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Discurso Presidencial Álvaro Uribe 2006

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Álvaro Uribe

"Discurso Presidencial de Investidura"
Discurso de investidura de Álbaro Uribe, Bogotá, 7 Agosto 2006

Enla
ces: Investiduras | Álvaro Uribe


"El camino que emprendemos de nuevo nos conduce con plenas energías a luchar por el ideal que permita a nuestra Patria, un día no lejano, decir con orgullo ante el mundo que el asesinato de alcaldes, periodistas, sindicalistas, quedó atrás en el pasaje negro del terrorismo, que se ha recuperado la libertad con la abolición del secuestro"

"Compatriotas:

El juramento que acabo de prestar, que por primera vez en la historia de esta Nación lo recibe una distinguida mujer, digna representante de su tierra vallecaucana, combatiente sobresaliente de la democracia, nuestra Presidente del Senado, va más allá del mero cumplimiento de la Constitución; el compromiso del alma es cumplir bien, con entrega total.

En este día de la Patria se congrega la Nación entera, con el Congreso como epicentro y la honrosa compañía de tan selecta representación de la comunidad internacional.

El acontecimiento nos convoca para honrar la democracia y rendir tributo a la ley como su principio regulador.

La democracia, superior a cualquier tesis, es mucho más que el triunfo accidental de una mayoría o el respeto a las minorías coyunturales.

La democracia es el derecho del pueblo que demanda el equilibrio en los órganos de poder, entre ellos y en sus relaciones con el ciudadano; equilibrio en el Congreso, en la relación entre bancadas y con el pueblo; equilibrio en la justicia, en el ejercicio de su autonomía, entre equidad y severidad; equilibrio entre protagonistas de ideas encontradas para hallar la síntesis como alternativa al antagonismo insuperable; equilibrio en cada individuo para reciprocar las libertades con el cumplimiento del deber, sin necesidad de coacción oficial; equilibrio entre seguridad y paz, en un marco de firmeza, persistencia, serenidad y generosidad; el difícil equilibrio en el Gobierno para proponer con argumentos y entusiasmo, aún para aceptar su propia sinrazón. En fin, equilibrio en la relación cotidiana con el pueblo para responder con afecto, sin vana promesa, con diligencia para buscar la solución anhelada.

La democracia impone el equilibrio entre el raciocinio y el corazón para garantizar la unidad de la Nación en su creadora diversidad.

La democracia es el hilo que alimenta la hermandad entre nuestros pueblos con capacidad para sonreír amablemente en el reconocimiento de la divergencia.

La democracia moderna que nos une debe dejar atrás las artificiales divisiones a las que suele acudirse con el propósito de enfrentarnos.

Nuestra visión de democracia gira en torno a 5 elementos: seguridad democrática, libertades públicas, cohesión social, transparencia e instituciones independientes. Veamos algunas referencias.

Hace 4 años propusimos un concepto de seguridad: la seguridad democrática. Era un enunciado para explicar la seguridad como valor democrático. Era un propósito para diferenciar nuestra idea de doctrinas que en el continente acallaron la crítica, eliminaron el disenso, conculcaron las libertades. Todavía nos falta seguridad, pero el avance y la naturaleza de su práctica confirman su identidad democrática.

La seguridad nos ha permitido ganar confianza en la democracia y perder temor a la violencia.

A pesar del camino por recorrer y dificultades que subsisten, la seguridad democrática acredita progresos en la garantía eficaz de libertad de prensa, la protección del pluralismo, la defensa de las autoridades locales, los líderes sindicales.

La batalla formal por la libertad de prensa que habíamos ganado, empezaba a perderse por la coacción terrorista a periodistas. Esa noble profesión, el periodismo, se ejerce hoy con más libertad y sin temor, gracias a la seguridad democrática.

El Referendo de 2003, la elección de alcaldes y gobernadores, el proceso electoral reciente para elegir Congreso y Presidente, han probado plenamente que la seguridad ha estado al servicio del pluralismo.

Las autoridades locales, víctimas históricas del terrorismo, perciben un ambiente de libertad, que beneficia a todos sin considerar el origen político de su elección. Esto acredita el objetivo universal de nuestro proyecto, cual es defender a los colombianos sin importar las ideas que profesan o la escasez o abundancia de sus bienes materiales.

Una de las luchas que más nos desvela es la protección de los líderes sindicales. Sectores de la comunidad internacional, basados en los resultados, deben despejar cualquier duda sobre la determinación de garantizar plenamente la actividad de los dirigentes trabajadores.

Una sociedad asediada por el secuestro pierde sus libertades. La tendencia de disminución del flagelo no nos envanece, nos apremia para erradicarlo.

El camino que emprendemos de nuevo nos conduce con plenas energías a luchar por el ideal que permita a nuestra Patria, un día no lejano, decir con orgullo ante el mundo que el asesinato de alcaldes, periodistas, sindicalistas, quedó atrás en el pasaje negro del terrorismo, que se ha recuperado la libertad con la abolición del secuestro.

El contenido democrático de la seguridad se constituye en presupuesto fundamental para la reconciliación total.

Reafirmo ante los pueblos hermanos aquí representados, ante mis compatriotas, que la connotación democrática de la seguridad es un paso irreversible para obtener la paz. Reitero nuestra voluntad de lograr la paz, para lo cual únicamente pedimos hechos. Hechos también irreversibles que expresen el designio de conseguirla.

Los hechos de paz avivan la fe en su posibilidad. Los discursos de paz desvirtuados por la violencia, generan escepticismo que bloquea el sendero de acercamientos.

El Gobierno Español ha señalado como una de las razones para el diálogo que allí se abre espacio, la circunstancia de que en los últimos 3 años no se han presentado asesinatos imputables a la organización que empieza a ser interlocutora de voceros oficiales.

Con hechos de paz los ciudadanos apoyan el diálogo y la fuerza pública siente retribuida su misión de proteger al universo ciudadano sin excepción alguna. En medio de la violencia, el diálogo se desgasta y la búsqueda de la paz desmotiva la tarea de la institución armada legítima.

Hemos vinculado todas nuestras energías, con severidad, al rescate de la seguridad. No dudaremos en entregarlas, todas nuestras energías, con generosidad, a la paz. Hemos insistido sin temor en nuestras acciones en procura de la seguridad. No nos frena el miedo para negociar la paz. Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad. La paz necesita sinceridad. Por eso los hechos irreversibles de reconciliación deben ser el enlace entre seguridad y paz.

