Ejemplo de Discurso de Agradecimiento

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Discurso de Agradecimiento:

El camino hasta aquí no ha sido fácil, ha sido un paseo lleno de dificultades, aunque también repleto de alegrías. Hace unos años llegamos a este lugar con una maleta vacía que a cada paso que hemos dado sumado al tiempo, hemos ido llenando de muchas cosas.

Lo más importante, personas que siempre llevaremos con nosotros y que son las amistades más auténticas, aquellos que recordaremos como los mejores amigos que jamás tendremos. En un principio sólo era la gente de clase, que poco a poco se fue ganando un lugar importante en nuestras vidas. Con ellos hemos compartido mucho y aunque nos los volvamos a ver en años tal vez, siempre los tendremos presentes y al corriente de lo que acontece en nuestras vidas.

Una gran parte se ha llenado de experiencias irrepetibles que escribirán un gran capítulo del libro de nuestras vidas y que cuando seamos mayores serán las batallitas que contaremos a nuestros nietos. Como aquellos jueves legendarios, los viajes que cambiaron nuestra vida o aquellas personas extraordinarias que conocimos en el momento más oportuno. Hemos amado, hemos sufrido, pero en definitiva hemos vivido.

También llenamos la maleta con nuestras ilusiones sobre qué camino tomaremos, ya que al principio era difuso, pero ahora está casi claro, algunos hemos encontrado nuestra verdadera vocación dentro de la que ya teníamos por ser psicólogos e incluso nos hemos enamorado de una profesión que tal vez no fuese nuestra primera elección, pero que nos ha fascinado de tal manera que no concebimos nuestra vida sin ella.

Las decepciones también tienen su hueco en la maleta, al igual que los errores, que aunque tal vez nos embriagaron de tristeza en algún momento, nos han enseñado mucho, hemos aprendido a perdonar, pero también a ser perdonados. Hemos aprendido que el orgullo no siempre hay que tenerlo tan alto, pero también a que no nos debemos dejar pisotear. A que a veces le damos demasiada importancia a cosas que en realidad son insignificantes y a saber lo que es realmente importante, dándole su peso real.

La primera lección que aprendimos a afrontar fue la independencia, que deseábamos y a la vez temíamos. Comenzamos a convivir con personas extrañas, a veces acertamos, otras no, pero en el mejor de los casos se convirtieron en un una pequeña familia que nos acompañó durante estos años. A base de golpes aprendimos a cuidar de nosotros mismos, a administrarnos, a que no es tan fácil vivir alejados de nuestra casa, pero al final lo hemos logrado.

Una de las lecciones más valiosas que nos llevamos es la que para librarnos de nuestros miedos lo mejor es enfrentarnos y exponernos a ellos, a que es mejor decir las cosas que guardarnos el dolor y que decir que no no nos tiene porqué enemistar con nadie.

Hemos crecido entre las paredes de la facultad, llegamos siendo adolescentes creciditos, un tanto despistados y perdidos y hoy somos jóvenes casi adultos con las cosas medianamente claras. También nos llevamos una cultura que nos abrirá muchas puertas pero sobretodo un legado que nos capacita para ser verdaderos profesionales, en efecto, sabemos más de lo que pensamos y estamos mucho más capacitados de lo que creemos.
Éste es sólo un acto simbólico, aunque en poco tiempo será una realidad y en la maleta que trajimos el primer día podremos poner la etiqueta de "Soy psicóloga/o" y este será el primer paso importante para el resto de nuestras vidas, seremos profesionales que comienzan su andadura.

Y aunque no leamos la mente, ni podamos decir nada especial sobre vosotros con sólo un vistazo y en general, no psicoanalizaremos, ahora tenemos licencia para sanar el alma y para librar a los demás de sus demonios, y eso que no somos magos. Somos capaces también de sanar el cuerpo en ocasiones, en otras producir mejoras significativas de salud, y eso que no somos médicos. También podemos enseñar lecciones de vida, como mejorarla y cómo aceptarse y eso que no somos maestros, somos psicólog@s.

