arguyen ahora con la memoria un tanto debilitada: es que la socialdemocracia luchó también en los campos de batalla.
¡No, el marxismo no ha peleado nunca, el que ha peleado ha sido el obrero alemán! En 1914, el obrero alemán, en un reconocimiento interior brusco -casi me atrevo a decir clarividente- se retiró del marxismo para incorporarse de nuevo a su pueblo, sin que p udieran evitarlo los líderes del marxismo que habían visto venir esta fatalidad. Algunos de ellos, muy pocos, regresarone n esta hora con el corazón al seno de su pueblo. Sabemos que un gran hombre, un hombre que ha intervenido decisivamente en la historia de los pueblos, Benito Mussolini, supo encontrar en estos momentos el camino de su pueblo. También en Alemania ha habido algunos que hicieron lo mismo. La gran masa de los líderes políticos no ha sacado para sí las consecuencias, ateniéndose al poderoso levanamiento del obrero alemán, no fue inmediatamente, voluntariamente, al frente: esta transformación interior espiritual parece que se les ahorró en aquellos tiempos, no obstante afirmar hoy lo contrario: perecieron obreros. Los líderes se han conservado cuidadosamente en el 99%.
No figuran con el porcentaje de muertos y heridos que vemos en todo el pueblo. Creyeron que su actuación política era mucho más importante. En aquella época, 1914/15, vieron su misión en una discreta reserva, y más tarde en el mando de u determinado número de outsiders, vieron su misión en una resreva paulatina frente al problema nacional. Finalmente llegó el cumplimiento en la revolución.
Sólo podemos decir a esto:
Si el movimiento de las organizaciones obreras hubiera estado entonces en nuestras manos, si hubiera estado en mis manos, pongo por ejemplo, si se hubiera desarrollado con la misma finalidad errónea como ocurrió entonces, nosotros los nacionalsocialistas hubiésemos puesto esta gigantesca organización al servicio de la patria. Hubiésemos declarado: conocemos naturalmente los sacrificios, estamos dispuestos a hacerlos nosotros mismos, no queremos evitalros, lo que queremos es luchar con los demás, ponemos nuestra suerte y nuestra vida en manos de la poderosa Providencia, como han de hacerlo los otros. Lo hubiésemos hecho sin más ni más.
Has de saber, obrero alemán: no se trata ahora de decidir sobre Alemania como Estado, del Imperio como forma de gobierno, no se decide sobre la monarquía, ni sobre el capitalismo, ni el militarismo, sino sobre el ser o no ser de nuestro pueblo, y nosotros los obreros alemanes hacemos el 70% de este pueblo. ¡Sobre nosotros se decide!
He aquí lo que debía saber y se podía saber en aquél entonces. Debíamos saberlo. Hubiésemos sacado todos las consecuencias para nuestra propia vida y naturalmente que también hubiésemos sacado las consecuencias para el movimiento de las organizaciones obreras. Hubiésemos dicho: obrero alemán, lo que queremos es defener tus derechos. Seguramente que entonces hubiésemos tenido que hacerle frente al EStado, es decir, hubiésemos protestado contra los excesos y la desvergonzada conducta de las sociedades de guerra.
Hubiésemos protestado contra esta chusma de chanchulleros y hubiésemos intervenido para hacer entrar en razón a esta canalla, hasta empleando sogas en caso de necesidad.
Hubiésemos derribado a cuantos se hubiesen negado a servir a la Patria. Hubiésemos dicho: al hacer frente ahora es porque no anhelamos otra cosa que la victoria de n uestro pueblo, no la victoria de una forma de gobierno, sino la victoria para la conservación de nuestra vida. Y si perdemos la guerra, no ha perdido una forma de gobierno, sino que se le ha quitado el pan a millones de hombres. Y los primeros que pierdan el pan no serán seguramente los capitalistas y los millonarios, sino los obreros manuales, la masa pobre y empobrecida.
Fue un crimen el no haber procedido de esta manera. No se hizo porque hubiera sido proceder contra el sentido interno del marxismo, pues éste no uqería otra cosa que el aniquilamiento de Alemania. Hubo de esperar hasta creer que el pueblo y el Reich, desmoralizados por la enorme superioridad numérica, no serían capaces de arrostrar los ataques de dentro. Cayeron entonces sobre ellos.
¡Y Alemania fue vapuleada, llevándose la peor parte del obrero alemán!
La suma de sufrimientos, miseria y desgracias que han pasado desde entonces por millones de pequeñas familias obreras y pequeños hogares domésticos pesa gravemente sobre la responsabilidad de los criminales de Noviembre de 1918. No han de quejarse ahora de nada. No hemos ejercido ninguna venganza. Si hubiésemos querido hacerlo, hubiésemos tenido que matarlos a decenas de millares.