La generosidad oficial en negociaciones con los violentos, generosidad que muchas veces es injusta, es entendida por la comunidad cuando los hechos demuestran buena fe y honestidad de los beneficiarios.

Un Estado de profunda tradición democrática como el nuestro, ha sufrido la interferencia violenta en la emulación política, cuyo desarrollo tiene que confinarse a la fuerza de los argumentos.

La amarga experiencia de la combinación de “todas las formas de lucha” por grupos ilegales, la debilidad institucional para enfrentarla y la reacción también violenta e ilegítima para contrarrestarla, configuran un cuadro clínico de la democracia y las libertades, en trance de solución, aún no definitiva.

Nunca permitiremos la paz engañosa que cualquiera quiera asegurar basado en la capacidad criminal que le permita torcer la voluntad democrática.

Paz con una forma de lucha: la transparente emulación de las ideas.

En algunos momentos históricos la derecha reclamaba seguridad, la izquierda libertades e igualdad. La democracia moderna reconoce en la seguridad la primera de las libertades, que se legitima al hacer posible el ejercicio de las demás, que finalmente conducen a la igualdad.

En otras etapas la derecha se erigía en dueña de las libertades y la izquierda reclamaba justicia social. La democracia moderna tiene en la seguridad una fuente de recursos para construir justicia social y en las libertades el canal de apelación popular para hacerlo posible.

Seguridad, inversión y crecimiento aportan el recurso con el cual la solidaridad y el debate democrático hacen posible la equidad.

Una Nación próspera, equitativa, sin exclusiones y sin odio de clases, requiere confianza, crecimiento, superación de pobreza y mejor distribución de riqueza.

El crecimiento y la solidaridad son medios, la superación de la pobreza y la equidad se constituyen en fines.

En el debate democrático continuaremos en la construcción de la Visión del Segundo Centenario, con miras al 7 de Agosto de 2019. En Julio de 2010, cuando concluya el Gobierno que se inicia, evaluaremos las metas parciales que proponemos alcanzar.

Nuestras metas sociales son incluso más exigentes que las del Milenio. Tenemos toda la vocación de cumplir lo pactado con el pueblo: plena cobertura en educación básica; avances en preescolar; plena cobertura en régimen subsidiado de salud con esfuerzos para que la formalización laboral ayude a crecer el sistema contributivo; familias educadoras en acción, familias guardabosques, estrategias del Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena), del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, cobertura en atención de niños y ancianos; vivienda; saneamiento básico; infraestructura; acceso popular al crédito, banca de oportunidades.

La educación, la investigación, la aplicación de conocimientos, la infraestructura y el crédito popular serán los pilares de competitividad que aumente el ingreso y mejore la distribución.

En síntesis, una política social estructural, como conjunto armónico de acciones sociales que deben producir positivos impactos en calidad de vida y distribución de riqueza.

Como tuve oportunidad de explicarlo el 20 de Julio, día de instalación del Honorable Congreso, nuestra agenda de reformas económicas es consistente con la confianza inversionista, el crecimiento de la economía y la financiación de metas sociales.

No compartimos la idea de impulsar el crecimiento y abandonar la superación de la pobreza a la suerte del mercado. Discrepamos de hacer equidad con distribución de pobreza. Creemos en el crecimiento con justicia social.

Estamos en desacuerdo con el discurso macroeconómico fiscalista, que abandona el crecimiento económico a la suerte de la oferta y la demanda. El Estado tiene que estar comprometido por igual con el crecimiento y la equidad. Una vocación: Crecimiento económico vigoroso con horizonte de largo plazo y construcción veloz de equidad.

En la democracia moderna el papel del Estado no está en la disyuntiva de cumplir apenas una función gendarme de seguridad, o en el extremo opuesto de devorarlo todo, de ser obstructor de la iniciativa privada.

Para nosotros, confianza es la palabra clave que define el resultado del Estado. Confianza en el inversionista, tranquilidad en el trabajador, ilusión en el joven, sosiego en el adulto. Creemos en el Estado comunitario, promotor y subsidiario, árbitro que no invasor.

El Estado Comunitario es el medio para que la actividad pública beneficie a los gobernados, no a los funcionarios, los grupos de poder, la politiquería, las burocracias laborales.

El Estado Comunitario es participación ciudadana en la toma de decisiones públicas, su ejecución y supervisión. Es garantía de transparencia, eficiencia y equidad en el resultado de la acción oficial. La exigencia ciudadana permanente demanda sincero afán de los funcionarios, prudencia en el compromiso, diligencia en la acción, imaginación para explorar opciones y superar obstáculos. La presencia continua del funcionario, de cara a la comunidad, facilita acceso a la información, conocimiento de cifras, conciencia sobre posibilidades y limitaciones, reflexión sobre obligaciones y confianza en las instituciones.

La participación popular derrumba los muros que frenan las reivindicaciones.

El Estado tiene que desempeñarse como garante de cohesión social, defensor del medio ambiente y promotor de crecimiento económico.

El Estado promotor no es el Estado empresario, absorbente, que marchita la iniciativa privada. La función de promover implica llenar vacíos, acometer una labor subsidiaria. Allí donde exista empresarismo suficiente, el Estado estimula y garantiza equidad. Donde esté ausente la empresa privada, el Estado debe emprender la creación de riqueza, con recursos de capital de riesgo, así sea de manera temporal mientras llega la acción de los particulares.

El Estado es interdicto tanto en el neoliberalismo, que lo reduce a mirar abusos desde lejos, como en el burocratismo que lo convierte en monstruo arrogante y usurpador, que destruye lo privado, no obtiene lo social y concluye en su propia ruina.

El patrimonio público tiene que ser eficiente en el servicio a la comunidad, eficiencia que no es sinónimo de rentabilidad financiera. Hemos reformado más de 280 entidades oficiales y continuaremos el derrotero.

No podemos arrasar con los patrimonios públicos ni permitir que la falta de reformas termine con ellos. No queremos gobiernos que los destruyan, tampoco intereses políticos o de grupos de presión, económicos o laborales, que impidan las reformas y conduzcan los patrimonios públicos a la desaparición.

Debemos conciliar el robustecimiento del patrimonio público y el mejor servicio a los ciudadanos. El Estado sostenible por eficiencia en gestión y aprobación popular, es la síntesis que se aleja por igual del burocratismo anacrónico y del dogma de desmantelar lo estatal. Lo público es la propiedad privada de toda la sociedad que impone superior cuidado y diligencia en su administración.

Tenemos fe en la tarea reformadora del Estado para crear riqueza pública, proveer buenos servicios, asignar sus recursos a la equidad y a la prioridad.

