Tipos de Poemas

Los poemas se forman de dos maneras, bien uniendo estrofas semejantes o distintas (agrupaciones estróficas), bien uniendo versos del mismo tipo o diferentes en series métricas o tiradas aestróficas tan extensas que no pueden considerarse estrofas. Las agrupaciones más importantes de estrofas son la folía, la seguidilla compuesta, el zéjel, el villancico, la letrilla, la glosa, el soneto y sus distintos tipos, los tercetos encadenados, la sextina provenzal, el cosante o cosaute, la canción provenzal, canción en estancias, el rondel y la escala métrica. Series métricas son la silva, el romance y la silva arromanzada.

La folía, según el maestro Gonzalo Correas, es una composición breve de tres o cuatro versos desiguales en su número de sílabas destinada al canto. El cantar, las coplillas de tres y cuatro versos y la seguidilla cuando tiene sus versos pares agudos se consideran folías:

        Andá noramalá,
        marido mío,
        andá noramalá,
        que andáis dormido. (Popular)

        Riñen dos amantes;
        hácese la paz;
        si el enojo es grande,
        es el gusto más.

    (Miguel de Cervantes, siglo XVI-XVII)

La seguidilla compuesta es una estrofa que combina heptasílabos y pentasílabos agrupados en una seguidilla y un haikú con rima asonante, según el esquema 7-; 5a; 7-;5a. 5b; 7-;5b. Es una estrofa propia de la lírica popular tradicional:

        Azules son tus ojos,
        marrón tu pelo,
        cobriza, tu piel, tiene
        brillos de fuego.
        Dame tu abrazo
        de frutos de dulzura
        en tu regazo

    (Anónimo)

El zéjel es una estrofa que se agrupa en series formando una canción zejelesca. Cada zéjel está formado por un pareado de arte menor, que es el estribillo o bordón, y por un grupo de cuatro versos de los cuales los tres primeros riman entre sí en consonante y se denominan mudanza; el último verso es el verso de vuelta y rima en consonante con el estribillo, sirviendo así de aviso o anuncio su rima de que ha de volverse a recitar el estribillo para encabezar el próximo zéjel de la serie:

        Dicen que me case yo;
        no quiero marido, no. (Estribillo)

        Más quiero vivir segura
        n´esta sierra a mi soltura,
        que no estar en ventura (Primera mudanza)
        si casaré bien o no. (Verso de vuelta)

        Dicen que me case yo;
        no quiero marido, no.

    (Estribillo) Gil Vicente, siglo XVI.

El cosante o cosaute es un poema compuesto por pareados fluctuantes (o sea, de indeterminado número de sílabas). Los pareados se relacionan entre ellos por medio de elementos paralelísticos; tras cada pareado sigue un estribillo muy breve, generalmente un solo verso. En el primer pareado, se plantea el tema del poema, y cada nuevo pareado repite parte del tema del anterior y añade algo nuevo en forma de leixa-pren. Proviene de la lírica galaico-portuguesa. Es probable que el cosante derivara del canto y que de ahí adquiriera independencia; el solista seguramente cantaba los pareados y el coro, o público, le respondía con el estribillo.

        A aquel árbol que vuelve la foja
        algo se le antoja.
        Aquel árbol de bel mirar
        face de maña flores quiere dar.
        Algo se le antoja.
        Aquel árbol de bel veyer
        face de maña quiere florecer.
        Algo se le antoja.
        Face de maña flores quiere dar,
        ya se demuestra, salidlas mirar.
        Algo se le antoja.
        Face de maña quiere florecer,
        ya se demuestra, salidlas a ver.
        Algo se le antoja.
        Ya se demuestra, salidlas mirar,
        vengan las damas la fruta cortar.
        Algo se le antoja.
        Ya se demuestra, salidlas a ver,
        vengan las damas la fruta coger.
        Algo se le antoja.

    (Diego Hurtado de Mendoza)

Portada del Libro de los cincuenta romances (c. 1525), primera colección de romances conocida.