Hablan mucho de que también los socialdemócratas estuvieron en los campos de batalla. ¡Los obreros alemanes estuvieron en los campos de abtalla! Pero si en aquél tiempo hubiesen abrigado sentimientos socialdemócratas en momento de obcecación -no ha sucedido tal cosa, y quien haya estado en el frente como soldado sabe perfectamente que nadie pensaba entonces en ningún partido-, si hubiese sido así: qué vileza la de éstos jefes de robar a sus propias gentes, a las víctimas de esta lucha, el fruto de estos sacrificios, de hurtar con ello a sus propias gentes tanta miseria, tantos sufrimientos de muerte, penas, hambre y noches de insomnio. No podrán remediar jamás los males que infligieron a nuestro pueblo con semejante crimen. Y, ante todo, nunca podrán reponer los daños que causaorn al obrero alemán sometiéndole por espacio de muchos decenios a un aislamiento mental cada vez más terrible, cargándolo en Noviembre de 1918, por la vil acción de grupos mezquinos e irresponsables, con una acción de la que él no podía ser responsable. Desde los días de Noviembre de 1918 se viene consolidando en millones de alemanes la creencia de que el obrero alemán tiene la culpa de nuestra desgracia. Él, que tantos y tan indecibles sacrificios tuvo que hacer, que tuvo que llenar nuestros regimientos con millones de sus soldados, fue señalado bruscamente como el responsable de los hechos cometidos por los aniquiladores perjuros, embusteros y degenerados de la patria. ¡No podía haber cosa peor! Desde aquél momento dejó de existir para muchos millones de hombre sen Alemania la comunidad nacional. Millones se entregaban a la desesperación y otros clavaban la mirada en lo incierto sin poder encontrar de nuevo el camino hacia el pueblo. Con la comunidad nacional se quebrantó automáticamente la economía alemana, ya que la conomía no es una cosa en sí, sino más bien un fenómeno vivo, una de las funciones del cuerpo del pueblo, y su proceder y todo su curso son determinados por hombres. Si los hombres llegan a ser exterminados de esta manera, no habrá porqué extrañarse de que también la economía vaya siendo destruida paulatinamente. La locura del pensar individualmente se suma a la locura del pensar de la colectividad y acaba por destruir algo cuya destrucción infligirá a la totalidad los más graves perjuicios.
La causa tercera del desarrollo fatal yace en el propio Estado.
Algo hubiera habido que tal vez hubiese podido ponerse frente a estos millones: este algo hubiese sido el Estado si éste no hubiera degenerado en juguete de los grupos interesados. No es pura casualidad el que el desarrollo total se efectúe paralelamente a la democratización de nuestra vida pública. Esta democratización dio lugar a que el Estado cayera primeramente en manos de deteminadas clases sociales identificadas con la propiedad en sí, con los patronos como tales. La gran masa del pueblo tenía más y más la sensacion de que el Estado no era una institución objetiva, puesta por encima de los acontecimientos, que no encarnaba ninguna autoridad objetiva, sino que más bien era el flujo del querer económica y de los intereses económicos de grupos determinados dentro de la nación, y que la dirección del Estado justificaba tal aseveración. La victoria de la burguesía política ya no era otra cosa que la victoria de una clase social producida por leyes económicas, de una clase que carecía, a su vez, de todas las condiciones necesarias para una dirección política efectiva, que hacía que la dirección política dependiera de los fenómenos y sucesos eternamente variables de la vida de las masas, de la preparación de la opinión pública, etc. En otros términos: el puebloi tenía, con razón, la sensación de que en todos los ramos de la vida tiene lugar una selección natural, partiendo seimrpe de la capacidad para este ramo determinado de la vida, menos para uno: el de la dirección política. En el ramo de la dirección política se echó mano repentimane te de un resultado de selección que debe su existencia a un proceso enteramente diferente. Mientras que entre los soldados es muy natural que sea jefe únicamente quien ha recibido una instrucción debida, no era lógico que sólo pudiera ser guía político quien tuviese la instrucción necesaria y demostrase la capacidad para serlo, sin oque más bien se fue extendiendo la opinión de que bastaba pertenecer a una determinada clase de la sociedad, nacida de leyes económicas, para sentir la aptitud indispensable para regir un pueblo. Hemos conocido las consecuencias de este error. La clase que se arrogaba esta dirección ha sufrido un tremendo fracaso en las horas críticas y ha resultado ser completamente inútil en los momentos más graves que ha tenido la nación.