Para cimentar confianza en la administración profundizaremos la participación comunitaria en audiencias de contratación, consultas sobre transacciones de litigios, difusión previa al perfeccionamiento de compraventas o capitalizaciones.

Nuestra dialéctica, el ritmo de movimiento permanente, debe darse en el ciclo de acometer, evaluar, ajustar y aún rectificar cuando sea necesario. Nos ilusionan las reformas propuestas y adelantadas con patriotismo. Nos llenan de pánico el estancamiento, los ímpetus de imprudencia y la corrupción.

En nuestro medio, donde todo está por hacer, no cabe la parálisis. Tampoco el acelerador sin riendas, sin juicio, sin equilibrio.

Invitemos la sociedad a nuevos estadios, a través de la contradicción que siembra, que abre trocha ante iniciales reacciones aún impregnadas de negativismo.

No puede ser que nos quejemos de falta de fortaleza en el crecimiento económico y nos opongamos a impulsarlo con la tributación.

No puede ser que reclamemos reformas para que la base popular participe en las corrientes dinámicas de la economía y a la hora de la verdad frenemos las reformas.

Es preferible devolver el valor del Impuesto al Valor Agregado a los más vulnerables, franquear dificultades, corregir el SISBEN, procurar el acceso bancario a 6 millones de familias pobres, vincularlas con ese inicial recurso a la banca de oportunidades, gestionarles crédito, que estancarnos en el remolino del discurso que lo critica todo y nada permite hacer.

No podemos renunciar a ajustes periódicos ni ceder a presiones que nos hagan incurrir en cambios bruscos por fuera de la visión de largo plazo. Aquí radica la importancia de conducir el trabajo cotidiano en armonía con la propuesta de pensar el País a 15 años. Visión Colombia: Segundo Centenario, nos reta a grandes transformaciones con miras a la conmemoración de los 200 años de la independencia, sellada en la Batalla de Boyacá.

Con la visión de largo plazo, los ajustes en el trabajo cotidiano son predecibles. Lo predecible, aunque difícil, construye confianza.

Estas palabras cargadas de optimismo, expresan encendido entusiasmo en Colombia. Pero, no podría ser diferente: llena de emoción saber que la generosidad de los compatriotas confiere una segunda oportunidad para este viaje de ilusiones posibles, sin pausa, por la geografía de la tierra y el alma de los ciudadanos.

Distinguidas personalidades de la comunidad internacional:

Llegan ustedes a una Nación con pobreza, violencia, inequidad; a una Nación cuyas tribulaciones no le han matado la alegría, ni escondido la espontaneidad, ni acomplejado la dignidad; a una Nación con riqueza en el alma, inteligencia creativa, capital social, valores comunitarios, disposición de salir adelante.

Una Nación unida en la diversidad que componen sus 32 Departamentos.

Amazonas, tan remoto en el pasado, su río y selva centros del mundo del futuro. Allí cerca, Vaupés, con sus arrendajos, pequeñas aves que cuidan las avispas, ante la mirada atónita de quienes desconocen la convivencia. Guainía, con las aguas reposadas de sus caños “verdeantes”. Putumayo, un sendero entre Brasil y el Pacífico, una vena suramericana dispuesta a liberarse de la contaminación de la violencia. Caquetá, con el prodigio de su ondulación, la serenidad de su geografía que quiere deshacerse de la convulsión de los fusiles. Meta, con el centauro y el jilguero que pernoctan bajo la palma de moriche y hablan en tonadas de joropo. Guaviare, también como el anterior, con un río que lleva el mensaje de los Andes a las aguas del Orinoco. Casanare y Arauca, donde Santander, el hombre de las leyes, reclutó los corazones llaneros que esperaron a Bolívar para darnos la independencia. Vichada, una llanura, un mar de agua dulce habitado por delfines rosados y toninas, que se guarda como tesoro para las nuevas generaciones. Nariño, tan consistente entre los verdes de Aurelio Arturo y los matices de su naturaleza, leal en la adversidad y en la victoria, el nombre del Precursor, los derechos humanos al servicio de la virtud. Cauca, el liderazgo de una lucha histórica y democrática sobre el discurrir de la Nación, la cultura de su Popayán. El Valle del Cauca, con Cali como hermana mayor de una constelación de ciudades entre la fertilidad de sus suelos, con reservas infinitas en su música de salsa y su capital cívico. Quindío, ese pedacito de cielo que Dios nos regaló. Caldas, centro de café excelso, su Manizales del alma, hospedaje de cultura superior legada del sabio cuyo nombre resalta. Risaralda, con su poeta de nueva democracia, la ruana, harapo incluyente de destechados de nobleza, desalojo de imperios de penachos. Chocó, bondad del alma nacional, un corazón que forman los ríos Atrato, San Juan, Truandó, el Pacífico y una mano esculpida en bahías sobre el Atlántico. Córdoba, con María Varilla, el Viejo Pelayero, personajes de su música de porro, tan afectuosos como sus campesinos, el Sinú que podría alimentar al mundo. Sucre, el Mariscal de la hermandad con Bolivia, su potencial La Mojana, la sabana y su Morrosquillo, la alegría de su 20 de Enero. Bolívar, albergue de El Libertador en las posadas de Mompós, Cartagena con fiereza de valor civil, murallas para narrar la historia, vacías de cobardía que jamás encontraron para proteger. Atlántico, su Barranquilla cosmopolita, la batalla de flores del Carnaval un rechazo a las batallas de sangre, una expresión de orden de la espontaneidad Caribe. Magdalena, en honor del río de la Patria, la Sierra Nevada vigía de Santa Marta en la última hora de El Libertador, y también de Aracataca en la primera inspiración del Nobel de Literatura. Guajira, con la sensación de ser indómita porque encuentra en la rebeldía la defensa de su libertad. Cesar, el buen manejo del bello idioma, la imaginación y el torrente natural de arte de acordeón, han hecho de cada historia elemental una leyenda vallenata. Norte de Santander, el campanario de Villa del Rosario que con su vuelo notifica la advertencia de respetar la ley, especialmente por el gobernante. Santander, un carácter firme como las laderas del Chicamocha, una idiosincrasia que no conoce el retroceso, menos para defender la libertad. Boyacá, donde reposa la independencia en un paisaje de encanto inagotable, respira el recuerdo de Pedro Pascasio Martínez Rojas, el soldado niño que definió qué es lealtad a la Patria. Huila, el sanjuanero ameniza el rigor de La Gaitana al vengar la muerte de su hijo Timanco, noble terruño que añora la paz como única venganza de tantos años de sufrimiento. Tolima, la misma erguida actitud en el bambuco, la construcción del Estado, la ciencia política, el surco agrario, donde el Bunde de Castilla, su canto, es “sol que abraza”. San Andrés, Providencia, Santa Catalina, el archipiélago de tez azul, un duelo por amor entre los del interior que quieren abrazar el mar de limpia mirada y los raizales que sólo desean cuidarlo con celo extremo. Cundinamarca, agudeza de campesinado ilustrado y vertical, ejercicio de labor abnegada que rebosa de inteligencia, ronda de la gran ciudad, que la custodia como cofre de historia y magia del porvenir. Bogotá, culta, orientadora del pensamiento nacional, en senda incontenible de progreso, albergue sin llanto, sin egoísmo, de la Nación entera. Antioquia, la comarca que veo desde acá como a mis padres, con mirada fija en la disciplina laboriosa del yunque, que interrumpe en emoción al escuchar un trino sentimental, una escuela de trabajo donde el afecto se siente más y se expresa menos, con Medellín, vencedora de mil desafíos, de la distancia para industrializarse, del narcotráfico para consagrarse como ciudad de educación y ciencia.