El romance es una serie métrica compuesta por una serie indefinida de versos octosílabos con rima asonante en los versos pares que se originó de la descomposición de los cantares de gesta en el siglo XIV, aunque algunos de ellos empezaron a imitarse y componerse a propósito entre el siglo XV y la actualidad constituyento el llamado Romancero nuevo. Suele usarse para relaciones o narraciones, o con contenido narrativo-lírico. Si el romance es de origen culto suele poderse dividir con facilidad en grupos de cuatro versos como subestrofas; si es de origen tradicional, no.

        Que por mayo era, por mayo,
        cuando hace la calor,
        cuando los trigos encañan
        y están los campos en flor,
        cuando canta la calandria
        y responde el ruiseñor,
        cuando los enamorados
        van a servir al amor;
        sino yo, triste, cuitado,
        que vivo en esta prisión;
        que ni sé cuándo es de día
        ni cuándo las noches son,
        sino por una avecilla
        que me cantaba el albor.
        Matómela un ballestero;
        dele Dios mal galardón.

El llamado romance heroico rima como el romance, solamente los versos pares y en asonante, pero está compuesto por versos endecasílabos. Lo creó Sor Juana Inés de la Cruz y se utilizó ampliamente en el siglo XVIII y XIX:

        Entran de dos en dos en la estacada,
        con lento paso y grave compostura,
        sobre negros caballos, ocho pajes,
        negras la veste, la gualdrapa y plumas;
        después cuatro escuderos enlutados,
        y cuatro ancianos caballeros, cuyas
        armas empavonadas y rodelas
        con negras manchas que el blasón ocultan,
        y cuyas picas que por tierra arrastran,
        sin pendoncillo la acerada punta,
        que son, van tristemente publicando,
        de la casa de Lara y de su alcurnia.

    (Ángel Saavedra, Duque de Rivas, s. XIX)

La escala métrica es una estrofa creada por el poeta romántico Víctor Hugo y poco usada en general. Se trata de una serie de versos en la que el primero empieza por ser de una o dos sílabas, y cada verso siguiente suma una al anterior hasta llegar al dodecasílabo, y después va disminuyendo una por una hasta regresar al verso de una o dos sílabas.

La sextina provenzal es una compleja combinación de treinta y nueve endecasílabos estructurados en seis estrofas de seis versos cada una y una contera final de tres versos. No tiene rima, sino una serie de seis palabras finales que se van repitiendo en distinto verso, pero siempre al final de cada uno, en cada estrofa, de forma que las seis palabras finales de los seis versos de las seis estrofas sean las mismas, sólo que en diferente disposición. La estructura de la disposición de las palabras finales de los versos es la siguiente:

        1ª Estrofa: A-B-C-D-E-F (Que corresponden a las palabras finales)
        2ª Estrofa F-A-E-B-D-C
        3ª Estrofa C-F-D-A-B-E
        4ª Estrofa E-C-B-F-A-D
        5ª Estrofa D-E-A-C-F-B
        6ª Estrofa B-D-F-E-C-A

El remate o contera se constituye con tres versos donde se incluyen dos de estas palabras finales en cada uno de los tres versos, una al principio y otra al final, con una estructura que suele ser:

        1 verso: A-B
        2 verso: D-E
        3 verso: C-F

La disposición de las últimas palabras de cada verso sigue la norma de que la última palabra del último verso de una estrofa sea la última palabra del primer verso de la siguiente, la última palabra de segundo verso sea la última del primer verso de la anterior estrofa y la última del tercer verso sea la última del penúltimo verso de la estrofa precedente.

        ¿Y qué decir de nuestra madre España,
        este país de todos los demonios
        en donde el mal gobierno, la pobreza
        no son, sin más, pobreza y mal gobierno
        sino un estado místico del hombre,
        la absolución final de nuestra historia?

        De todas las historias de la Historia
        sin duda la más triste es la de España,
        porque termina mal. Como si el hombre,
        harto ya de luchar con sus demonios,
        decidiese encargarles el gobierno
        y la administración de su pobreza.

