"Mártires de Chicago" - Adolf Fisher

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Adolf Fisher
 "Los Mártires de Chicago"
 Discurso pronunciado antes de ser ejecutado en la horca, 1886. En su memoria  y en la de sus compañeros se celebra el 1 de Mayo, Día Internacional del Trabajador.

Enlaces: Mártires de Chicago | Sindicalismo | Adolf Fisher

"Solamente protesto contra la pena de muerte que me imponéis, porque no he cometido crimen alguno. He sido tratado como asesino y sólo se ha probado que soy anarquista. Pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad humana, entonces no tengo nada que objetar: disponed de mi vida..."


"No hablaré mucho; solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponéis, porque no he cometido crimen ninguno. He sido tratado aquí como asesino y sólo se me ha probado que soy anarquista. Pero si yo he de ser ahorcado por profesar mis ideas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo nada que objetar. Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la redención de la especie humana, entonces yo lo digo muy alto: disponed de mi vida.

Aunque soy uno de los que prepararon el mitin de Haymarket, nada tengo que ver con el asunto de la bomba. Yo no niego que he concurrido a tal mitin, pero tal mitin... (Se le acerca, entonces, el defensor, Mr. Solomon, aconsejándole que no continúe en tal tono, que no es conveniente, etcétera.) ... Sois muy bondadoso, Mr. Solomon. Sé muy bien lo que estoy diciendo: Ahora bien, el mitin de Haymarket no fue convocado para cometer ningún crimen; fue, por el contrario, convocado para protestar contra los atropellos y asesinatos de la Policía en la fábrica McCormik.

Pocas horas antes del mitin en Haymarket habíamos tenido una reunión para tomar la iniciativa y convocar a esa manifestación popular. Se me comisionó para que me hiciera cargo de buscar oradores y redactar los volantes. Cumplí este encargo invitando a Spies a que hablara en el mitin y mandando a imprimir veinticinco mil volantes. En el original aparecían las palabras "¡Trabajadores, acudid armados!": Yo tenía mis motivos para escribirlas, porque no quería que, como en otras ocasiones, los trabajadores fueran ametrallados impunemente, indefensos. Cuando Spies vio dicho original, se negó a tomar parte en el mitin si no se suprimían aquellas palabras. Yo accedí a sus deseos, y Spies habló en Haymarket. Esto es todo lo que tengo que ver en el asunto del mitin...

Yo no he cometido en mi vida ningún crimen. Pero aquí hay un individuo que está en camino de llegar a ser un criminal y un asesino, y ese individuo es Mr. Grinnell, que ha comprado testigos falsos a fin de poder sentenciarnos a muerte. Yo le denuncio aquí públicamente. Si creéis que con este bárbaro veredicto aniquiláis nuestras ideas, estáis en un error, porque éstas son inmortales. Este veredicto es un golpe de muerte dado a la libertad de imprenta, a la libertad de pensamiento, a la libertad de palabra, en este país. El pueblo tomará nota de ello. Es cuanto tengo que decir. "


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"El Sufragio Universal" - León Gambetta

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León Gambetta
 "El Sufragio Universal"
 Discurso pronunciado por León Gambeta en 1870.

Enlaces: Democracia | León Gambetta

"Ahora sabemos lo que es el sufragio universal; el sufragio somos nosotros mismos. Sabemos que no puede tener dere­chos, intereses, aspiraciones, pasiones, cóleras o entusiasmos que no se confundan con nuestros propios derechos e intereses, con nuestras pasiones y deseos; porque nosotros somos el pue­blo y el sufragio universal es la soberanía del pueblo..."


"Mis queridos contemporáneos:

Hoy tengo necesidad de pediros toda vuestra indulgencia y atención. En el estado de fatiga en que hoy me veo, no podría dominar el tumulto. Quiero, ante todo, responder a las palabras con que acabo de ser saludado. Esas palabras han llevado a mi alma una emoción tal, que apenas podré manifestaros como quisiera, de manera vibrante y sentida, la gran alegría, exenta de vanidad y orgullo, que yo experimento viéndome rodeado de la generación estudiosa que ha tenido la gentileza de procla­mar que yo soy y habré de seguir siendo su verbo y órgano de acción. (Aplausos.)

Si me fuera dado ser un hombre ambicioso, sería mi ambi­ción mayor la de resumir y expresar con fidelidad perfecta las obligaciones de una conciencia que ha tomado posesión de sí misma y desea interpretar vuestras aspiraciones, vuestros dere­chos y la voluntad de proseguir infatigablemente la realización definitiva de la libertad en su forma republicana. (Bravos.) No seré yo, señores, quien maldiga nunca la memoria de nuestros gloriosos antecesores. No seré yo quien, culpable de impiedad filial, ose acusar, no ya sus desfallecimientos, sino aun siquiera sus más ligeros extravíos. ¡No! ¡No! Ese pasado es cosa sagrada. Su heroísmo es lo que nos ha permitido alcanzar la tie­rra prometida de la libertad por la ciencia.

Porque confío que no encontraré aquí contradictores si digo que al lado de aspiraciones, ideales y sentimientos tenemos también en nuestro activo la demostración racional de lo que defendemos: la posesión de la verdad. (Vivos aplausos.)

Muchos ciertamente –yo soy uno más– son republicanos por tradición, por familia y hasta por raza. Es un título de nobleza. (Si, sí; aplausos.) Pero el sentimiento carece por sí solo de fuerza suficiente sobre los demás hombres para conquistar su adhe­sión, para reducirlos a silencio, para imponerles nuestra misma fe. Si queremos atraer a los demás, es preciso algo más que la expresión de nuestras naturales aspiraciones; y será necesario que figure a nuestro lado esta luminosa y decisiva fuerza que se llama la evidencia. Pues bien: yo tengo una convicción que se puede oponer a todas las seducciones, a todas las injurias, al reto de todos los partidos..., y es que solamente nosotros, en medio de la confusión de los partidos rivales, solamente nosotros tenemos razón frente a todos... (Bravos prolongados.)

Tener razón, señores, tener razón es dejar de ser un partido: es tomar dentro de la humanidad este puesto eminente e inata­cable: el puesto de la nación. No es jactancia el poder decir a la nación: ¡Tú me perteneces! Me perteneces, porque yo puedo conseguir tu emancipación moral y asegurarla sobre bases de justicia, de un orden verdadero y de un general bienestar... (Estruendosos aplausos.)

Yo afirmo, señores, que los tiempos heroicos del partido republicano se han cerrado ya. Pero entendedlo bien: si en una hora de vértigo, de provocación, de menosprecio a los princi­pios del derecho eterno, por segunda vez osara un hombre lan­zarse a las aventuras de la violencia, entonces nadie nos negará que se puede oponer la fuerza de la nación a la fuerza de los usurpadores... (Salvas reiteradas de aplausos.)

Pero, amigos míos, este supremo recurso no debe ser sino la revancha suprema del derecho amenazado. Hasta ese instante, mientras el campo permanezca abierto a la discusión, a la con­troversia, al proselitismo, a la propaganda; en tanto que pueda el hombre dialogar con el hombre, y el ciudadano con el ciuda­dano; mientras las almas, mientras los espíritus puedan enten­derse y penetrarse; mientras no ponga su torpe mano la policía en la boca de los ciudadanos libres; hasta entonces preciso es proclamar a voz en grito que menospreciamos la fuerza nuestra lo mismo que nos repugna la fuerza de los dictadores. (Estruendosos aplausos.)

Hasta entonces nuestra consigna se reduce a esto: el trabajo. Al decir trabajo me sirvo de la palabra en su acepción más com­pleja, a fin de que cualquiera de los reunidos en este recinto, sea cual fuere la clase social a que pertenece, sepa bien que todo trabajo, el trabajo de toda índole, es para mí un objeto de igual veneración.

Y puesto que nos hemos reunido, nosotros, la generación que bajo pena de deshonor, asume la carga de no dejar que llegue el centenario de 1789 sin haber hecho algo para el adveni­miento de la justicia social... (Aplausos); si, como creo, esta ge­neración está realmente señalada por el destino para completar, en la paz civil, la obra de la Revolución Francesa... (Aplausos), si tal es su misión, preciso es cumplirla honrosamente, disponién­dose a vencer toda resistencia.

Nuestra generación penetra en la vida bajo los signos precur­sores de su grandeza moral, cuando la leyenda del despotismo que había gangrenado a dos generaciones anteriores, se disipó al contacto de la crítica y de la investigación histórica. Sí, seño­res: la generación que nos ha precedido, la que no viera en el 18 de Brumario sino una especie de sindicato protector de la segu­ridad pública contra yo no sé qué aventura y qué conspiración del Directorio..., esa generación tenida en tutela, educada a toque de tambor en el catecismo imperial, corrompida por la co­dicia y excitación de los apetitos materiales..., esa generación había hecho una leyenda que le permitió adorar sus propios vi­cios en la persona imperial... (Aplausos.)

Así fue inculcando esa generación en las venas de Francia un virus de corrupción y de muerte, que pudiéramos llamar «el cul­to a Napoleón I». (Aplausos.)