Pero al propio tiempo nos encontramos en el período en que debemos abordar la cuestión relativa a la reconstrucción de nuestra economía alemana, no sólo para reflexionar radicalemnte acerca de la misma, sino también para resolverla radicalmente viéndola no por fuera y por arriba, sino investigando las causas internas de la decadencia y resueltos a eliminarlas. Creemos que debemos empezar aquí primeramente por donde ha de estar hoy el principio, a saber: por el propio Estado.
Hay que levantar una nueva autoridad, y esta autoridad ha de ser independiente de las corrientes momentáneas del espíritu de la época, independiente ante todo de las corrientes que revela el egoismo reducido y limitado económicamente. Ha de erigirse una conducción estatal que represente una autoridad real y efectiva, una autoridad que no dependa de ninguna clase social. Hay que establecer una dirección estatal en la que todo ciudadano tenga la fe y la confianza de que no quiere otra cosa que la dicha del pueblo alemán, el bien de este pueblo, una dirección de la que pueda decirse con razón que es independiente hacia todos lados. Se ha hablado tanto de la época absolutista de los pasados tiempos, del absolutismo de Federico el Grande y de la época democrática de nuestros tiempos parlamentarios. Los tiempos pasados eran los más objetivos vistos con los ojos del pueblo, pudiendo velar por los intereses de la nación de una manera más objetiva, al paso que los tiempos posteriores fueron degenerando más y más en la pura representación de intereses de cada clase social. Nada puede demostrarlo mejor que la divisa: el dominio de la burguesía ha de ser substituido por el del proletariado, es decir, se trata únicamente de un cambio de la dictadura de clases, mientras que nosotros queremos la dictadura del pueblo, o sea, la dictadura de la totalidad, de la comunidad. No vemos que lo decisivo en una posición social sea una clase social; esto pasa en el sino y en el tiempo de los milenarios. Esto viene y desaparece. Lo que queda es la substancia en sí, una substancia de carne y de sangre: nuestro pueblo. Es lo que es y lo que permanece, y sólo ante él debe uno sentirse responsable. Sólo entonces se creará la primera condición para la curación de nuestras profundas heridas económicas. Sólo entonces se reavivará para millones de seres humanos la convicción de que el Estado no es la representación de los intereses de un grupo o una clase social, sino el agente del pueblo en sí. Si de uno u otro lado hay hombres que no pueden o creen no poder someterse o rendirse a ello, la nueva autoridad tendrá que salirse con la suya ya sea contra un lado o contra el otro. Tendrá que hacer ver a todos que no deriva su autoridad de la buena voluntad de cualquier clase social, sino de una ley: ¡la necesidad de la conservación de la nacionalidad en sí!
Es necesario, además, eliminar cuantos sucesos abusen conscientemente de la debilidad humana para poder emprender con su auxilio una empresa mortal. Al declarar yo hace 14, 15 años y repetir desde entonces ante la nación alemana que mi misión ante la historia alemana la veo en la destrucción del marxismo, no he dicho una frase vacía, sino un sagrado juramento que pienso cumplir mientras circule una gota de sangre por mis venas. Esta confesión, la confesión de un solo hombre, la he hecho confesión de una poderosa organización. Una cosa sé ahora: si la suerte se me llevase de este mundo, esta lucha sería continuada y no acabaría nunca, este movimiento lo garantiza. Esta lucha no es ninguna lid que pudiera terminarse con mal arreglo amigable. ¡En el marxismo vemos al enemigo de nuestro pueblo, al enemigo que aniquilaremos, que exterminaremos hasta la última raíz, consecuentemente, inexorablemente!
Sabemos asimismo que en la vida económica suelen chocar a menudo los intereses de unos contra otros, o parecen estar en pugna unos con otros, que el obrero se siente perjudicado, que lo es a menudo y que también el patrono se ve acosado, que a menudo también lo está, que lo que para unos parece ser una ganancia, lo tienen otros por desgracia propia, lo que para unos es un éxito, significa a veces para otro la ruina segura. Lo sabemos y lo vemos, y sabemos también que los hombres sufren y han sufrido siempre sus consecuencias. Pero precisamente por esto resulta ser muy peligroso el que una organización no persiga otro objetivo que aprovecharse conscientemente de estos terribles fenómenos de la vida para destruir al pueblo entero. Por ser así, conviene destruir una organización y exterminar una teoría que abusa de estas debilidades naturales, de debilidades que radican en la insuficiencia de los hombres, pues sabemos perfectamente que la meta de toda esta evolución, digo mal, de esta lucha entre el puño y la frente, entre la masa, es decir, el número y la calidad es: destrucción de la calidad de la frente. Esto no es seguramente una bendición para el número, ni un encumbramiento del obrero, sino que viene a significar: miseria, penuria, la ruina definitiva.