        Nuestra famosa inmemorial pobreza,
        cuyo origen se pierde en las historias
        que dicen que no es culpa del gobierno
        sino terrible maldición de España,
        triste precio pagado a los demonios
        con hambre y con trabajo de sus hombres.

        A menudo he pensado en esos hombres,
        a menudo he pensado en la pobreza
        de este país de todos los demonios.
        Y a menudo he pensado en otra historia
        distinta y menos simple, en otra España
        en donde sí que importa un mal gobierno.

        Quiero creer que nuestro mal gobierno
        es un vulgar negocio de los hombres
        y no una metafísica, que España
        debe y puede salir de la pobreza,
        que es tiempo aún para cambiar su historia
        antes que se la lleven los demonios.

        Porque quiero creer que no hay demonios.
        Son hombres los que pagan al gobierno,
        los empresarios de la falsa historia,
        son hombres quienes han vendido al hombre,
        los que le han convertido a la pobreza
        y secuestrado la salud de España.

        Pido que España expulse a esos demonios.
        Que la pobreza suba hasta el gobierno.
        Que sea el hombre el dueño de su historia.

    (Jaime Gil de Biedma, siglo XX)

La canción provenzal consta de uno o más grupos de doce versos octosílabos repartidos cada uno en tres bloques de cuatro, por lo general una cuarteta entre dos redondillas que tienen la misma rima, o bien dos cuartetas que encierran a una redondilla, igualmente las cuartetas con la misma rima, siempre consontante: abba cdcd abba, en el primer caso, o bien abab cddc abab en el segundo. Este esquema sufrió luego más modificaciones, de forma que las estrofas de principio y final podían tener más o menos versos (por ejemplo, abb cdcd abb y abbab cddc abbab) o todas ellas ser redondillas o cuartetas, o a capricho, pero siempre se mantuvo que las rimas de primera estrofa y última fueran las mismas. Se usó dentro del gay saber del siglo XV y dio origen al virelay y al rondó franceses; en Castilla apareció dentro de la corriente denominada lírica cancioneril.

        No sé para qué nací,
        pues en tal extremo estó
        que el vevir no quiero yo
        y el morir no quiere a mí.

        Todo el tiempo que viviere
        terné muy justa querella
        de la Muerte, pues no quiere
        a mí, queriendo yo a ella.

        ¿Qué fin espero de aquí,
        pues la muerte me negó,
        pues que claramente vio
        que era vida para mí?

    (Pedro de Cartagena, Cancionero de Hernando del Castillo, s. XV.)

La canción en estancias o canción es de origen italiano. Se divulgó a partir del primer Renacimiento y consta de una serie de estrofas semejantes que combinan versos de siete y once sílabas con la misma disposición métrica, llamadas estancias (del italiano stanze). La composición se remata con un corto envío o vuelta de cuatro versos. Cada estancia consta de dos partes engarzadas por un verso de enlace, eslabón o llave que sirve para unir la primera parte o fronte (con dos pies, abC abC) y la segunda parte, llamada sírima o 'coda' (dee DfF). El escritor manchego Garcilaso de la Vega introdujo esta estrofa en la literatura española, y desde entonces no ha dejado de usarse, sobre todo por los poetas influidos por la corriente literaria del llamado Petrarquismo:

        Divina Elisa, pues agora el cielo
        con inmortales pies pisas y mides,
        y su mudanza ves, estando queda,
        ¿por qué de mí te olvidas y no pides
        que se apresure el tiempo en que este velo
        rompa del cuerpo, y verme libre pueda,
        y en la tercera rueda,
        contigo mano a mano,
        busquemos otro llano,
        busquemos otros montes y otros ríos,
        otros valles floridos y sombríos,
        donde descanse y siempre pueda verte
        ante los ojos míos,
        sin miedo y sobresalto de perderte?

    (Garcilaso de la Vega)

Un tipo especial de canción es la canción leopardina, llamada así por su primer cultivador, el poeta del Romanticismo italiano Giacomo Leopardi. En ella, si bien las estrofas tienen el mismo número de versos, la distribución de las rimas es libre y diferente de una a otra, varía también la proporción de heptasílabos y endecasílabos y no hay verso de enlace
Página inicial de Las soledades (l. I, pág. 193) en el Manuscrito Chacón.