He ahí el origen de todos nuestros males... (Nuevos aplausos.)

Gracias a un deslumbramiento ficticio, a esta especie de coo­peración fraudulenta entre todos los vencidos desde 1814 a 1848, hubimos de asistir al más odioso contubernio, a una firme alianza entre los que se presentaban como herederos de la Revolución Francesa y los que se arrogaban el papel de guardia­nes de una tradición simbolizada por quien se glorió de ser un Robespierre a caballo, y no era en realidad sino la parodia san­grienta y siniestra del cesarismo bizantino. (Bravos prolongados.)

Esta vil alianza engendró una verdadera depravación del sentido político nacional: los obreros, los campesinos, burgue­ses tenidos poco antes por belicosos, entregáronse, cual plañide­ras, a lamentar y llorar la triste suerte del «mártir de Santa Elena». (Risas.)

¡Ah!, señores, cuánto bien me hacen vuestras risas, que son una prueba más de los beneficios traídos por la crítica reducien­do a nada el Memorial de Santa Elena y esas «amargas afliccio­nes» del cautivo... «que merecía mejor suerte...». (Aplausos.)

No fue tan sólo el pueblo quien así pudo ser engañado y desviado. Fueron también los hombres pertenecientes a las más altas clases, quienes tal vez por haber tenido sus representantes en las viejas antecámaras —chambelanes por acá, domésticos por allá— sentían la necesidad de excusar su servilismo decorándolo con un pomposo nombre. También ellos cultivaron la leyenda imperial. Pero hay algo más: después de la Revolución de julio viose a un gobierno entero vanagloriarse ante toda Europa de esta especie de epopeya militar, atribuyéndose las glorias de las victorias imperiales. Obedientes a estas consignas, dicho gobier­no iba dando dinero, favores y puestos eminentes a cuantos ostentaban un apellido sonoro, hasta que un buen día ocurrió que al pie de la columna que ha llegado a ser imagen de crueles ex­piaciones, un hombre, un rey desenvainaba su sable de guardia nacional, gritando ante un pueblo enloquecido y ebrio de recuerdos: ¡Viva el emperador! Y si el emperador hubiera podido salir de su tumba y entrar en París, ciertamente que, según ha dicho Littré, hubiera dormido en las Tullerías esa misma noche. (Risas y aplausos.)

Ésa es la estampa donde a lo vivo se nos retrata la creación, la construcción, el uso hecho de la leyenda imperial. Y ahora, juzgando de las cosas con espíritu crítico, podréis explicaros có­mo en una crisis de abandono, bajo el fuego de los cañones, ba­jo la presión de la policía y la ofensiva de abominables calum­nias, pudo aplicar todo un pueblo la leyenda que se le había enseñado. (Aplausos.)

Por fortuna, esta leyenda ha sido destruida gracias a los tra­bajos de historiadores concienzudos y de implacables eruditos. Descubierta día por día la verdad histórica, ya nadie ignora su fallo. En lo sucesivo, se puede aplicar a este hombre lo que dijo de un rey el abate Gregoire: «Es un monstruo en lo moral, como los monstruos lo son en el mundo físico».

Ésta es la primera fábula que se ha desvanecido para nuestra generación...

Pero hay otra conquista, otra victoria que figura en el activo de nuestra generación: esa victoria magnífica es la comprensión, el conocimiento mayor cada día que tenemos de la democracia francesa y de las fuerzas que laten en su íntima constitución.

Hace treinta y cinco años la palabra «democracia» era casi desconocida. Aplicábase a los nuevos estados republicanos constituidos más allá del Atlántico, en América. Entre nosotros se consideraba una excentricidad el pretender que un país se gobernase por sí mismo. Y a excepción de algunos pensadores y publicistas esclarecidos, ésa era la opinión general. Todos recordaréis con qué desdén, con qué insolente menosprecio eran tratados aquellos insignes precursores que desde 1830 a 1848 reclamaban el advenimiento de la democracia y anunciaron el fu­turo gobierno del pueblo por el pueblo.

Ya nuestra mentalidad general ha cambiado, gracias a una revolución que me parece admirable, no sólo por los hombres que la dirigieron, sino porque habiendo brotado de las entrañas del pueblo, se hizo contra todo el mundo, sin la participación de esos conductores profesionales que regulan por anticipado las ceremonias revolucionarias.

Entonces hubimos de presenciar algo así como una explo­sión volcánica, espontánea, de la conciencia francesa, y quedó constituida, de la noche al día, la nueva base del edificio políti­co y social de Francia. El país que hasta entonces había estado en manos de una sola clase, pasó a las manos de todos, con per­fecta igualdad entre los diversos estamentos sociales.

Si aun partiendo de tales premisas se ha malogrado este glo­rioso movimiento, preciso es averiguar quién es el culpable, y si la responsabilidad se debe a las habilidades de nuestros adversa­rios o a nuestras culpas personales, estudiando de cerca si fui­mos o no lo bastante decididos; si hemos pecado por excesivamente desdeñosos con intereses dignos de consideración; si no tuvimos el acierto de aportar al nuevo régimen este amor, esta voluntad de bien obrar, esta abnegación republicana y democrá­tica sin la cual nunca se funda nada vigoroso y duradero en el orden social. (Aplausos.)

Nuestra República hubo de perecer bajo la conjuración de dos fuerzas. Una, el compromiso azaroso e inmoral que se mantuvo durante cuarenta y cinco años, a base de una falsa idea inoculada en la conciencia francesa. Otra, los odios, las calum­nias de que se alimentaron los partidarios del orden caído: cam­paña sostenida con una tenacidad abominable contra esos hombres y contra las nuevas instituciones.

Y ¿por qué triunfaron estas dos fuerzas? Pues porque los adalides de la reacción supieron comprender desde el primer momento el valor extraordinario del sufragio universal. Se diri­gieron a él para perturbarlo sistemáticamente; les complacía sembrar temores y alarmas; inquietaron al campesino haciéndo­le ver el incierto porvenir de sus tierras; han llevado gérmenes de anarquía incluso a los hogares, obrando en todo con perfidia sólo comparable a la perseverancia con que desprestigiaban a la República y destilando mil venenos sobre la conciencia del país.

(Bravos.)

Nuestros amigos no han tenido el arte de oponer a esta tác­tica otra táctica análoga, eficaz, alentadora, en defensa de la República.

Contaban con manipular a su gusto el sufragio universal, pero ni lo comprendían, ni tuvieron fe en él, y así ocurrió lo que ocurre siempre: que el sufragio universal desconfió de los que no tenían confianza en sus virtudes. Pues «el mejor hechizo para ser amado es amar». (Aplausos.)

Ahora sabemos lo que es el sufragio universal; sabemos que el sufragio somos nosotros mismos; que no puede tener dere­chos, intereses, aspiraciones, pasiones, cóleras o entusiasmos que no se confundan con nuestros propios derechos e intereses, con nuestras pasiones y deseos; porque nosotros somos el pue­blo y el sufragio universal es la soberanía del pueblo. (Aplausos.)

Preciso es, por lo tanto, dirigirse al sufragio, guiarlo, esclare­cerlo, y que cada uno de nosotros, en la medida de sus fuerzas, se consagre al apostolado incesante del sufragio universal, de un sufragio incorruptible y fiel.

Esta misión corresponde sobre todo a la generación nueva, en cuyas manos están las palancas de la educación y de la ins­trucción civil... Hemos contraído ante nosotros mismos y con la nación el sagrado compromiso de consagrarnos a la emancipa­ción de los que no gozan iguales beneficios de la fortuna, de trabajar incesantemente para extender la cultura y el bienestar. Lo que me trae a la política, lo que os arrastra también a voso­tros es un afán de orden y estabilidad, columnas invisibles del progreso y de la forma republicana, que se asienta en la conciencia del país, en el respeto de los gobiernos todos a la soberanía nacional... (Ovación) "

"Laicidad en Francia" - Jacques Chirac

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Jacques Chirac
 "El Principio de Laicidad en Francia"
 Discurso del presidente de la República Francesa en 2003.

Enlaces: Religión | Jacques Chirac

"La laicicidad es un pilar básico de nuestra Constitución. Expresa nuestra voluntad para vivir juntos en el respeto , el diálogo y la tolerancia. Garantiza la libertad de conciencia, de creer o de no creer. Asegura la posibilidad de expresar y practicar la fe, tranquilamente, libremente, sin la amenaza de verse dominado por otras convicciones u otras creencias..."

"El debate sobre el principio de laicicidad resuena en lo más profundo de nuestras conciencias. Nos lleva a nuestra cohesión nacional, a nuestra aptitud para vivir juntos, a nuestra capacidad para reunirnos sobre lo esencial. La laicicidad está inscrita en nuestras tradiciones. Está en el corazón de nuestra identidad republicana. No se trata hoy, de refundarla ni de modificar sus fronteras. Se trata de hacerla vivir siendo fieles a los equilibrios que hemos sabido inventar y a los valores de la República.