Una Nación que quiere y necesita de la comunidad internacional como contribución esencial para la paz, el desarrollo y la igualdad.

Un país que se ha desgarrado en el sufrimiento de la violencia interna, añora, con justa razón, armonía en las relaciones internacionales.

Registramos avances y obstáculos en los procesos de integración. Sigue pendiente el sueño de Bolívar, de integración sin exclusiones, que consiguió la independencia sin renunciar a la influencia europea, fue precursor en la incorporación indígena de Bolivia, convocó el Congreso Anfictiónico, abogó por la unidad de Bolivia, Perú y Colombia, que comprendía Venezuela, Ecuador y la Nueva Granada. Consideraba necesaria la alianza desde México hasta Chile, Brasil y Argentina, contra las estrategias antirrepublicanas del Viejo Mundo. Señalaba al Istmo como la capital natural. Admiraba el sistema federal de los Estados Unidos y los valores éticos de sus pobladores.

Cualquier reserva popular a los procesos de integración la disipa la práctica de compartir en lugar de dominar.

La globalización puede ser más amable si la entendemos como resultado de la ciencia y no imposición de la ideología.

La globalización puede ser más amable si apreciamos al mundo en la diversidad y renunciamos al molde único que cada quien reclama desde su propia perspectiva.

Sólo disponemos de una reciprocidad para responder al acompañamiento y ayuda de la comunidad internacional: nuestra devoción por la democracia.

Mis compañeros de Gobierno y yo, para acertar, necesitamos la colaboración del pueblo y las instituciones. El Congreso, las altas cortes, la justicia, los órganos de control, en fin, las ramas diversas, contarán con nuestra actitud de colaborar, dentro del respeto a su independencia, para obtener los fines sociales del Estado.

El Congreso está regido por nuevas normas políticas. El pueblo observa con positiva inquietud. No podemos fracasar. Ejecutivo y Congreso comprenderán la necesidad de mutua cooperación con interlocución independiente, imaginativa, constructiva. La coalición de Gobierno tiene la misión de responder a la generosa confianza de los electores, construir el diálogo patriótico con los grupos diferentes y ejercer el control político que recuerde al Ejecutivo la dimensión del mandato popular. El respeto gubernamental a la oposición y a la crítica contribuirá a bosquejar acuerdos fundamentales.

En esta hora de reacomodo de los partidos históricos y consolidación de los nuevos, la gobernabilidad no radica en mutuas prebendas entre el Ejecutivo y el Legislativo sino en el acuerdo de ambos para responder bien al clamor ciudadano.

En los Estados de opinión la fuerza es necesaria para la seguridad y evitar que perezca la virtud de la República. Pero la legitimidad, ese grado de confianza, de aceptación popular que facilita la gobernabilidad, proviene esencialmente de la aprobación de la opinión pública. Debe renovarse al despuntar del sol de cada nuevo día.

Mis compañeros de Gobierno y yo procuraremos una administración austera, realizadora, transparente. Debemos estar preparados para reconocer errores y emprender rectificaciones.

Invito a trabajar con sentido de urgencia para conseguir resultados positivos, con cambio de velocidades, con la disposición de no perder un minuto del tiempo que el pueblo necesita. Procuraré hacerlo con mejor buena letra y mejor pulso.

A los soldados y policías de la Patria un saludo lleno de afecto en esta hora de esperanza. Saben que más que su comandante soy uno de ellos, vestido en traje civil que cubre los huesos de un ser adherido a su suerte, suerte de los soldados y policías que es la paz de Colombia.

A los trabajadores y empresarios, funcionarios públicos, hombres, mujeres, jóvenes y mayores, mi expresión de dedicación al bienestar colectivo. De trabajar con disciplina y amor. Con humildad, tan difícil, la forzosa humildad impuesta por la realidad de las carencias y la contundencia de las angustias, afloradas en el intenso contacto popular.

Con ustedes compatriotas, con ustedes apreciados representantes de los pueblos hermanos y amigos, con el Vicepresidente Francisco Santos Calderón, su familia, Lina María, mi familia, emprendo este tramo, con energía sentimental, por nuestra gente y nuestro suelo, con infinito deseo de servir bien y de aportar un buen balance a las celebraciones de independencia en Julio de 2010.

Vamos a construir una Nación en armonía, con rectitud, próspera y justa. Lo haremos apasionadamente, con vigor, para que las nuevas generaciones vivan felices en este noble suelo.

Imploremos la ayuda de quienes nos guían desde la eternidad. Y a Dios Nuestro Señor, una luz inspiradora de tenacidad en el buen obrar.

Muchas gracias."

Discurso Jorge Gaitán Elecciones 1946

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Jorge Eliécer Gaitán

"¡A la carga! Pueblo, ¡por vuestra Libertad!"

Discurso de la candidatura Liberal para las elecciones de Mayo de 1946, Bogotá

Enlaces: Campaña Política | Jorge Eliécer Gaitán

"Pueblos, por vuestra victoria moral ¡a la carga!, por la restauración moral ¡a la carga!, por vuestra victoria ¡a la carga!, por la derrota de la oligarquía ¡a la carga!

Por la razón por la cual este movimiento no es personalista sino doctrinario, por la razón elemental de que tiene que terminar de una vez el hecho primitivo, el hecho indecoroso para mi patria, que es un gran pueblo, de que se le maneja con el irrespeto con que se manejan las vacadas de las haciendas privadas. Los hombres colombianos no podemos ser manejados con ese irrespeto, es nuestra dignidad que está por encima de los partidos, que está por encima de los cápulos monumentarios, que está por encima de las papeletas, porque donde no hay dignidad del hombre todo lo demás está perdido.