Vemos la crisis económica y no somos tan pueriles para creer que todas estas dificultades puedan quedar eliminadas de la noche a la mañana, con sólo anhelar algo mejor. Ponemos también la insuficiencia humana en juego, la cual hará siempre una mala jugada a los hombres y desnaturaliza con frecuencias la mejores ideas, la mejor voluntad. Mas nosotros tenemos la firme voluntad y el inquebrantable propósito de no dejar que llegue a tal punto, sino de luchar y seguir luchando -toda la vida es una lucha contínua- contra tales eventos, de poner la razón en su lugar y hacer que el interés común pase a primer término. Si se malogra por el momento, ¡lo que hoy no se logra, deberá lograrse mañana! Y si alguien replicara: ¿cree uste que cesarán algún día los sufrimientos?, le contestaré: sí, señor, cuando llegue la época en que no haya hombres insuficientes en el mundo, pero como temo que la insuficiencia de los hombres no acabará jamás, los sufrimientos no cesarán nunca. No es posible arreglar las cosas para toda la eternidad desde una sola generación.
Cada pueblo tiene la obligación de cuidar de si mismo. Cada época tiene la misión de arreglar sus cuitas por si sola. No crean ustedes que vamos a quitárselo todo al porvenir. No y no, tampoco queremos educar a nuestra juventud par que se convierta en sucio parásito de la vida o para disfrutar cobardemente de lo que otros han creado. No, lo que desees poseer tendrás que ganarlo de nuevo, tendrás que lanzarte una vez y otra a la lucha. Para esto queremos educar a los hombres. No queremos infundirles desde un principio la falsa teoría de que esta lucha es algo innatural o indigno del hombre; todo lo contario, queremos inculcarles la idea de que esta lucha es la terna condición para la selección, que sin la eterna lucha no habría hombres en la tierra. ¡No, lo que hacemos ahora, lo hacemos para nosotros!
Dominando hoy la crisis estamos trabajando para el porvenir, puesto que mostramos a nuestros descendientes cómo han de hacerlo cuando les llegue su tiempo, así como nosotros debemos parender del pasado lo que tenemos que hacer hoy. Si la generación anterior a nosotros hubiese pensado de igual manera, según nos quieren hacer creer, de seguro que nosotros no estaríamos aquí. No puedo decir que para lo futuro sea bueno lo que he creido falso para lo pasado. Lo que la vida me da a mí y a nosotros, ha de ser justo para la vida de nuestros descendientes, de modo que estamos obligados a obrar con arreglo a esto.
Debemos pues, proseguir la lucha hasta la última consecuencia contra los acontecimientos que han corroido al pueblo alemán en los últimos 17 años, que nos han causado tan terribles perjuicios y que, de no haber sido vencidos, hubieran aniquilado a Alemania. Bismarck dijo una vez que el liberalismo era el entrenador de la socialdemocracia. No es preciso que diga aquí que la socialdemocracia es el entrenador del comunismo.
El comunismo es el entrenador de la muerte, de la muerte del pueblo, de la ruina. Hemos emprendido una lucha contra él y la continuaremos hasta el fin. Como ya tantas veces en la historia de Alemania, así se verá que el pueblo alemán va adquiriendo, a medida que aumenta la miseria, mayor fuerza y nuevos bríos para hallar el camino hacia arriba y hacia adelante. ¡También esta vez lo encontrará, digo más, estoy convencido de que lo ha encontrado ya! Paso ahora a la tercera medida: la liberación de las asociaciones consideradas primeramente como dadas, del influjo que creen ver en ellas y poseer en estas asociaciones una última posición de retirada. ¡Que no se entreguen a falsas conjeturas! Lo que ellos construyeron lo tenemos nosotros por falso. Vemos que el genio alemán despertó aquí lentamente en millones de individuos, contra la propia voluntad de estos arquitectos, un sentimiento que hubo de exteriorizarse en la institución de organizaciones poderosas. Ellos mismos hubieran destruido las organizaciones. Se lo recibimos, mas no para conservarlo todo para lo porvenir, sino para salvarle al obrero alemán los céntimos ahorrados que ha invertido en la obra y para que actúe con los mismos derechos en la formación del nuevo estado de cosas, para darle la posibilidad de intervenir como factor investido de iguales derechos que los demás. ¡Se ha de crear un nuevo Estado con él, nunca contra él!