Ya son más de doscientos años que se construyó la República y que se renueva, fundándose sobre la libertad, garantía primordial de la ley, sobre los intereses particulares, sobre la igualdad de las mujeres y de los hombres, sobre la igualdad de las oportunidades y de los deberes, sobre la fraternidad entre todos los franceses, cualesquiera que sea su condición o su origen.

En nuestra República, cada uno es respetado en sus diferencias porque cada uno respeta la ley común. En todo el mundo, Francia es reconocida como la patria de los derechos del hombre.

Pero el mundo cambia, las fronteras disminuyen, los intercambios se multiplican. Al mismo tiempo las reivindicaciones de identidad o comunitarias se afirman o se exacerban, con riesgo, seguido algunas veces de repliegues sobre sí mismo, de egoísmo y a veces de intolerancia.

¿Cómo la sociedad francesa sabrá responder a estas evoluciones?

Nosotros llegaremos escogiendo la sabiduría de los franceses de todos los orígenes y de todas las convicciones. Nosotros llegaremos, como en los momentos importantes de nuestra historia, buscando en la fidelidad de nuestros valores y de nuestros principios, la fuerza de un nuevo impulso.

Impulso de las conciencias, para volver a descubrir con fiereza la originalidad y la grandeza de nuestra cultura y de nuestro modelo francés. Impulso de acción para inscribir en nuestro pacto republicano la igualdad de oportunidades y los derechos de integración de todos en el respeto de las diferencias. Impulso colectivo para que juntos, fuertes de esta diversidad que hace nuestra riqueza, llevemos nuestra voluntad a nuestro compromiso, nuestro deseo de vivir juntos hacia un porvenir de confianza, de justicia y de progreso.

Es en la fidelidad al principio de laicicidad, piedra angular de la República, haz de nuestros valores comunes de respeto, de tolerancia, de diálogo, que yo llamo a reunirse, a todas las francesas y todos los franceses.

Nuestro pueblo, nuestra Nación, nuestra República están unidos por valores comunes. Estos valores no se han impuesto cómodamente. Algunas veces, han dividido a los franceses antes de contribuir a reunirlos. Se han forjado dentro de pruebas dolorosas de estas luchas que han atravesado nuestra historia y que han marcado nuestra memoria.

Desde los orígenes de la monarquía hasta las tragedias del siglo pasado, la larga marcha hacia la unidad ha diseñado nuestro territorio y ha forjado nuestro Estado. Del Edicto de Nantes hasta las leves de separación de las iglesias y el Estado, la libertad religiosa y la tolerancia se han abierto un camino a través de las guerras de religión y de las persecuciones. Los derechos del hombre y del ciudadano se han conquistado, consolidado y profundizado progresivamente, desde la Declaración de 1789 hasta el Preámbulo de 1946. Ellos lo han sido por la consagración del sufragio universal y el derecho de voto de las mujeres, la libertad de prensa, la libertad de asociación y seguramente el combate para hacer reconocer la inocencia del capitán Dreyfus.

De la abolición de los privilegios, la noche del 4 de agosto, a la abolición de la esclavitud el 27 de abril de 1848, la República ha proclamado con fuerza su fe en la igualdad y ha batallado sin fatiga por la justicia social; con estas conquistas históricas, que son la educación gratuita y obligatoria, el derecho a la huelga, la libertad sindical, la seguridad social, ha sabido dar la mano, hacer vivir la igualdad de oportunidades, reconocer el mérito y permitir así la promoción de las mujeres y de los hombres originarios de los ambientes más modestos hasta las más alias funciones. Hoy, nosotros continuamos avanzando con resolución para consolidar los derechos de las mujeres.

Estos valores fundan la singularidad de nuestra nación . Estos valores llevan nuestra voz en lo alto y lejos en el mundo. Estos valores son los que hacen a Francia.

Tierra de ideas y de principios, Francia es una tierra abierta, acogedora y generosa. Unida en torno de una herencia singular que hace su fuerza y su orgullo, el pueblo francés es rico en su diversidad. Una diversidad asumida que está en el corazón de nuestra identidad.

Diversidad de creencias, en esta antigua tierra de cristiandad, en donde también se arraigó una tradición judía que se remonta a cerca de dos mil años. Tierra del catolicismo que ha sabido sobrepasar los desgarramientos de las guerras de religión y reconocer finalmente el lugar de los protestantes en la víspera de la Revolución. En fin, tierra de apertura para los franceses de tradición musulmana que forman parte integrante de nuestra Nación.

Diversidad de regiones que progresivamente han diseñado la imagen de nuestro país, desde Isla de Francia, hasta los Ducados de Bretaña, de Aquitania, de Borgoña, de Alsacia y de Lorena, hasta el condado de Niza , al Caribe , el Océano Índico o al Pacífico Sur.

Y seguramente, la diversidad de estas mujeres y de estos hombres que, de generación en generación, han venido sumándose a la comunidad nacional y para quien Francia ha sido. antes que todo, un ideal y luego una patria.

Emigrantes italianos, llegados masivamente con la primera revolución industrial, para aportar a nuestro país su talento y su energía; españoles arrojados por las terribles desgarraduras de los años treinta y venidos a encontrar un refugio en Francia; portugueses llegados en los años sesenta, llenos de ardor y de valor. Pero también polacos, armenios, asiáticos, residentes del Magreb y de Africa negra que han venido con toda su fuerza a contribuir al crecimiento de los "Treinta Gloriosas "~ antes de hacer raíces en nuestro suelo. Todos han contribuido a forjar nuestro país, a hacerlo más fuerte, más prospero, a engrandecer su esplendor en Europa y en el mundo.

Nuestra bandera, nuestra lengua, nuestra historia, todo nos habla de los valores de tolerancia y de respeto del otro, y de sus combates, de esa diversidad que hacen la grandeza de Francia. Esta Francia, es la que lucha por la paz, por la justicia , por los derechos del hombre, estamos orgullosos de ella. Nosotros debemos defenderla. Más que cuestionarla, cada uno debe medir lo que ella le aporta, le da y preguntarse lo que cada quién puede hacer por ella.

Para que Francia sea ella misma es que hoy nosotros debemos contestar las preguntas y desenmarañar las tensiones por las que atraviesa nuestra sociedad.

Cada uno conoce estos factores de tensión

Aunque portadora de nuevas oportunidades, la mundalización inquieta, desestabiliza a los individuos y, a veces, los empuja a replegarse.

En el momento en que se hunden las grandes ideologías, el oscurantismo y el fanatismo ganan terreno en el mundo.

Se hace alusión al periodo 1945 — 1973. Nota del traductor.

Entre la Nación francesa y esta Europa de ciudadanos que nosotros desearnos, cada uno de nosotros debe redefinir sus referencias.

Al mismo tiempo la persistencia y el crecimiento de la desigualdad social ha abierto una zanja que se profundiza entre los barrios con problemas y el resto del país, hace mentir el principio de igualdad de oportunidades y amenaza desgarrar nuestro pacto republicano.

Una cosa es segura: la respuesta a estas interrogaciones no está en el mezquino repliegue sobre sí mismo o en el comunitarismo. Está, al contrario, en la afirmación de nuestro deseo de vivir juntos en la consolidación del esfuerzo común, en la fidelidad de nuestra historia y de nuestros valores.

Frente a las incertidumbres del tiempo y del mundo, frente al sentimiento de impotencia, cada uno busca referencias más personales, más inmediatas: la familia, la solidaridad del prójimo, el compromiso asociativo. Esta aspiración es natural. Es una ventaja . Ella atestigua de la capacidad de los franceses para movilizarse, reaccionar y a dar libre curso a su energía y a sus iniciativas.

Por tanto, este movimiento debe encontrar sus límites en el respeto de los valores comunes. El peligro es la liberación de fuerzas centrífugas, la exaltación de los particularismos que dividen. El peligro es el de querer hacer prevalecer las leyes particulares sobre la ley común. El peligro es la división, es la discriminación, es la confrontación.

Veamos lo que pasa en otra parte. Las sociedades estructuradas en torno a comunidades se encuentran muchas veces expuestas a injusticias inaceptables.

El comunitarismo no puede ser la alternativa de Francia. Sería contrario a nuestra historia, a nuestras tradiciones, a nuestra cultura. Sería contrario a nuestros principios humanistas, a nuestra fe en la promoción social por la fuerza del talento y del mérito, a nuestra adhesión a los valores de igualdad y de fraternidad entre todos los franceses.

Es por esto que yo rechazo comprometer a Francia en esta dirección. Ella sacrificaría ahí su herencia. Ella comprometería ahí su futuro. Ella perdería ahí su alma.

Es por esto también que nosotros tenemos la obligación ardiente de reaccionar. No es en la parálisis ni en la nostalgia, que nosotros encontraremos una nueva comunidad de destino. Es en la lucidez, en la imaginación y en la fidelidad a lo que nosotros pertenecemos .

Francia ha sabido llevar este año, en todos los géneros de tensiones y de crisis, su palabra de paz y de tolerancia para exhortar a los pueblos que se destruyen, a respetarse .