Pero no resultó tampoco aquella maniobra, que tenía nombre propio y en esta tarde me he encontrado con el caso singular, de los enterradores convertidos en parteras de nacimiento electoral. No señores: los enterradores no pueden tomar el papel de comadronas… y tranquilamente, falladas todas esas cosas con el único propósito de atajarle la voluntad al pueblo, se saca del propio malsín como cualquier prestidigitador saca del propio cubilete mágico el nombre moral e intelectualmente ilustre del doctor Eduardo Santos, que es el otro extremo de los cariños aparentes y de los odios profundos de estos dos antiguos jefes del partido liberal.

Ruego el favor de silencio, porque se trata, de obtener tiempo para decir las cosas que tengo que decir:

Ese si que es un cuadro que ha conmovido a la opinión pública en Bogotá y va a conmoverla en Colombia, porque ya no se trata del afecto, porque ya no se trata de imponer un candidato a quien se quiere, porque ya la razón es otra, la de imponer por sí y por propia voluntad, la de un candidato al que se odia.

Entonces si no es el amor, si no es la intención de tener peleles en el Palacio de la Carrera para mandar a través de los peleles. Porque el doctor Santos no lo es. Entonces hay otra razón distinta.

Es la repetición de un hecho histórico que Colombia ya conoce, Colombia conoce que por razón de temperamentos y de distinto orden, hay dos jefes que se odian y se abominan. Lo que Colombia no quiere seguir sabiendo es que la república tenga que estar orientada por esos odios o por esa abominación. El País recuerda que cuando Arango Vélez alzó a la arena, se alzó como he saltado yo, en contra de lo que yo llamo el Régimen Oligárquico que no es precisamente tener dinero ni tener posiciones, sino manejar el país con el criterio con que nos están manejando y nos pretenden manejar a la espalda de la opinión pública.

Y entonces, los odios se suturaron en lo externo, y ante el peligro de que el sistema oligárquico se cayera, se silenciaron las baterías, acostumbradas a odiar tan ardorosamente. Y ahora tenemos el fenómeno a la inversa:
Ya no es la personalidad ilustre de Eduardo Santos, abriéndole el paso al entonces candidato popular el doctor López, ahora es al revés, pero ante el mismo peligro.

Ante el agrietamiento de la oligarquía, ante el hecho de no haber podido imponer los candidatos contra la opinión pública, ante el hecho de haber fracasado con la intransigencia y haber fracasado con la transigencia, ante el hecho de haber puesto al partido conservador a decidir de la suerte del candidato liberal y no haberlo logrado, hemos llegado ya entonces, ante el peligro de esta avalancha humana, que no mi nombre sino la restauración moral y democrática de la república, ¡libra una batalla, librará una batalla!, ¡¡vencerá a la oligarquía liberal y aplastará a la oligarquía conservadora!!

Pero lo que me sorprende es esta serie de habilidades que yo no entiendo y no quiero comprender, es que se diga como se ha dicho: que disque mis conferencias con el doctor Turbay eran para formar un frente contra el eje Santos y López.

Qué inexactitud tan grande, si yo las entablé, lo hice e primer lugar porque mi deber de en primer lugar de guardar y prever la defensa del liberalismo, me obligaba a ella, y en segundo lugar ellas se sucedieron, porque como todos lo recordaran, pérfidamente se empezó a hablar de que solo el señor Turbay y el señor Gaitán tenían la responsabilidad.
En esos periódicos vosotros habéis leído que sobre esas dos cabezas se echaba toda la responsabilidad, y al mismo tiempo a mí se me decía por esos eminentes ciudadanos, que la manera de salvar la situación era la de entenderme directamente con el doctor Gabriel Turbay; pero al día siguiente de estarme entendiendo con él, encontré que los periódicos que así me habían empujado, que los personajes que así, para mí, con patriotismo me habían inducido a aquello, al día siguiente empezaban a hablar contra el eje Turbay – Gaitán, contra el eje López – Santos y empezaban a maquinar a fin de que esas conversaciones pasaran del plano transigente que tuvieron en la iniciación, a un plano intransigente, y se estimulaba la intransigencia para que fracasaran a fin de poder terminar en esta farsa y en esta comedia de ahora, y decir que habíamos fracasado en ese eje, para poderle imponer a la patria un candidato que la patria no ha pedido, porque la patria esta hoy en combate denodado contra el sistema de las oligarquías.

Porqué se me quiere engañar de esa forma, por qué se quiere jugar con mi sinceridad de esa manera? Por qué? mi espíritu de transigencia se explota habilidosamente un día para seducirme hacia la transigencia y después provocar la intransigencia a fin de hablar de un fracaso de ese eje y poder usufructuar el remanente en beneficio de uno de los extremos de ese otro eje.

Yo no sé si el Partido Liberal va a ser dividido así.

Yo lo que sé que es que hay un gran pueblo que no lo va a permitir. Y si los jefes son inferiores, y si esta gente sigue cavilando y si esta gente es incapaz de definirse, y si hay hombres dirigentes incapaces de dar la batalla de mando y de combate, puede que los dirigentes no hagan la unión entre sus odios mentiras e hipocresías, pero el pueblo el 5 de mayo, el pueblo liberal, unionistas, turbayistas, socialistas, gaitanistas, harán la unión en las urnas contra la oligarquía conservadora.

Porque del otro lado, está el otro hueco. A mí no se me escapa ni a nadie se le escapa. Que hay una pequeña minoría liberal que prefiere cien veces -aun cuando no lo diga, pero si lo insinúe con sus actitudes y sus artículos al candidato Ospina Pérez que el candidato Jorge Eliecer Gaitán.

Por Qué?Por la persona de Ospina Pérez o de Gaitán? No. Que son personas afortunadamente ambas respetables desde todo puto de vista. Pero es que el problema que hay en Colombia ahora señores conservadores y señores liberales es otro.

Aquí veniase sucediendo, y lo sabía la oligarquía conservadora, especialmente cierto grupo reducido de la plutocracia conservadora de Medellín que el pueblo conservador y el pueblo liberal habían empezado a entender que si los distanciaban ciertos principios filosóficos y económicos fundamentales, sin embargo en el hecho de las costumbres políticas habían llegado a incidir para defender intereses que les son mutuos y que les son caros.