No ha de tener la sensación de ser considerado como paria, como proscrito o estigmatizado. ¡Bien al contrario! Desde un principio, en la gestación y formación del nuevo Estado, queremos inculcarle el sentimiento de ser alemán que goza y disfruta de los mismos derechos y prerrogativas que el resto de sus connacionales. El mismo derecho no es en mis ojos otra cosa que el complacerse en tener los mismo derechos y obligaciones. No se hable siempre, únicamente de derecho, háblese también del deber. El obrero alemán debe disipar en los millones del otro lado la creencia de que ni el pueblo alemán ni su revolución le importan un ardite. Seguramente que habrá elementos que no quieran tal cosa. También los hay del otro lado de nuestro pueblo. Sobre todos ellos pasará la suerte a la orden del día.
Se encontrarán en Alemania hombres que con toda sinceridad y de todo corazón no q uieran otra cosa que la garndeza de su pueblo. Ya s eentenderán unos con otros, y de fijo se entenderán, y si alguna vez llegase a retornar la duda y a hacerles una mala jugada la dura realidad, gustosamente actuaremos nosotros de corredores, de agentes de cambio y bolsa. La misión del Gobierno consistirá entonces en volver a juntar las manos que están ahora a punto de soltarse, haciendo como agente honrado y probo, y repitieidno al pueblo alemán una y otra vez: no debéis reñir, no debéis juzgar por las paariencias, no debéis abandonaros por la sencilla razón de que la evolución haya seguido tal vez en el decurso de los siglos caminos que nosotros no podemos tener por felices, sino que todos vosotros debéis tener siepre presente que vuestro deber es la conservación de vuestra nacionalidad. ¡Ya se encontrará entonces un camino, se precisa hallar un camino! No puede decirse: se ha hecho imposible el camino hacia lav ida de la nación porque la hora opone quizás dificultades. Pasará la ora, mas la vida ha de ser y será. Con ello adquiere un gran sentido moral el movimiento obrero alemán en su totalidad. Al rpoceder a la construcción de un nuevo Estado, de un Estado que sea el resultado de muy grandes concesiones de ambos lados, queremos enfrentar dos contrayentes que abrigan sentimientos nacionales en su corazón, dos contrayentes que sólo ven a su pueblo ante sí, dos contrayentes dispuestos a toda hora a posponerlo todo para alcanzar este provecho común, pues sólo siendo esto posible desde un principio creo barruntar el éxito de tamaña acción.
Aquí decide también el espíritu del cual ha nacido el hecho. No ha de haber vencedores y vencidos fuera de un solo vencedor: nuestro pueblo alemán.
Vencedor de las clases sociales y vencedor sobre los intereses de cada uno de estos grupos de nuestro pueblo. Con ello contribuiremos y llegaremos al refinamiento del concepto de trabajo, trabajo éste que, como es natural, no puede hacerse de la noche a la mañana. Así como este concepto ha sufrido sendas modificaciones a través de los siglos, así en este caso tendremos necesidad de muchos siglos para poder transmitir al pueblo alemán todos estos conceptos en su forma prístina. El objetivo perseguido impertérritamente por el movimiento que representamos yo y mis compañeros de armas será elevar la palabra obrero a un gran título de honor de la nación alemana. No en balde hemos incluido esta palabra en la denominación de nuestro movimiento, y no porque esta palabra nos haya aportado alguna vez un gran provecho. ¡Al contrario! Lo que nos trajo fue odio y hostilidad de una parte, e incomprensión de otra. Hemos elegido esta palabra porque con la victoria de nuestro movimiento queríamos elevar victoriosos el vocablo.
La hemos elegido para que en este vocablo se encuentra al final, admás del concepto pueblo, la segunda base: la unión de los alemanes, pues nadie que abrigue una voluntad noble podrá hacer profesión de otra cosa que de esta palabra.