¡En el interior de nuestras fronteras, en el corazón de nuestra sociedad, sepamos vivir juntos, llevando la misma exigencia, la misma ambición de respeto y de justicia.!

La igualdad de oportunidades ha sido siempre el combate de la República. La línea del frente de este combate pasa, de hoy en adelante, en los barrios marginados. ¿Cómo pedir a sus habitantes identificarse con la Nación y con sus valores cuando viven en los guetos del urbanismo inhumano en donde la negación al derecho y la ley del más fuerte pretenden imponerse?

Con el refuerzo de la seguridad, con el programa de renovación urbana para destruir Ios enclaves de las zonas francas destinadas a promover el empleo y la actividad de las ciudades, nosotros frenamos la fatalidad y volvemos a encontrar la esperanza. Es para el Gobierno y para mí mismo, un reto y una exigencia mayor .

Hacer vivir la igualdad de oportunidades, es volver a dar toda la fuerza a nuestra tradición de integración apoyándose en los éxitos ya adquiridos, pero también rechazando lo inaceptable.

Muchos jóvenes provenientes de la inmigración, de quienes el francés es la lengua materna y que son, la mayor parte del tiempo, de nacionalidad francesa, tienen éxito y se sienten satisfechos en una sociedad que es la suya. Ellos deben ser reconocidos por lo que son, por su capacidad, por su trayectoria, por su mérito: ellos quieren expresar sus éxitos su sed de reacción, su inserción, su completa pertenencia a la comunidad nacional .

Estos resultados , hay que prepararlos con los extranjeros que se incorporan legalmente, pidiéndoles adherirse a nuestros valores y a nuestras leyes. Es el objeto del contrato de hospitalidad y de integración ajustado, a mi petición, por el Gobierno y que les es propuesto individualmente. Este les da acceso a cursos de francés, a una formación a la ciudadanía francesa y a un seguimiento social, a cambio de su compromiso para respetar escrupulosamente las leyes de la República.

Estos éxitos, hay que hacerlos posibles rompiendo el muro del silencio y de la indiferencia que rodea hoy la realidad de las discriminaciones. Yo conozco el sentimiento de incomprensión, de desamparo y también de revuelta de estos jóvenes franceses provenientes de la emigración, cuyas demandas de empleo van al cesto de la basura en razón de la consonancia de su apellido y que muy seguido deben enfrentarse a las discriminaciones para tener acceso a una vivienda o simplemente para acceder a un lugar de diversión.

Es necesario tomar conciencia y actuar enérgicamente . Esto será la misión de la autoridad encargada de luchar contra todas las formas de discriminación; ésta será instalada al inicio del año próximo.

Todos Ios hijos de Francia, cualquiera que sea su historia, cualquiera que sea su origen, cualquiera que sean sus creencias , son hijas e hijos de la República . Ellos deben ser reconocidos como tales, en el derecho pero sobre todo en los hechos. Es cuidando el respeto de esta exigencia, es por la reafirmación de nuestra política de integración, es por nuestra capacidad para hacer vivir la igualdad de oportunidades que nosotros volveremos a dar vitalidad a nuestra cohesión nacional.

Nosotros lo haremos también haciendo vivir el principio de laicicidad que es un pilar de nuestra Constitución. Expresa nuestra voluntad para vivir juntos en el respeto , el diálogo y la tolerancia.

La laicicidad garantiza la libertad de conciencia. Protege la libertad de creer o de no creer. Asegura a cada uno la posibilidad para expresar y para practicar su fe, tranquilamente, libremente, sin la amenaza de verse dominado por otras convicciones u otras creencias. Permite a los hombres y las mujeres venidos de todos los horizontes y de todas las culturas , ser protegidos en sus creencias por la República y sus Instituciones. Abierta y generosa, ella es el lugar privilegiado del encuentro y del intercambio en donde cada uno se reencuentra para aportar lo mejor a la comunidad nacional. Es la neutralidad del espacio público lo que permite la coexistencia armoniosa de diferentes religiones.

Como todas las libertades, la libertad de expresión, de creencias no puede encontrar límites más que en la libertad del otro y en la observación de reglas de la vida en sociedad. La libertad religiosa, que nuestro país respeta y protege, no puede ser desviada . No puede poner a discusión la regla común. Ella no puede atentar a la libertad de convicción de los otros. Es este un equilibrio sutil, preciado y frágil, construido pacientemente desde hace decenios, que asegura el respeto del principio de laicicidad . Y este principio es una oportunidad para Francia . Por ello está inscrito en el artículo primero de nuestra Constitución. Por esta razón, no es negociable!

Después de haber desgarrado a Francia en el momento de la adopción de la gran ley republicana de separación de las iglesias y el Estado en 1905; surgió una laicicidad tranquila que ha permitido reunir a todos los franceses. A la luz de hace casi un siglo de existencia, ha mostrado sabiduría y recoge la adhesión de todas las confesiones y de todas las corrientes de pensamiento.

Por tanto, a pesar de la fuerza del conocimiento republicano, y como lo han demostrado puntualmente los trabajos de la Comisión presidida por el señor Bernard Stasi, Comisión a la cual yo quiero nuevamente rendir un particular homenaje, la aplicación del principio de laicicidad en nuestra sociedad está hoy en debate. Ciertamente, este principio es raramente impugnado. Muchos están de acuerdo. Pero esta disposición concreta se enfrenta a nuevas y grandes dificultades, en el mundo del trabajo, en los servicios públicos y en particular en escuelas o en hospitales.

No se puede tolerar que, bajo el principio de la libertad religiosa, se enjuicien las leyes y los principios. La laicicidad es una de las grandes conquistas de la República. Es un elemento crucial de la paz social y de la cohesión nacional. Nosotros no podemos dejarla debilitarse. Nosotros debemos trabajar para consolidarla.

Por esto, debemos asegurar efectivamente el mismo respeto, la misma consideración para todas las grandes familias espirituales. A este respecto, el Islam, religión muy reciente en nuestro territorio, tiene su lugar entre las grandes religiones presentes en nuestro suelo. La creación del Consejo Francés del Culto Musulmán permite ahora organizar las relaciones entre el Estado y el Islam de Francia. Los musulmanes deben tener en Francia la posibilidad de disponer de lugares para el culto que les permitan practicar su religión con dignidad y con tranquilidad. A pesar de los recientes progresos, es necesario reconocer que queda todavía mucho por hacer en este dominio. Un nuevo paso será igualmente superado cuando la formación de Imanes franceses será asegurada y permitirá afirmar la personalidad de un Islam de cultura francesa.

El respeto, la tolerancia, el espíritu de diálogo se arraigan también con el conocimiento y la comprensión del otro, valores a los cuales cada uno de nosotros debe atribuir la más grande importancia . Es por esto que hoy me parece primordial desarrollar la enseñanza del hecho religioso en la escuela.

Es necesario conducir con atención y firmeza un combate sin misericordia contra la hostilidad hacia los extranjeros, el racismo y en particular contra el antisemitismo. ¡No toleremos la costumbre del insulto! ¡No minimicemos ningún gesto, ninguna actitud, ninguna murmuración! ¡ No dejemos pasar nada! Es una cuestión de dignidad.

Nosotros debemos reafirmar con firmeza la neutralidad y la laicicidad del servicio público. La de cada empleado público, al servicio y para el interés de todos, al que se impone la prohibición de hacer valer sus propias creencias y opiniones. Esta es una regla de nuestro derecho, porque ningún francés debe sospechar de un representante de la autoridad pública de privilegiarlo o de favorecerlo en función de sus convicciones personales. De la misma forma, las convicciones del ciudadano no le dan derecho a negar la autoridad de un empleado público.

Es necesario también reafirmar la laicicidad en la escuela porque la escuela debe absolutamente ser protegida .

La escuela es ante todo el lugar para la adquisición y la transmisión de valores que poseernos para compartir el instrumento por excelencia, para arraigar la idea republicana El espacio en donde se forman los ciudadanos del mañana para la crítica, para el diálogo, para la libertad en donde se les dan las llaves para desarrollarse y dominar su destino en donde cada uno va abrirse un horizonte más amplio.

La escuela es un santuario republicano que debemos defender para proteger la igualdad frente a la adquisición de los valores y del saber, la igualdad entre niñas y niños, la mezcla de todos las enseñanzas y especialmente la del deporte, para proteger nuestros niños. Para que nuestra juventud no sea expuesta a vientos enemigos que dividen o separan , que dirigen unos contra otros.

Seguramente no se trata hacer de la escuela un lugar uniforme, de anonimato, en donde serían proscritos tanto el hecho como la apariencia religiosa. Se trata de permitir a los profesores y directores de los establecimientos, enfrentados hoy, y en primera línea, a verdaderas dificultades, para ejercer serenamente su misión con la afirmación de una regla clara.

Hasta hace poco, en virtud de los usos razonables y espontáneamente respetados, nunca nadie había dudado de que los alumnos, naturalmente libres de vivir su fe, pudieran acudir a la escuela o al colegio (secundaria) o al liceo(preparatoria) con vestidos religiosos.