Ese pueblo conservador, y ese pueblo liberal sabían y saben y no ignoran que a muchos de esos que ahora en los editoriales firmados de los periódicos conservadores me hablan de la manera cómo debo defender la restauración moral, se les ve la punta del cheque del alcalde en el bolsillo.

No me vengan con hipocresías, que conocemos sus nombres y el pueblo liberal y el pueblo conservador los conoce. Y saben que esas pequeñas minorías se defienden mutuamente, por encima de sus ideas para defender sus intereses, en contra de los intereses del pueblo que trabaja, en contra de la clase media y en contra de la clase trabajadora, en contra de los profesionales y en contra de los intelectuales, en contra de los industriales y en contra de los agricultores y de los cafeteros que no tienen el teléfono de las influencias políticas que funciona igual para las voces de la oligarquía conservadora que para las voces de la oligarquía liberal.

Ellos quieren tener un país paria e imbécil, que trabaje para sus intereses… Sus intereses que se giran estratégicamente unas veces con sello rojo y otras con sello azul, pero siempre en las casillas de los bancos para los giros y los descuentos.

Y se había dado cuenta la oligarquía conservadora de eso, y sabían que la juventud conservadora y el pueblo conservador y los campesinos, y la gente que se ha visto sometida a este mismo régimen de retraso político en Colombia, estaban avanzando y va a hacer una revolución de los sistemas y las costumbres políticas.

Se ha pensado en la capacidad fisiológica de ese hombre Que, atraído por la oferta del dinero inmediato sacrificará su biología y su sistema físico para ganar más dinero como lo propone el doctor Ospina Pérez. ¿ Y Entonces ese hombre ha pesado de manera distinta? Ese es un viejo criterio mandado a recoger por inhumano y por cruel y por atroz.

Ese es un viejo sistema en virtud del cual el hombre nada cuenta. “El hombre debe ser esclavo de la máquina, se le debe proteger sí, que produzca lo mas que pueda, que se le pague alto, pero que produzca mucho para que el rendimiento alto no se detenga”: no importa su psicología no importa la resistencia de su biología, lo que es importante es que la oligarquía plutocrática gane y de el espejismo de pagar más cuando más se trabaje, aún cuando quiebre la biología y la psicología del pueblo colombiano porque la economía de los menos está por encima de la vida de los más.

Ese es el viejo criterio de la plutocracia, defender al hombre, defender las garlanchas, no por el hombre mismo, sino por lo que el hombre pueda dejarse devorar de la insaciable sed de dinero de los que tienen dinero. Nosotros decimos cosa distinta, nosotros no hablamos de esas minucias, que son todas tendientes a saber cómo se le exprime la última gota al hombre dándole el estímulo de pagarle más para que pueda consumir más alcohol y tener más sífilis.

Nosotros tenemos un sentir humano distinto, diverso de estas cosas, nosotros no decimos que el hombre debe ser un esclavo de la economía, decimos que la economía debe estar al servicio del hombre. Pero es que para nosotros es igual el hombre conservador que liberal que socialista que comunista. Tenemos un sentido diverso de la economía, no la encontramos a través del hombre. No creemos que solamente en uno de sus círculos se ataca a esa grandeza devorante y asoladora.

Que llama demagogia a esto que yo digo, porque no puede directamente negar la verdad y la justicia y que se siente estadista solamente porque carece de vibraciones de corazón y del espíritu, estadista simplemente porque nada aman, estadista simplemente porque les falta el carácter para decir lo que su corazón siente y su mente piensa, estadistas porque les falta el fuego interno para la rebeldía, estadistas porque si están con Laureano Gómez se lo tragan y no son capaces de votar en los senados, estadistas porque se dejan manejar, estadistas porque no tiene la fuerza humana que nosotros tenemos, ¡Pues en buena hora que no nos crean estadistas! porque nosotros queremos ser, cerebros, si, pero cerebros iluminados ardidos por el fuego de nuestro corazón.

Se equivocan si creen que a esta raza colombiana la puedan barrer. Que nos hablen de esto los candidatos de la oligarquia… a los pueblos no se les puede robar el sentido de su nacionalismo en cuanto el nacionalismo no sea agresivo no sea repulsión del elemento extranjero que debe ser fraternalmente acogido entre nosotros en cuanto venga a prestar un beneficio en cuanto no sea agresión al extranjero que afortunadamente nosotros no podemos realizar, pero en cuanto sea estímulo de nuestra propia razón de ser orgullo de nuestra propia raza, veneración a nuestras tumbas porque eso no es lenguaje ni demagógico ni retórico que los hombres que hemos cruzado universidades sabemos: que el hombre es como las plantas que la planta da fruto y flores no por la planta misma sino por el surco y la tierra donde ha prendido y que el hombre y un pueblo no pueden ser grandes y fuertes sino en razón de las tumbas donde tiene el alimento para su futuro.

No nos roban nuestra fisionomía no nos roban nuestro propio aliento de ayer Nuestras madres, y nuestras tumbas de nuestras madres y nuestros abuelos, son el altar donde llegamos a abreevar nuestras energias para el mañana Nos sentimos muy orgullosos de esta vieja raza indígena y odiamos a estas oligarquías que nos ignoran y detestamos a esta gente que odia al pueblo y creen que a la raza colombiana se le pueden volver las espaldas y que el pais político puede jugar con los dados de su actividad sobre la túnica de nuestro patriotismo

Estamos defendiendo cosas como lo veis demasiado grandes y nos hablan de personalismo.. no nos hablen mañana de candidatos a los cuales nos van a inventar sobre el pretexto del pánico liberal nada de pánicos, el pánico se lo dejamos a la gente cobarde que no sabe sentir como nosotros lo que esta raza nuestra sentimos Nada de conspiraciones, nos reímos de las habilidades

Flexible he sido, pero inflexible en la defensa del procedimiento y de la doctrina [Flexible para todo lo que se diga salvar al partido liberal pero no al partido liberal como un desprecio a la voluntad popular sino al partiido liberal como un sentido de transformación ¡que haga la nueva república que Colombia necesita!] La plutocracia conservadora que veia la transformacion de las masas conservadoras hacia esta gran noción de una república nueva Ha querido con su dinero oponerse Y habla de unión nacional.

Qué nos dirán ahora, los que ayer nos trataban de conservadores Qué nos dirtan ahora los que ayer nos ultrajaban y nos ignoraban Qué nos dicen ahora los que están provocando de forma que ellos no pueden seguir utilizando la rabia popular Qué nos pueden decir cuando estamos realizando la batalla de una nueva expresión y de una nueva realidad nacional que tiemblen los vacilantes yo me siento y sé que estoy respaldado pero si no lo estubiera tengo que repetir aqui la frase Mas vale una bandera limpia solitaria sobre una cumbre, que cien banderas tendidas sobre el lodo.