La silva es de origen italiano y consiste en una extensión indeterminada de versos de siete y once sílabas combinados y rimados libremente en consonante y en la que pueden dejarse algunos versos sueltos sin rima. Constituye por estas particularidades una forma muy libre, de tendencia antiestrófica y próxima por tanto al versolibrismo. Fue introducida en la lírica española en 1613 por Luis de Góngora en sus Soledades:

        Era del año la estación florida
        en que el mentido robador de Europa
        —media luna las armas de su frente,
        y el Sol todo los rayos de su pelo—,
        luciente honor del cielo,
        en campos de zafiro pace estrellas,
        cuando el que ministrar podía la copa
        a Júpiter mejor que el garzón de Ida,
        —náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
        lagrimosas de amor dulces querellas
        da al mar; que condolido,
        fue a las ondas, fue al viento
        el mísero gemido,
        segundo de Arïón dulce instrumento.

    (Luis de Góngora, Soledad primera)

El soneto clásico es una agrupación de endecasílabos que riman en consonante y distribuidos en dos cuartetos y de dos tercetos, hasta un total de catorce versos. Las rimas de los tercetos son libres, si bien en el soneto clásico se utilizan sobre todo dos distribuciones: CDE, CDE o bien CDC DCD. La combinación más usada del soneto es: ABBA ABBA CDC DCD. A veces, casi siempre cuando se trata de un tema burlesco, puede agregársele al final un pequeño pie en endecasílabos y heptasílabos llamado estrambote.

El soneto sufrió un notable desarrollo desde que lo introdujera en la lírica castellana el siglo XV don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, y en el XVI, con éxito ya definitivo, Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. A veces, en vez de cuartetos, utiliza serventesios, como hizo Francesco Petrarca en algunos de los sonetos de su Cancionero.

En Inglaterra William Shakespeare introdujo una nueva modalidad de soneto consistente en tres serventesios de rimas distintas y un pareado final (ABAB CDCD EFEF GG), modalidad que en castellano ha utilizado frecuentemente el poeta argentino Jorge Luis Borges. Es el llamado 'soneto shakespeariano; otra clase de adaptación inglesa del soneto es el soneto spenseriano (en honor a su creador, el poeta isabelino Edmund Spenser), similar al de Shakespeare salvo porque se toma la última rima de cada serventesio para iniciar el siguiente (ABAB BCBC CDCD EE).

Merced a la revolución métrica del Modernismo acaudillado por Rubén Darío, el soneto flexibilizó su forma y se escribió en versos alejandrinos o en una mezcla de versos de once, nueve, doce, siete y catorce sílabas. Asimismo, los cuartetos pudieron cambiar de rima o ser serventesios. A este tipo de sonetos se los conoce como sonetos modernistas. Véanse además en esta wikipedia otras modalidades del soneto, cuales son el soneto con estrambote, el soneto dialogado, el soneto doble o doblado, el soneto en alejandrinos, el soneto inglés y el soneto polimétrico.

        Un soneto me manda hacer Violante
        y en mi vida me he visto en tal aprieto;
        catorce versos dicen que es soneto:
        burla burlando, van los tres delante.

        Yo pensé que no hallara consonante
        y estoy a la mitad de otro cuarteto,
        mas si me veo en el primer terceto,
        no hay cosa en los cuartetos que me espante.

        Por el primer terceto voy entrando,
        y aún parece que con pie derecho,
        pues fin con este verso le voy dando.

        Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
        que estoy los trece versos acabando:
        contad si son catorce, y está hecho.

    (Lope de Vega, siglo XVII)

El poema en verso blanco o suelto consiste por lo general en una serie de endecasílabos rítmicamente correctos, pero sin rima alguna. Fue usado ya por Garcilaso de la Vega en su Epístola a Boscán y enseguida se generalizó su uso como una forma adecuada para las traducciones.