No se trata de inventar nuevas reglas ni establecer fronteras a la laicicidad. Se trata de enunciar con respeto, con claridad y con firmeza una regla que está en nuestros usos y en nuestras prácticas desde hace muchísimo tiempo.

He consultado, he estudiado el reporte de la Comisión Stasi y he examinado los argumentos de la Misión de la Asamblea nacional, de los partidos políticos, de las autoridades religiosas , de los principales representantes, de las grandes corrientes de pensamiento.

Estimo, en conciencia, que el portar vestimentas o signos que manifiestan ostensiblemente la pertenencia religiosa, debe ser proscrita en las escuelas, colegios, y liceos públicos.

Los signos discretos, por ejemplo una cruz, una estrella de David, una mano de Fátima, naturalmente serán posibles. Por lo contrario, no serán admitidos los signos ostensibles, es decir, aquellos que al llevarlos conduzcan a hacerse notar a través de Ios mismos, dando a conocer inmediatamente su pertenencia religiosa. No tienen su lugar en el recinto de la escuela pública el velo islámico, cualquiera que sea el nombre que se le dé, la Kippa o una cruz de dimensión excesiva. La escuela pública permanecerá laica.

Por lo tanto se hace evidentemente necesaria una ley. Deseo que esta ley sea adoptada por el Parlamento y que sea plenamente puesta en vigor en el momento del próximo inicio de las clases. Desde ahora pido al Gobierno proseguir su diálogo principalmente con las autoridades religiosas y comprometerse a entablar gestiones de mediación y de pedagogía.

Nuestro objetivo es el abrir los espíritus y los corazones . Es hacer que los jóvenes comprometidos comprendan los riesgos de la situación y protegerlos contra las pasiones, que lejos de liberarlos o permitirles afirmarse a su libre arbitrio, los obligan o los amenazan.

En la aplicación de esta ley, el diálogo y la concertación deberán ser sistemáticamente buscados, antes de cualquier decisión.

No creo que se necesite agregar nuevos días feriados al calendario escolar que ya cuenta con muchos. Además esto crearía muchas dificultades a los padres de familia que trabajan en esos días . Por lo tanto y como ya es una antigua costumbre, deseo que ningún alumno tenga que excusarse por una ausencia pretextando una gran fiesta religiosa como el Kippour o el Ait-El-Kebir, a menos que el establecimiento haya sido informado con oportunidad. Esto está en relación con la pruebas importantes o los exámenes que no deben ser programados en estos días. Las instrucciones en este sentido serán dadas a los rectores por el ministro de la educación nacional.

Así mismo, es necesario recordar las reglas elementales de convivencia . Pienso en el hospital en donde nada podrá justificar que un paciente rechace, por principio, curarse por un médico de otro sexo. Es necesario que la ley acredite esta regla para todos los enfermos que se dirigen al servicio público.

En la misma forma, el ministro del trabajo deberá comprometer las concertaciones necesarias y, si es necesario, someter al Parlamento una disposición autorizando al jefe de la empresa reglamentar el portar signos religiosos por motivos de seguridad o por los contactos con la clientela.

En general creo deseable que un "Código de laicicidad" reúna todos los principios y las reglas relativas a la laicicidad. Este código será entregado principalmente a todos los funcionarios y empleados públicos el día de su asignación de funciones.

Por lo demás, el Primer Ministro instalará a su alcance un Observatorio de la laicicidad encargado de alertar a los franceses y a los poderes públicos sobre los riesgos de fracaso o de ataque a este principio esencial.

En fin, nuestro combate por los valores de la República, debe conducirnos a comprometernos con firmeza a favor de los derechos de las mujeres y de su verdadera igualdad con los hombres. Este combate es de aquellos de los que van a diseñar la fisonomía de la Francia del mañana. El grado de civilización de una sociedad se mediante todo, con el lugar que ocupan en ella las mujeres.

Es necesario estar alerta y ser intransigente frente a las amenazas que existen para retroceder.

Nosotros no podemos aceptar que algunos, se refugien detrás de una concepción tendenciosa del principio de laicicidad, buscando socavar las conquistas de nuestra República que son la igualdad de sexos y la dignidad de las mujeres. Yo lo proclamo muy solemnemente: ¡La República se opondrá a todo aquello que separa, a todo aquello que desgarra, a todo aquello que excluye! La regla es el justo medio, porque ella reúne, porque ella coloca a todos los individuos sobre el pie de igualdad, porque ella se opone a distinguir según el sexo, el origen, el color, la religión.

En materia de los derechos de las mujeres, nuestra sociedad tiene todavía que progresar mucho. La nueva frontera de la paridad es, desde ahora, la igualdad profesional entre las mujeres y los hombres. Cada uno debe concientizarse y actuar en este sentido. Y yo me comprometo para actuar personalmente en este aspecto, en las próximas semanas.

Señoras y señores

Los debates sobre la laicicidad , la integración, la igualdad de oportunidades, el derecho de las mujeres, nos hacen la misma pregunta: ¿Cuál es la Francia que queremos para nosotros y para nuestros hijos?

Nosotros hemos recibido como herencia un país rico en historia, por su lengua, por su cultura, o sea una nación fuerte por sus valores y por sus ideales.

En la misma forma, el ministro del trabajo deberá comprometer las concertaciones necesarias y, si es necesario, someter al Parlamento una disposición autorizando al jefe de la empresa reglamentar el portar signos religiosos por motivos de seguridad o por los contactos con la clientela.

En general creo deseable que un "Código de laicicidad" reúna todos los principios y las reglas relativas a la laicicidad. Este código será entregado principalmente a todos los funcionarios y empleados públicos el día de su asignación de funciones.

Por lo demás, el Primer Ministro instalará a su alcance un Observatorio de la laicicidad encargado de alertar a los franceses y a los poderes públicos sobre los riesgos de fracaso o de ataque a este principio esencial.

En fin, nuestro combate por los valores de la República, debe conducirnos a comprometernos con firmeza a favor de los derechos de las mujeres y de su verdadera igualdad con los hombres. Este combate es de aquellos de los que van a diseñar la fisonomía de la Francia del mañana. El grado de civilización de una sociedad se mediante todo, con el lugar que ocupan en ella las mujeres.

Es necesario estar alerta y ser intransigente frente a las amenazas que existen para retroceder.

Nosotros no podemos aceptar que algunos, se refugien detrás de una concepción tendenciosa del principio de laicicidad, buscando socavar las conquistas de nuestra República que son la igualdad de sexos y la dignidad de las mujeres. Yo lo proclamo muy solemnemente: ¡La República se opondrá a todo aquello que separa, a todo aquello que desgarra, a todo aquello que excluye! La regla es el justo medio, porque ella reúne, porque ella coloca a todos los individuos sobre el pie de igualdad, porque ella se opone a distinguir según el sexo, el origen, el color, la religión.

En materia de los derechos de las mujeres, nuestra sociedad tiene todavía que progresar mucho. La nueva frontera de la paridad es, desde ahora, la igualdad profesional entre las mujeres y los hombres. Cada uno debe concientizarse y actuar en este sentido. Y yo me comprometo para actuar personalmente en este aspecto, en las próximas semanas.

Señoras y señores

Los debates sobre la laicicidad , la integración, la igualdad de oportunidades, el derecho de las mujeres, nos hacen la misma pregunta: ¿Cuál es la Francia que queremos para nosotros y para nuestros hijos?

Nosotros hemos recibido como herencia un país rico en historia, por su lengua, por su cultura, o sea una nación fuerte por sus valores y por sus ideales.

De nuestro país, Francia, cada uno debe estar orgulloso. Cada uno debe sentirse depositario de su herencia. Cada uno debe sentirse responsable de su futuro.

Sepamos transformar las interrogantes de hoy en triunfos para el mañana, buscando con decisión la unidad de los franceses, confirmando nuestro apego a una laicicidad abierta y generosa tal como hemos sabido inventarla año tras año, haciendo vivir mejor la igualdad de oportunidades, de espíritu de tolerancia, de solidaridad, llevando con decisión el combate por los derechos de las mujeres y congregándonos en torno a los valores que han hecho y siguen haciendo a Francia.

Es así que seremos una Nación sólida, segura, fuerte por su cohesión. Es así que podremos reafirmar la esperanza que nos reúne para construir un país para nuestros hijos, con un futuro de progreso y de justicia.

Este es uno de los grandes retos lanzado a nuestras generaciones. Este reto nosotros podemos, nosotros debernos y nosotros vamos a realizarlo juntos.

Todos juntos.

Yo les agradezco. "

"Carta desde la cárcel" - Martin Luther King

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Martin Luther King Jr.
 "Carta desde la cárcel de Birmingham"
 Discurso de Martin Luther King el 16 de Abril de 1963.