Entonces yo lo único que le pido al pueblo es que él decida pero que decida no solamente en este ambiente y en estas inmensas manifestaciones Que dentro del orden, porque os van a provocar el desorden porque va a haber saboteadores de violencia a los cuales debeis castigar violentamente.

Nada de desordenes fuerza contra el desorden Podeis tener esta seguridad Yo os lo juro por mis mayores y me acuerdo ahora de cosas sagradas que amo desde lo mas intimo de mi ser y que son la razón misma de mi existencia y que ahora se atraviezan en mi como una llama profunda de iluminación yo os lo juro por ellos que no os dejare pero vosotros tneis que jurar conmigo lo mismo.

No estáis en unas elecciones, no gentes de todos los ordenes conservadores y liberales ¡os están engañando las oligarquías! ¡En pie nosotros los oprimidos y engañados de siempre! ¡en pie nosotros los burlados de todas las horas! ¡en pie los nosotros los macerados como yo ! a quien la fortuna y un divino ser del cual ahora me acuerdo me dió las fuerzas para esta batalla ¡en pie vosotros los que sabeis sentir y no tenéis la frialdad dolosa de los académicos en pie vosotros que yo os juro que en el momento de peligro cuando la orden de batalla haya que darla yo no me quedaré en mi biblioteca sabed que el signo de esa batalla será mi presencia en las calles a la cabeza de vosotros.

Yo sé que los engañadores de todas las horas, los que hablan de personalismo toda esta gente fria toda esta gente a la cual le falta el correr tremendo de la vida de la historia y la vida de la pasión ahora se esta riendo de vosotros y de mi y nosotros les vamos a hacer cambiar esa sonrisa por la mueca del amargar de la derrota.

Nosotros hemos leido muchos libros y pasado universidades no asi como asi a la manera de ellos tenemos una estructura mental que ellos no tienen nos hemos quemado demasiado las pestañas, hemos encontrado demasiados obstáculos y de tanto libro, y de tanto maestro, y de tantas cátedras que no las han tenido hemos sacado solo esto hay una brújula que es nuestro corazón hay algo profundo que es la intuición, aquella divina intuición de nuestra madre superiora la sabiduría aquel sentir que solo el pueblo tiene aquella sabiduria que no es esquema geométrico sino turbulencia de la biología. Grito del alma, Fuego de la especie Creación del ritmo que nos dice donde está el mañana y que es lo que debemos abominar del hoy y olvidar del pasado Nosotros lo sabemos con fe heróica Serán engañados si nos atraviesan estos ajedrecistas del cálculo. Candidatos y jugadas y gentes que vienen a convenciones previamente facturadas y preparadas y manzanillos de todo pelambre que vienen a simular una opinión que ellos no tienen gentes que están esperando con el fraude.

Se engañan Yo no sé si también me engañe Pero yo me he recorrido el país esta gente lo niega esta gente llega a farsas como la de Barranquilla donde habia cien mil hombres donde no hay sino solo dos mil conservadores y despues se daban el consuelo de decir que era que los conservadores habian recibido la orden de acudir a mis manifestaciones.

Esta gente se engaña y simula esta gente no cree en el pueblo colombiano y yo creo en el pueblo colombiano Y aquí hay algo distinto de la cosa electorera aqui hay una fuerta colombianista que no quiere dejarse ultrajar en sus antecedentes y en la gloria de sus mayhores, aqui hay una fuerza de futuro donde miran los ojos de liberales y conservadores no hacia un socialismo comunismo pero si hacia una justicia algún alto de justicia.

Yo no creo que seais inferiores y entonces yo digo aqui a vosotros en bogotá a la gente de todo Colombia no hay sino una solución.

A LAS CALLES PERMANENTEMENTE SI ES QUE EN VERDAD TENEIS LA POTENCIA DE LUCHA PARA DAR LA BATALLA.

Aqui no puede haber mas combinaciones aqui no puede haber todo este enjambre de cosa tortuosa Vamos a ver si el pueblo colombiano es digno de esta campaña Yo no le digo que me siga ni digo que quiero ser candidato digo que él lo resuelva y si se sale a las calles y si libra la batalla de ahora hasta el 5 de mayo que lo digan en las calles que lo digan en las veredas que lo digan en los pueblos que lo digan en las capitales de departamentos que lo diga la voz clamorosa de vosotros en bogotá ni un momento de quebranto ante la jugada de los anedrines la voz clamorosa de las masas en en las plazas y las calles.

Ahora sí para terminar

PUEBLO POR LA RESTAURACIÓN MORAL ¡A LA CARGA! PUEBLO POR VUESTRA VICTORIA ¡A LA CARGA! PUEBLO POR LA DERROTA DE LA OLIGARQUIA ¡A LA CARGA! PUEBLO POR VUESTRA VICTORIA



Discurso García Márquez Premio Nobel 1982

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Gabriel García Márquez

"La Soledad de América Latina"

Discurso de aceptación del Premio Nobel en 1982

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"Frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida"

"Antonio Pigafetta, un navegante florentino que acompañó a Magallanes en el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra América meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho, y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Contó que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia imagen.

Este libro breve y fascinante, en el cual ya se vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de hoy, no es ni mucho menos el testimonios más asombroso de nuestra realidad de aquellos tiempos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros incontables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codiciado, figuró en mapas numerosos durante largos años, cambiando de lugar y de forma según la fantasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de Vaca exploró durante ocho años el norte de México, en una expedición venática cuyos miembros se comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los 600 que la emprendieron. Uno de los tantos misterios que nunca fueron descifrados, es el de las once mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una, que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena de Indias unas gallinas criadas en tierras de aluvión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en el siglo pasado la misión alemana de estudiar la construcción de un ferrocarril interoceánico en el istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era viable con la condición de que los rieles no se hicieran de hierro, que era un metal escaso en la región, sino que se hicieran de oro.

La independencia del dominio español no nos puso a salvo de la demencia. El general Antonio López de Santana, que fue tres veces dictador de México, hizo enterrar con funerales magníficos la pierna derecha que había perdido en la llamada Guerra de los Pasteles. El general García Moreno gobernó al Ecuador durante 16 años como un monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su uniforme de gala y su coraza de condecoraciones sentado en la silla presidencial. El general Maximiliano Hernández Martínez, el déspota teósofo de El Salvador que hizo exterminar en una matanza bárbara a 30 mil campesinos, había inventado un péndulo para averiguar si los alimentos estaban envenenados, e hizo cubrir con papel rojo el alumbrado público para combatir una epidemia de escarlatina. El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas.