Soy de por sí enemigo de acpetar títulos honoríficos, y no creo que algún día haya quien me eche en cara lo contrario. Lo que no sea absolutamente necesario que haga, no lo hago. Nunca quisiera mandarme hacer tarjetas de visita con títulos que le conceden a uno gloriosamente en este mundo que habitamos. Ni siquiera en mi lápida sepulcral otro nombre que el mío seco y escueto. Probable es que por los caminos que me ha trazado el sino esté yo más que nadie capacitado para comprender la esencia el ser y la vida toda de las diversas clases del pueblo alemán, no porque haya podido observar esta vida desde arriba, sino por haberla vivida en persona, por aberme hallado en medio de ella, por haberme arrojado la suerte caprichosa, o tal vez providencial, dentro de esta gran masa del pueblo y de los hombres. Por haber trabajado yo luengos años como simple trabajador para ganarme el sustento cotidiano, y por haber estado por segunda vez en esta gran masa como soldado raso, y porque a la vida plugo confundirme con otras clases de nuestro pueblo, al punto de poder decir que las conozco mucho mejor que tantísimas personas que nacieron en ellas. Así es que la suerte parece haberme predestinado a mí más que a ninguno a ser el -permítaseme emplear esta palabra para mí- el corredor o el agente honrado, el agente honrado en todos los sentidos.
Aquí no estoy interesado personalmente; ni dependo del Estado ni de ningún cargo público, como tampoco dependo de la economía ni de la industria, ni de ninguna organización obrera. Soy un hombre independiente y no me he propuesto otro objetivo que serle útil al pueblo alemán en la medida de mis fuerzas, a ser útil aquí precisamente a millones de hombres que tal vez por su buena fe, su ingorancia y la maldad de sus antiguos líderes son los que más han sufrido. Siempre he creido y dicho que que no puede haber cosa mejor que ser abogado de todos aquellos que no puedo defenderse bien ellos mismos.
Conozco la gran masa del pueblo y sólo quisiera decirles una cosa a nuestros intelectuales: todo Estado que ueráis levantar exclusivamente sobre las bases del intelecto es de construcción endeble.
Conozco este intelecto: siempre cavilando, siempre investigado, pero también eternamente inseguro, eternamente vacilante, móvil, nunca firme. Quien quiera construir únicamente sobre este intelecto un imperio, se convencerá bien pronto de que no construye nada sólido ni estable. No es pura casualidad el que las religiones sean más estables que las formas de Estado. En los más de los casos suelen hundir más profundamente sus raíces en el seno de la tierra; serían inimaginables sin esta gran masa del pueblo. Sé que las clases intelectuales suelen ser atacadas muy fácilmente de la arrogancia de querer medir este pueblo por el rasero de sus conocimientos y de su llamada inteligencia; y, sin embargo, hay aquí cosas que a menudo no ve la inteligencia de los inteligentes porque no pueden verlas. Esta gran masa es seguramente tarda en el pensar y obrar, a veces retrógrada y poco amovible, no muy ingeniosa ni tampoco genial, pero tiene algo: tiene fidelidad, tiene perseverancia, tiene estabilidad. Puedo decir: la victoria de esta revolución no hubiera sido nunca un hecho si mis compañeros, la garn masa de nuestros pequeños conciudadanos, no nos hubieran asistido haciendo alarde de una fidelidad sin igual y de una perseveracia inconmutable. Nada mejor puedo imaginarme para nuestra Alemania que lograr que estos hombres, que están fuera de nuestras filas de combate, entren en el nuevo Estado y se conviertan en uno de sus más fuertes y poderosos cimientos.
Dijo una vez un poeta: "Alemania estará en el apogeo de su grandeza el día en que sus hijos más pobres sean sus ciudadanos más fieles.". He conocido a estos pobres hijos por espacio de cuatro años y medio como soldados de la gran gurera; los he conocido, he conocido a aquellos que quizás nada tenían que ganar para sí y que sólo obedeciendo la voz de la sangre, por el hecho de sentirse alemanes, llegaron a ser héroes. Ningún pueblo tiene más derecho que el nuestro a levantar monumentos a su soldado desconocido. Esta impávida guardia, que semantuvo firme en tantas y tantas batallas sangrientas, que nunca vaciló ni retrocedió, que ha dado tantos ejemplos de inaudito valor, de fidelidad, disciplina y obediencia sin límites, tenemos que conquistarla para el Estado, debemos ganarla para el Reich que viene, para nuestro tercer Reich. Esto es, sin duda alguna, lo más precioso que podemos darle.
Precisamente porque conozco este pueblo mejor que cualquiera que conoce a la vez el resto del pueblo, estoy dispuesto en este caso, no sólo a hacerme cargo del papel de agente honrado, sino que me siento feliz de que la suerte me haya deparado este papel.
¡No sentiré nunca mayor orgullo en mi vida que el poder decir cuando cierre los ojos para siempre: he ganado, luchando, al obrero alemán, para el Reich de los alemanes!