Enlaces: Derechos Humanos | Martin Luther King

"Amigos míos, debo decirles que no hemos obtenido ni una sola conquista en materia de derechos civiles sin una presión legal decidida y no violenta. La historia nos ofrece una larga y trágica enseñanza del hecho de que los grupos privilegiados raramente renuncian voluntariamente a sus privilegios..."

"Mis queridos colegas: durante mi confinamiento aquí en la prisión de Birmingham recordé vuestras recientes declaraciones tildando a nuestras actividades de injustas e inoportunas. Raramente, si es que alguna vez lo he hecho, me detengo a responder las críticas a mi trabajo e ideas. Si buscara responder a todas las críticas que cruzan por mi escritorio, mis secretarios no podrían ocuparse de otra cosa durante el día, y yo no tendría tiempo para el trabajo constructivo. Pero dado que siento que ustedes son hombres de buen espíritu, y que vuestras criticas están sinceramente formuladas, quisiera responder a vuestras declaraciones con lo que creo son términos razonables y pacientes.

Pienso que debería darles la razón de mi venida aquí, a Birmingham, ya que ustedes fueron influidos por la idea según la cual “ciertos forasteros se hicieron presentes en la ciudad”. Tengo el honor de servir como presidente de la Conferencia por el Liderazgo Cristiano del Sur, una organización que opera en cada estado del sur de los Estados Unidos... Toda vez que resulta posible compartimos el personal y los recursos educativos y financieros con nuestros afiliados. Varios meses atrás nuestro afiliado en esta ciudad nos invitó a prepararnos para llevar adelante un programa de acción directa no violenta si dicho programa fuera estimado necesario.

Consentimos rápidamente y cuando el momento llegó honramos nuestra promesa. Entonces estoy aquí, junto a varios miembros de mi equipo, porque aquí fuimos invitados. Mas allá de esto, estoy en Birmingham porque aquí esta la injusticia... soy consciente de la interrelación de todas las comunidades y estados. No puedo quedarme sentado sin hacer nada en Atlanta y sin preocuparme acerca de lo que ocurre aquí en Birmingham.

La injusticia en cualquier lugar es una amenaza para la justicia en todos lados. Estamos atrapados en una red inescapable de solidaridad, unidos en el destino.



Cualquier cosa que afecte a uno directamente afecta a todos indirectamente. Nadie que viva dentro de los Estados Unidos puede jamás ser considerado un forastero en ningún lugar del país.

Ustedes deploran las protestas que actualmente se llevan a cabo en Birmingham. Pero siento pesar por el hecho de que vuestras declaraciones no expresen el mismo nivel de preocupación por las condiciones que dieron lugar a las protestas...

En cualquier campaña pacifica existen cuatro pasos básicos: 1) la investigación de los hechos para determinar si existen injusticias; 2) la negociación; 3) la auto-purificación; 4) la acción directa. Hemos atravesado los cuatro pasos en Birmingham. Nadie puede negar el hecho de que la injusticia racial salpica a esta comunidad. Birmingham es quizás la ciudad racialmente más injusta de los Estados Unidos. Sus espantosos antecedentes en materia de brutalidad policial se conocen en cada parte del país. Su trato injusto a los negros en los tribunales es una realidad notoria... En cierto momento existió la oportunidad... de conversar con algunos de los líderes de la comunidad. En estas reuniones se formularon ciertas promesas... A medida que las semanas y los meses pasaron, nos dimos cuenta que fuimos victimas de promesas rotas... Entonces no tuvimos otra alternativa que prepararnos para la acción directa... No éramos ajenos a las dificultades que enfrentábamos. Decidimos entonces atravesar un proceso de auto-purificación.

Comenzamos a tener reuniones y talleres sobre comportamiento pacífico y nos planteamos en forma repetida interrogantes como el de si somos capaces de aceptar golpes sin devolverlos, o si estamos en condiciones de padecer los sufrimientos de la cárcel. 


Decidimos preparar nuestro programa de acción directa para el período de pascuas, dado que, con excepción de la Navidad, este es el período de mayor actividad comercial del año... sentimos que éste era el mejor momento para ejercer presión sobre
los comerciantes en favor de los cambios... 


Luego nos dimos cuenta que la elección de marzo se avecinaba y entonces decidimos posponer el programa de acción directa para luego de las elecciones. Cuando después descubrimos que existían posibilidades de que Mr. Connor (el gobernador) fuera derrotado en las elecciones decidimos postergar nuevamente la acción, para que las protestas no pudieran ser utilizadas para enturbiar la situación. Fue en este momento que decidimos comenzar nuestra acción pacifica el día después de las elecciones.

Esto revela que no nos movimos irresponsablemente hacia la acción directa...

Ustedes podrían preguntar, ¿pero por qué la acción directa? ¿Por qué las sentadas, marchas, etc.? ¿No es la negociación un mejor camino? Ustedes tienen toda la razón al favorecer la negociación. De hecho, éste es el propósito de la acción directa. La acción directa no violenta busca crear una crisis tal (y establecer una tensión creativa tal) que una comunidad que constantemente se niega a negociar se vea forzada a enfrentar el tema. Busca dramatizar la cuestión para que ella no pueda seguir siendo ignorada.

Acabo de referirme a la creación de una tensión como parte de la resistencia no violenta. Esto puede resultar shockeante. Pero debo confesar que no le tengo miedo a la palabra tensión.

He trabajado y ofrecido sermones honestamente en contra de la tensión violenta, pero existe un tipo de tensión constructiva no violenta que resulta necesaria para el crecimiento... por eso es que estamos de acuerdo con ustedes en que es necesario negociar. Durante demasiado tiempo nuestro amado sur nos ha sobrecargado con el intento trágico de vivir en un monólogo en lugar de un dialogo.

Ustedes dicen también que nuestras acciones resultan inoportunas. Algunos preguntaron, ¿por qué no le dieron tiempo para actuar a la nueva administración? 


La única respuesta que puedo darles es que la nueva administración debe ser alertada... antes de que actúe... Estaríamos lamentablemente equivocados si pensáramos que la elección de Boutwell va a modificar radicalmente las cosas. Mientras Boutwell es mucho más razonable y gentil que Connor, ambos son segregacionistas, ambos están empeñados en la tarea de mantener el status quo. La esperanza que veo en Boutwell es que él va a ser lo suficientemente razonable como para ver la futilidad de la resistencia masiva a la desegregación. Pero él no va a ver esto sin presión de parte de los defensores de los
derechos civiles.

Amigos míos, debo decirles que no hemos obtenido ni una sola conquista en materia de derechos civiles sin una presión legal decidida y no violenta. La historia ofrece una larga y trágica enseñanza del hecho de que los grupos privilegiados raramente renuncian voluntariamente a sus privilegios.

Los individuos pueden ver la luz moral y voluntariamente renunciar a sus posturas injustas; pero los grupos son más inmorales que los individuos.

Sabemos como resultado de una dolorosa experiencia que la libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor. Debe ser demandada por el oprimido.

Francamente, nunca he participado de un movimiento de acción directa que fuera ‘oportuno’ de acuerdo a la agenda de aquellos que no han sufrido indebidamente de la enfermedad de la segregación racial... Hemos esperado más de 340 años el reconocimiento de nuestros derechos constitucionales.

Creo que puede resultar fácil para quienes no han padecido nunca los dardos afilados de la segregación decir ‘esperen’. Pero cuando hayan visto a grupos linchar a vuestros padres a su antojo y ahogar a vuestros hermanos y hermanas caprichosamente; cuando hayan visto a policías movidos por el odio maldecir, patear, tratar brutalmente y hasta matar a vuestras hermanas y hermanos negros con impunidad;... cuando de repente se les trabe la lengua y no puedan hablar cuando intenten explicarle a vuestras hijas de 6 años por qué no pueden ir a un parque de diversiones que ha sido publicitado en televisión, y vean esas depresivas nubes de inferioridad comenzando a formarse en su pequeño cielo mental; cuando tengan que inventar una respuesta para vuestros hijos de 5 años que les pregunten por qué los blancos tratan tan mal a los negros;... cuando vuestro primer nombre es ‘negro’...; cuando a sus madres y a sus esposas se les niegue el titulo de ‘señora’...; entonces entenderán por qué encontramos ya difícil esperar.

Uno podría validamente preguntar, cómo pueden defender la violación de algunas leyes y el respeto de otras? La respuesta puede encontrarse en el hecho de que existen dos tipos de leyes: existen leyes justas e injustas. Estoy de acuerdo con San Agustín en que las leyes injustas no son leyes en absoluto. Ahora, cuál es la diferencia entre las dos?

Cómo determina uno si la ley es justa o injusta?...  Cualquier ley que degrada la personalidad humana es injusta... la segregación termina relegando a las personas al estatus de cosas. De manera que puedo promover que la gente desobedezca las ordenanzas segregacionistas porque son moralmente erróneas... Una ley injusta es una ley impuesta por una mayoría a una minoría, una minoría que no tuvo ningún rol en su creación o sanción debido a que no tuvo derecho a votar...