Hace once años, uno de los poetas insignes de nuestro tiempo, el chileno Pablo Neruda, iluminó este ámbito con su palabra. En las buenas conciencias de Europa, y a veces también en las malas, han irrumpido desde entonces con más ímpetus que nunca las noticias fantasmales de la América Latina, esa patria inmensa de hombres alucinados y mujeres históricas, cuya terquedad sin fin se confunde con la leyenda. No hemos tenido un instante de sosiego. Un presidente prometeico atrincherado en su palacio en llamas murió peleando solo contra todo un ejército, y dos desastres aéreos sospechosos y nunca esclarecidos segaron la vida de otro de corazón generoso, y la de un militar demócrata que había restaurado la dignidad de su pueblo. En este lapso ha habido 5 guerras y 17 golpes de estado, y surgió un dictador luciferino que en el nombre de Dios lleva a cabo el primer etnocidio de América Latina en nuestro tiempo. Mientras tanto 20 millones de niños latinoamericanos morían antes de cumplir dos años, que son más de cuantos han nacido en Europa occidental desde 1970. Los desaparecidos por motivos de la represión son casi los 120 mil, que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala. Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares. Por no querer que las cosas siguieran así han muerto cerca de 200 mil mujeres y hombres en todo el continente, y más de 100 mil perecieron en tres pequeños y voluntariosos países de la América Central, Nicaragua, El Salvador y Guatemala. Si esto fuera en los Estados Unidos, la cifra proporcional sería de un millón 600 mil muertes violentas en cuatro años.

De Chile, país de tradiciones hospitalarias, ha huido un millón de personas: el 10 por ciento de su población. El Uruguay, una nación minúscula de dos y medio millones de habitantes que se consideraba como el país más civilizado del continente, ha perdido en el destierro a uno de cada cinco ciudadanos. La guerra civil en El Salvador ha causado desde 1979 casi un refugiado cada 20 minutos. El país que se pudiera hacer con todos los exiliados y emigrados forzosos de América latina, tendría una población más numerosa que Noruega.

Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de la Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual éste colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad.

Pues si estas dificultades nos entorpecen a nosotros, que somos de su esencia, no es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios. Tal vez la Europa venerable sería más comprensiva si tratara de vernos en su propio pasado. Si recordara que Londres necesitó 300 años para construir su primera muralla y otros 300 para tener un obispo, que Roma se debatió en las tinieblas de incertidumbre durante 20 siglos antes de que un rey etrusco la implantara en la historia, y que aún en el siglo XVI los pacíficos suizos de hoy, que nos deleitan con sus quesos mansos y sus relojes impávidos, ensangrentaron a Europa con soldados de fortuna. Aún en el apogeo del Renacimiento, 12 mil lansquenetes a sueldo de los ejércitos imperiales saquearon y devastaron a Roma, y pasaron a cuchillo a ocho mil de sus habitantes.

No pretendo encarnar las ilusiones de Tonio Kröger, cuyos sueños de unión entre un norte casto y un sur apasionado exaltaba Thomas Mann hace 53 años en este lugar. Pero creo que los europeos de espíritu clarificador, los que luchan también aquí por una patria grande más humana y más justa, podrían ayudarnos mejor si revisaran a fondo su manera de vernos. La solidaridad con nuestros sueños no nos haría sentir menos solos, mientras no se concrete con actos de respaldo legítimo a los pueblos que asuman la ilusión de tener una vida propia en el reparto del mundo.

América Latina no quiere ni tiene por qué ser un alfil sin albedrío, ni tiene nada de quimérico que sus designios de independencia y originalidad se conviertan en una aspiración occidental.

No obstante, los progresos de la navegación que han reducido tantas distancias entre nuestras Américas y Europa, parecen haber aumentado en cambio nuestra distancia cultural. ¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes? No: la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento, y no una confabulación urdida a 3 mil leguas de nuestra casa. Pero muchos dirigentes y pensadores europeos lo han creído, con el infantilismo de los abuelos que olvidaron las locuras fructíferas de su juventud, como si no fuera posible otro destino que vivir a merced de los dos grandes dueños del mundo. Este es, amigos, el tamaño de nuestra soledad.

Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre éstos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faullkner dijo en este lugar: "Me niego a admitir el fin del hombre". No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Agradezco a la Academia de Letras de Suecia el que me haya distinguido con un premio que me coloca junto a muchos de quienes orientaron y enriquecieron mis años de lector y de cotidiano celebrante de ese delirio sin apelación que es el oficio de escribir. Sus nombres y sus obras se me presentan hoy como sombras tutelares, pero también como el compromiso, a menudo agobiante, que se adquiere con este honor. Un duro honor que en ellos me pareció de simple justicia, pero que en mí entiendo como una más de esas lecciones con las que suele sorprendernos el destino, y que hacen más evidente nuestra condición de juguetes de un azar indescifrable, cuya única y desoladora recompensa, suelen ser, la mayoría de las veces, la incomprensión y el olvido.

Es por ello apenas natural que me interrogara, allá en ese trasfondo secreto en donde solemos trasegar con las verdades más esenciales que conforman nuestra identidad, cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía. A la poesía por cuya virtud el inventario abrumador de las naves que numeró en su Iliada el viejo Homero está visitado por un viento que las empuja a navegar con su presteza intemporal y alucinada. La poesía que sostiene, en el delgado andamiaje de los tercetos del Dante, toda la fábrica densa y colosal de la Edad Media. La poesía que con tan milagrosa totalidad rescata a nuestra América en las Alturas de Machu Pichu de Pablo Neruda el grande, el más grande, y donde destilan su tristeza milenaria nuestros mejores sueños sin salida. La poesía, en fin, esa energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes en los espejos.

En cada línea que escribo trato siempre, con mayor o menor fortuna, de invocar los espíritus esquivos de la poesía, y trato de dejar en cada palabra el testimonio de mi devoción por sus virtudes de adivinación, y por su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte. El premio que acabo de recibir lo entiendo, con toda humildad, como la consoladora revelación de que mi intento no ha sido en vano. Es por eso que invito a todos ustedes a brindar por lo que un gran poeta de nuestras Américas, Luis Cardoza y Aragón, ha definido como la única prueba concreta de la existencia del hombre: la poesía. Muchas gracias."