Discurso de Hitler: Enemigos de Alemania

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Adolf Hitler

"Derrotaremos a los Enemigos de Alemania"
Discurso pronunciado por Hitler el 10 de Abril de 1923

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¡Mis queridos compatriotas, hombres y mujeres alemanes!

En la Biblia está escrito: "Lo que no es ni caliente ni frío lo quiero escupir de mi boca". Este frase del gran Nazareno ha conservado hasta el dia de hoy su honda validez. El que quiera deambular por el dorado camino del medio debe renunciar a la consecución de grandes y maximas metas. Hasta el dia de hoy los terminos medios y lo tibio también han seguido siendo la maldición de Alemania. La situación de nuestra patria, segun la condición geografica una de las mas desfavorables en Europa, fue comprendida en realidad por primera vez, por el pequeño estado prusiano, odiado, un rival en sentido espiritual y material para todos los pueblos circundantes, le quedo reservado a este pequeño estado modelo llegar a ser el adalid del pensamiento alemán hasta aquella unión de los troncos alemanes que en el fondo, a pesar de dos guerras ganadas, aun no era una union.

Aun hoy somos el pueblo menos apreciado de la tierra. Un mundo de enemigos se alza contra nosotros y el alemán debe decidirse también hoy si quiere ser un soldado libre o un esclavo blanco. Las precondiciones bajo las cuales solo puede desenvolverse una estructura estatal alemana han de ser por consiguiente: unión de todos los alemanes de europa, educación para la conciencia nacional y la disposición de poner todas las fuerzas nacionales enteramente al servicio de la nacion.

Estas, solamente, son las condiciones fundamentales bajo las cuales podemos vivir en el corazon de europa. El anciano gigante de la vida estatal alemana, bismarck, ha mantenido totalmente esta linea directriz, y cuando él se fue vino el dominio de los terminos medios, de lo tibio. En lugar de representación de intereses patrios se hizo política dinástica, en lugar de política nacional, la internacionalizacion. Las palabras-impacto de "echar un puente entre todos los antagonismos", de fraternización, de tregua y otras similares minaron la fuerza del pueblo alemán hacia adentro y hacia afuera. La judaización fue la consecuencia inmediata de esta política tibia, la judaización de la nación alemana, porque el judío no renuncia a su propia nacionalidad.

Industrialización, conquista económica pacifica del mundo fueron otros objetivos, segun los cuales se procedio, sin tener en cuenta que no existe ninguna política económica sin espada, ninguna industrialización sin poder. Hoy no tenemos ya una espada en el puño, ¿Donde tenemos entonces una política económica existosa? Inglaterra ha reconocido muy bien este primer principio de la vida estatal, de la salud estatal, y actua desde hace siglos de acuerdo al fundamento de convertir fuerza económica en poder politico, y el poder politico debe a su vez, a la inversa, proteger la vida economica. El instinto de conservación del estado puede construir una economia; pero nosotros quisimos conservar la paz mundial en lugar de defender con la espada los intereses de la nación, la vida económica de la nación, y de abogar sin consideraciones por las condiciones de vida del pueblo.

Y en esto participan por igual todos los partidos del actual parlamentarismo. Los democratas quieren salvar la democracia aunque Alemania sucumba por ello. Por la democracia afirma el democrata que quiere morir, por lo general nunca se llega tan lejos. Una enormidad seria para él si la democracia sucumbiera. En la práctica se desarrollo, gracias a esta idea que conduce a la paralización del pueblo, el dominio de la bolsa y de los manejos bursátiles.

El centro representa la idea de la solidaridad de un determinado credo. Otros pueblos, por fanáticamente que piensen y actuen de acuerdo a los principios de su credo, son en primer término hijos de su pueblo y recién después abogan por una confesión determinada.

La socialdemocracia representa intereses político-mundiales; pero un proceder conjunto con los trabajadores de todo el mundo, por cierto, solo es posible en base a un mutuo respeto y posición de igualdad. El alemán debe ser en primer termino un aleman, asi como el inglés es un inglés, si quiere ganarse el respeto de los otros; y este respeto existe hoy en dia menos que nunca. No se trata de si el obrero alemán se declara solidario con los obreros de otros paises, sino si el obrero de otros paises quiere declararse solidario con el obrero alemán.