Espero que vean la diferencia que estoy intentando señalar. De ninguna manera apoyo una evasión de la ley... Esto conduciría a la anarquía. Alguien que viola una ley injusta debe hacerlo abiertamente, con amor,... y con voluntad de aceptar el castigo.

Creo que un individuo que viola una ley que su conciencia le dice que es injusta, y que voluntariamente acepta el castigo en la cárcel para despertar la conciencia de la comunidad sobre su injusticia, está en realidad expresando el mayor respeto por la ley...

No debemos olvidar que todo lo que Hitler hizo en Alemania era “legal”... Tenía la esperanza de que el individuo blanco moderado entendiera que la ley y el orden existen para el propósito de asegurar la justicia, y que cuando ellos fracasan en lograr esto se convierten en represas peligrosamente construidas para bloquear el flujo del progreso social....

En vuestras declaraciones dijeron que nuestras acciones, aun cuando son pacíficas, deben ser condenas porque precipitan la violencia. ¿Pero puede esta afirmación ser lógicamente formulada? ¿No resulta esto similar a condenar al individuo víctima de un robo porque su posesión de dinero precipitó el robo?... Deberíamos darnos cuenta, como los tribunales lo han afirmado consistentemente, que es inmoral impedir los esfuerzos de un individuo por ganar sus derechos constitucionales básicos con la excusa de que su búsqueda precipita la violencia.

La sociedad debe proteger al individuo robado y castigar al ladrón.

El pueblo oprimido no puede continuar oprimido para siempre. La búsqueda de la justicia va eventualmente a surgir... Los negros tienen muchos resentimientos y frustraciones latentes. Si sus emociones reprimidas no salen a la luz de estos modos pacíficos, saldrán en expresiones ominosas de violencia. Esto no es una amenaza; es un hecho de la historia... Lo que he intentado decir es que este descontento normal y saludable puede ser canalizado a través del recurso creativo de la acción directa pacífica...

Ahora, este enfoque ha sido catalogado de extremista... ¿Pero no fueron Abraham Lincoln y Thomas Jefferson extremistas?... La cuestión entonces no es si seremos extremistas sino qué clase de extremistas seremos?  ¿Seremos extremistas para el odio o extremistas para el amor? ¿Seremos extremistas para la preservación de la injusticia o para la causa de la justicia?....

A pesar de algunas excepciones notables, debo reiterar honestamente que he sido decepcionado por la iglesia... Años atrás tuve el extraño sentimiento de que íbamos a ser apoyados por la iglesia blanca,... que iban a ser nuestros más fuertes aliados.

En vez de eso, algunos han sido fuertes opositores... 



Estamos entonces aquí, moviéndonos hacia el fin del siglo 20 con una comunidad religiosa ajustada en gran medida al status quo.

Debo finalizar ahora. Pero antes de hacerlo me veo forzado a mencionar otro punto de vuestras declaraciones que me perturbó profundamente. Ustedes manifestaron su aprobación hacia la policía de Birmingham por mantener el orden y prevenir la violencia. No creo que hubieran aprobado tan calurosamente a la fuerza policial si hubieran visto a sus violentos perros hambrientos morder a seis individuos negros pacíficos y desarmados.

No creo que hubieran manifestado aprobación tan velozmente si hubieran observado el horroroso e inhumano trato que se le dispensa a los negros aquí en la prisión; si los hubieran visto empujar y maldecir a las ancianas y a los niños negros; si los vieran... rehusar darnos comida sólo porque queremos cantar nuestros himnos juntos.

Lamento que no pueda sumarme a ustedes en vuestro apoyo al departamento de policía....

A lo largo de los últimos años he predicado en forma consistente que la no violencia exige que los medios que utilizamos sean tan puros como los fines que buscamos. Por eso es que he intentado expresar claramente que es incorrecto utilizar medios inmorales para lograr fines morales. Pero ahora debo afirmar que tan malo como eso, o quizá peor, es utilizar medios morales para preservar fines inmorales.

Quizás el señor Connor y su policía han sido más bien no violentos públicamente... pero ellos han utilizado los medios morales de la no violencia para mantener el fin inmoral de la flagrante injusticia racial. T. S. Elliot ha sostenido que no existe una traición mayor que realizar una buena acción por una mala razón...

Nunca antes había escrito una carta tan larga... Temo que sea demasiado larga como para ocupar vuestro preciado tiempo. Les puedo asegurar que hubiera sido mucho más corta si la hubiese podido escribir desde un escritorio confortable, pero ¿qué otra cosa puede uno hacer cuando está sólo durante días en la tonta monotonía de una pequeña celda más que escribir cartas largas, pensar ideas extrañas, y rezar largas oraciones?...

Si he dicho algo en esta carta que constituya una distorsión de la verdad y que sea indicativa de una impaciencia irrazonable, les ruego que me perdonen... 


Esperemos todos juntos que las oscuras nubes del prejuicio racial pasen rápidamente, que la pesada niebla de la incomprensión desaparezca de nuestras comunidades sumidas en el horror, y que en un no tan distante futuro las estrellas radiantes del amor y la hermandad brillen sobre nuestra gran nación con toda su belleza.

Suyo para la causa de la paz y la hermandad."



"Una Lengua Propia para la India" - Gandhi

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Mahatma Gandhi
 "Una lengua propia para la India"
 Discurso de Gandhi en la inauguración de la Universidad India en Benarés, 4 de Febrero de 1916.

Enlaces: Pacifismo | Gandhi

"La única educación que recibimos es la inglesa, pero imaginemos qué recibiríamos durante los últimos 50 años con una educación propia... Tendríamos una India libre, a hombres educados no como extranjeros en su propia tierra, sino hijos del corazón de la nación trabajando por los más pobres y tendríamos una gran herencia..."

"Nuestra lengua es el reflejo de nosotros mismos. Si ustedes me dicen ahora que nuestra lengua es pobre como para representar pensamientos elevados, entonces yo les digo, que cuanto más rápido la desechemos, mejor para nosotros.

¿Hay aquí, entre nosotros, algún hombre que sueñe con que algún día el inglés sea la lengua oficial de la India? ¡Por qué esta subestimación de nuestra nación? Consideremos, sólo por un momento la carrera desigual que tiene que emprender un joven indio respecto de un joven inglés. Tuve el privilegio de tener una larga conversación con varios maestros de Poona.

Ellos me aseguraron que cada joven indio al adquirir sus conocimientos a través del inglés pierde seis años de su preciosa vida. Multipliquen esto por el número de estudiantes que sale de nuestras escuelas y comprueben cuántos miles de años se han perdido para nuestra nación.

El cargo que se nos suele hacer es que a nosotros nos falta iniciativa. ¿Cómo vamos a tener iniciativa si malgastamos nuestros mejores años adquiriendo conocimientos a través de una lengua extraña?

La única educación que recibimos es la educación inglesa. Seguramente esto ha tenido una influencia beneficiosa en nosotros, pero imaginemos que hubiéramos recibido durante los últimos cincuenta años una educación vernácula... ¿Qué tendríamos hoy? Tendríamos una India libre, tendríamos a nuestros hombres educados no como si fueran extranjeros en su propia tierra, sino hijos del corazón de la nación; estarían trabajando por los más pobres entre los pobres y lo que se habría ganado en esos cincuenta años sería una herencia para la nación.

Su excelencia, el Maharajá que presidió nuestras deliberaciones de ayer se refirió a la pobreza de la India... Pero ¿qué presenciamos nosotros en la residencia en la que se llevó a cabo la ceremonia? El espectáculo lujoso, una fiesta para los ojos hecha de joyas relucientes venidas de París. Yo comparo la riqueza de estos señores con los millones de pobres, y les digo: no hay salvación para la India mientras ustedes se adornen con estas joyas y acumulen riquezas.

Señor, cada vez que me entero de que se está construyendo algún palacio en algún lugar de la India, siento resentimiento, y digo. ¡Oh! Se está construyendo con el dinero de nuestros agricultores. Y más del 75% de nuestra población está compuesta por agricultores. Mr. Higginbotham nos dijo anoche en correcto lenguaje, que esos hombres son capaces de hacer crecer el doble de lo que siembran.

Pero poco espíritu de autogobierno pueden tener si les quitamos o permitimos que les quiten el resultado de su trabajo. Nuestra salvación viene del campo. Ni de los abogados, ni de los doctores, ni de los ricos terratenientes."



"Damas de Blanco, Premio Sajarov"

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Blanca Reyes
 "Damas de Blanco, Premio Sajarov"
 Discurso en la entrega del Premio Sajarov a las Damas de Blanco en el Parlamento Europeo, 14.12.05.

Enlaces: Derechos Humanos | Cuba | Damas de Blanco

"Este Premio constituye para nosotras un compromiso aún mayor con nuestra causa y con Ustedes; un impulso para seguir defendiendo la inocencia de nuestros seres queridos con mayor valor, y demandar la libertad inmediata e incondicional de ellos..."