Por lo demas el pueblo alemán no queria ser internacionalista. El mejor corazon del alemán dejo ir a la guerra hace nueve años a incontados millones entusiastamente, y hoy los obreros de essen, cuando ametralladoras francesas tabletearon en aquel funesto sabado dentro de sus filas, no fijaron su mirada en la solidaridad internacional, sino sobre Alemania y sobre aquel dia que alguna vez llegara a ser el dia de la venganza.

Debido a la mediocridad y debilidad de los partidos parlamentarios sobrevino, logicamente, la mediocridad de los gobiernos. De esta manera, a partir del momento en que debia ser mantenida la "paz mundial" bajo cualquier circunstancia, por necesidad natural debio desarrollarse la guerra mundial. Hubieramos podido concertar alianzas con metas firmes y grandes; con decisiones a medias no se lo puede hacer, y los canallas que anteriormente reflexionaron, y ponderaron ahorraron y fueron tacaños, tiran hoy millones sin provecho para el pueblo alemán*. Todo estaba bajo el signo de la mediocridad, de la tibieza, hasta la lucha por la existencia en la guerra mundial y mas aun la concertación de la paz. Y hoy la continuación de la política a medias de entonces ha llegado a ser triunfo. El pueblo unido entre sí en la ardua lucha, y aclaro que en la trinchera no había partidos ni confesiones, ha sido desgarrado por el dominio de los intermediarios rapaces y pillos. La reconciliación y la compensación de los antagonismos, por cierto vendrían pronto si a toda "la compañía" se la colgara. Pero es que los intermediarios rapaces y pillos son "ciudadanos" y lo que es aun más importante, adeptos de aquella religión que el Talmud santifica.

No es el proletario quien ha llegado a ser señor, sino que el judío galiztiano se puso en el lugar de reyes que van cayendo. Ahora ya hace mas de cien años que esta trabajando en la desintegración de los estados europeos; siempre ha encontrado auxiliares y los encuentra aun hoy: severing aquí, poincare alla! No se hubiera podido hacer nada contra un pueblo de setenta millones si previamente no se le hubiera quitado la fuerza. Y el que quita al pueblo este poder de decisión interior es el culpable del hundimiento de la nacion.

Hace tres años he declarado en este mismo lugar que el derrumbe de la conciencia nacional alemana también arrastrara conjuntamente al abismo la vida económica alemana. Porque para la liberación se requiere mas que política economica, se requiere mas que laboriosidad, ¡para llegar a ser libre se requiere orgullo, voluntad, terquedad, odio, y nuevamente odio!

¿Qué se puede esperar de los gobiernos? Ellos sueñan con un milagro. Ellos sueñan con negociar, pero ¡para negociar se requiere poder! Una delegación con refuerzos de cuero en las rodillas va a Paris, trae de allí la decisión como don de gracia que alli es dictada por un poder superior, y la Nación Alemana da las gracias a la delegación por su "sentido del tacto", por su "sabia mesura", por su comportamiento en el "sentido de la mas auténtica democracia", y el pueblo sucumbe a consecuencia de ello. Aun se puede comprar carbón, aun no ha desaparecido el último marco de oro. Tres cuencas carboníferas ya han sido enajenadas por dinero, pero yo creo que no nos sera ahorrado aplicar a nosotros la sentencia de clemenceau que rezaba: "Me batiré delante de Paris, en París y detrás de París". Por cierto con una pequeña modificacion: no nos quisimos batir delante del ruhr, no nos quisimos batir en el ruhr, tendremos que batirnos detrás del Ruhr. Los hambrientos que en los tiempos venideros clamaran por pan no seran alimentados por el munchester post y los 20 millones de alemanes que se dijo están de más en Alemania, deberan enfrentarse con un terrible destino. Y cada cual deberá preguntarse: ¿también estarás tú entre ellos?

La hoz, el martillo, la estrella y la bandera roja ascenderan sobre Alemania; pero Francia no devolverá el territorio del Ruhr. ¿Qué se puede hacer contra estos dos terribles peligros que amenazan con aniquilarnos? Desde arriba no viene el espiritu, el espiritu que purifique Alemania, que con escoba ferrea limpie el gran establo de la democracia. Hacer esto es el cometido de nuestro movimiento. No ha de gastarse en superfluas batallas oratorias, sino que el estandarte con el disco blanco y la svastica negra sera enarbolado sobre toda Alemania el dia que sera el dia de la liberación de todo nuestro pueblo.