"Estimado Sr. Josep Borrell Presidente del Parlamento Europeo Estimados Señoras y Señores Europarlamentarios Estimadas personalidades participantes Estimado Sr. Robert Mènard Admirada Dra. Ibrahim Queridos amigos europeos y hermanos cubanos residentes en todas partes del mundo:

El honor de haber sido distinguidas con el Premio Andréi Sajarov 2005, compartido con la hermana Dra. Ibrahim y los esforzados y solidarios Reporteros Sin Fronteras, ha conmovido profundamente los corazones de nosotras, las Damas de Blanco, y de los 75 prisioneros de conciencia apresados en Cuba durante la Primavera Negra de 2003.

Nunca imaginamos que nuestra agrupación espontánea, motivada por el dolor y la injusticia, sin color político ni organización partidaria o de grupo, fuera a recibir un reconocimiento tan prestigioso. Este Premio constituye para nosotras un compromiso aún mayor con nuestra causa y con Ustedes; un impulso para seguir defendiendo la inocencia de nuestros seres queridos con mayor valor, y demandar la libertad inmediata e incondicional de ellos. El gobierno de Cuba ha evidenciado una vez más la violación sistemática de los derechos humanos que practica diariamente contra la población de nuestro país, al no conceder permiso a cinco mujeres pací128 - ficas e indefensas para viajar y compartir con Ustedes esta ceremonia de entrega de los premios, a pesar de haber realizado cuanto trámite burocrático exigieron, la mayoría innecesario e incomprensible, así como las gestiones de ese Parlamento, gobiernos y personalidades europeas.
Eso no impide que Las Damas de Blanco estemos en Estrasburgo, al igual que lo están los 75 prisioneros condenados desde marzo de 2003 y cientos de reos de conciencia y políticos cubanos. Por el contrario, el mundo entero escuchará hoy las voces de Ustedes y el eco de todos nosotros.

Nosotras no recogeremos el Premio hoy, pero como Andréi Sajarov, el eminente científico y abnegado luchador por la libertad de conciencia, la ejemplar Aung San Suu Kyi, las Madres de la Plaza de Mayo, Nelson Mandela, y todos los demás galardonados en años anteriores, continuaremos nuestros incansables esfuerzos porque prevalezcan la justicia social, la democracia y la reconciliación. Especialmente podremos unirnos a Ustedes con nuestro compañero Oswaldo Payá Sardinas, cubano galardonado en 2002.

Pedimos que nos visiten en nuestra Patria, Cuba, a fin de realizar una ceremonia de entrega del Premio a la Libertad de Conciencia en un futuro inmediato. Serán acogidos en nuestros modestos hogares y podremos exponerles personalmente, no ya cinco mujeres, sino muchísimas más, las cruentas condiciones, las arbitrariedades, las intimidaciones, y la represión que padecen nuestros prisioneros y nuestras familias.

Agradecemos una vez más el reconocimiento a nosotras, esposas, madres, hijas, hermanas, tías, exponentes del pueblo cubano, y les reiteramos nuestra convicción de que no existen causas imposibles, cuando están inspiradas en la razón, la reconciliación y el amor.

Todas las voces, unidas en la diversidad, por el derecho a la Libertad de Conciencia. Damas de Blanco: Laura Pollán, esposa de Héctor Maseda, Miriam Leiva, esposa de Oscar Espinosa Chepe, Berta Soler, esposa de Ángel Moya, Loyda Valdés, esposa de Alfredo Felipe Fuentes, Julia Núñez, esposa de Adolfo Fernández Saínz ".


Fuente: www.damasdeblanco.com

"Constitución de los EE.UU." - Benjamin Franklin

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Benjamin Franklin
"Valoración y Aprobación de la Constitución "
 Discurso pronunciado durante la Convención Constitucional del 27 de Septiembre de 1787.

Enlaces: Democracia | Benjamin Franklin

"Espero, para nuestro beneficio, para beneficio del pueblo, y de nuestros descendientes, que nos conduzcamos leal y unánimemente al recomendar esta Constitución hasta donde llegue nuestra influencia, y hacer que nuestros futuros pensamientos y esfuerzos se acomoden a dirigirla bien..."

"Señor Presidente: Confieso que hoy no apruebo del todo esta Constitución, pero no estoy seguro, señor, de que nunca la apruebe; porque habiendo vivido largo tiempo, he podido observar que en muchas ocasiones me he visto obligado, debido a una mejor información o a una consideración más detenida, a cambiar de opinión, aún en asuntos de gran importancia que un día creí justos y después tuve que abandonar como erróneos. Por esto, cuanto más viejo me hago, más aprendo a dudar de mi propio juicio sobre los demás. En realidad, la mayoría de los hombres, lo mismo que la mayoría de las sectas religiosas, se creen en posesión de la verdad pura, y piensan que todos los que difieren de ellos están en el error. Un protestante, Steele, en una dedicatoria, le dice al Papa que la única diferencia entre nuestras dos iglesias sobre las opiniones de la veracidad de su doctrina, es que la Iglesia Romana es infalible y que la Iglesia de Inglaterra nunca se equivoca.

Pero, aunque muchas personas particulares piensan casi tan elevadamente de su propia infalibilidad como de la de su secta, pocos la han expresado tan naturalmente como aquella señora francesa que en una pequeña disputa con su hermana, le dijo: "Yo no me he encontrado con nadie más que conmigo que tenga siempre razón." ("Je ne trouve que moi qui aie toujours raison. " )

Pensando de este modo, señor, acepto esta Constitución con todas sus faltas... si podemos considerarlas como tales; porque yo creo que un Gobierno general es necesario para nosotros y cualquier forma de Gobierno puede ser una bendición para el pueblo si se administra bien; y creo también que una buena administración dura unos cuantos años solamente y al fin termina en despotismo (como han terminado otras formas antes) ; porque el pueblo se corrompe de tal manera que es necesario un gobierno despótico .

Dudo, también, que ninguna otra Convención que podamos lograr sea capaz de hacer una Constitución mejor; porque cuando se reúnendegollarse los unos a los otros.

Así, pues, señor, apruebo esta Constitución, porque no espero nada mejor y porque casi estoy seguro de que es la mejor. La crítica que he hecho de sus errores la sacrifico al bien general. Jamás diré una sola palabra de esta crítica fuera de aquí. Dentro de estos muros han nacido y dentro de estos muros morirán. Si alguno de nosotros, al volver a nuestros Constituyentes, les cuenta las objeciones que él ha puesto y se esfuerza en sostenerlas para ganar partidarios, impedirá que sea bien recibida en general y hará que pierda por lo tanto sus efectos saludables y las grandes ventajas que resulten naturalmente en nuestro favor, lo mismo entre las naciones extranjeras que entre nosotros, de nuestra verdadera o aparente unanimidad.

Mucha de la fuerza y eficacia de un gobierno, al intentar y asegurar la felicidad del pueblo, depende de la opinión, de la opinión general que se tiene de la bondad de este gobierno, lo mismo que de la sabiduría e integridad de sus gobernantes. Espero, por lo tanto, para nuestro beneficio, para beneficio del pueblo, y para beneficio de nuestros descendientes, que nos conduzcamos leal y unánimemente al recomendar esta Constitución hasta donde llegue nuestra influencia, y hacer que nuestros futuros pensamientos y nuestros esfuerzos se acomoden a dirigirla bien.

En resumen, señor, no puedo menos de expresar mi deseo de que todos los miembros de la Convención que quisieran aún hacer alguna objeción, se acojan un poco conmigo en esta ocasión a la duda de su propia infabilidad y que para manifestar su unanimidad pongan su nombre en este instrumento."

"Funeral de Karl Marx" - Friedrich Engels

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Friedrich Engels
"Funeral de Karl Marx"
 Discurso ante la tumba de Karl Marx, Marzo 1883.

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"Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por Europa y América, desde las minas de Siberia a California. Y puedo atreverme a decir que si tuvo muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal. Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra..."

"El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas lo dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, lo encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre. Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Muy pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca. "


Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.

Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.

Dos descubrimientos como éstos debían bastar para una vida. Quien tenga la suerte de hacer tan sólo un descubrimiento así, ya puede considerarse feliz. Pero no hubo un solo campo que Marx no sometiese a investigación —y estos campos fueron muchos y no se limitó a tocar de pasada ni uno solo—, incluyendo las matemáticas, en que no hiciese descubrimientos originales.
Tal era el hombre de ciencia. Pero esto no era, ni con mucho, la mitad del hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el goce que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse aún en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. Por eso seguía al detalle la marcha de los descubrimientos realizados en el campo de la electricidad, hasta los de Marcel Deprez en los últimos tiempos.

Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos. Primera "Rheinische Zeitung", 1842 ; "Vorwärts" de París, 1844 ; "Deutsche-Brüsseler-Zeitung", 1847 ; "Neue Rheinische Zeitung, 1848-1849 ; "New-York Daily Tribune", 1852-1861 , a todo lo cual hay que añadir un montón de folletos de lucha, y el trabajo en las organizaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que, por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de los Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiese creado ninguna otra cosa.

Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde las minas de Siberia hasta California. Y puedo atreverme a decir que si pudo tener muchos adversarios, apenas tuvo un solo enemigo personal.

Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.