Este día la maleta se cierra y comenzamos a llenar otra y de la que aunque sujetemos el asa con miedo, porque sabemos que el camino que nos depara no es fácil, también la sujetamos con ilusión, pues de ella está repleta.

Aunque hoy somos protagonistas, el verdadero homenaje es para nuestros seres más queridos, aquellos que hoy nos acompañan y que son los verdaderos artífices de que hoy estemos aquí, nuestros padres, porque sin ellos esta andadura hubiese sido imposible. Por su apoyo continuo, por su persistencia, porque son una inspiración para nosotros. Nos han acompañado en los momentos más duros, sacando de nuestro interior la confianza que creíamos perdida, han consolado nuestras lágrimas y han gozado de nuestras alegrías, pero sobre todo por darnos la oportunidad de venir a formarnos aquí y vivir todo lo que hemos vivido. Por ello decimos que ellos son los verdaderos protagonistas de este día y no tenemos palabras para daros las gracias. Así que compañeros, volveos y aplaudid.

Hoy también homenajeamos a aquellos que se marcharon para no volver jamás, y cuyas caras nos gustaría ver entre el público. Sólo decir que hoy sabemos dónde estáis, en nuestros corazones, de donde penderéis el resto de nuestras vidas y a cada paso que demos, nos preguntaremos qué hubieseis hecho vosotros, para así pisar con más seguridad.

El protagonismo de hoy también lo compartimos con nuestros formadores, los profesores, que de una u otra manera siempre recordaremos y que hoy nos acompañan en este día tan especial. Unos han sido más entrañables que otros, otros nos han fascinado con sus explicaciones, algunos han inspirado nuestra vocación, otros nos han hecho ver la realidad con otros ojos e incluso nos han enseñado a reír y a perder el miedo a lo que parecía imposible y todos ellos formarán parte de la maleta de la que os hablé al principio, en un rincón muy especial. Mentiría si no dijera que algunos nos han hecho llorar, y estos es algo que saben bien los padres, ya que han sido profesores especialmente duros con nosotros, algo que si miras en perspectiva, es de agradecer, porque nos han hecho más fuertes lejos de hacernos caer, nos han inculcado el valor del esfuerzo y nos han recordado que en el futuro seremos profesionales que trataremos con personas y para eso hay que tener las cosas muy claras y estar muy curtido en la materia. Para ellos pido también un aplauso.
Hoy también es el día de la gran despedida, porque algunos volveremos a vernos en algún que otro momento de nuestras vidas, pero hoy es el último día que estemos todos los compañeros de clase juntos, porque a pesar de los continuos desacuerdos, las riñas, las distintas posturas teóricas y demás, somos compañeros, casi una familia, que durante muchos años hemos compartido mucho.

De aquí a poco tiempo añoraremos esta vida, pero sobre todo añoraremos a la gente que hemos tenido a nuestro alrededor, los amigos, los compañeros, a aquel o aquella que se sentaba a nuestro lado, recordaremos esos horribles cafés de máquina con buena compañía o aquel cigarro que compartíamos entre clase y clase, añoraremos las bromas que sólo entre nosotros entendemos, echaremos de menos esas maratonianas tardes haciendo trabajos, que se acababan convirtiendo en una tarde irrepetible, o el no tan simple estudio, que tanto tiempo nos ha robado pero que en definitiva, nos ha hecho lo que hoy somos. Algo me dice que de esta promoción saldrán grandes cosas, pues las grandes hazañas nacen de grandes personas, de los que luchan por lo que quieren, de los valientes y esas son características que abundan entre nosotros.

La inspiración no me alcanza para encontrar las palabras, porque decir adiós nunca es fácil. Desde aquí me despido de vosotros, compañeros, amigos, y creo que hablo en nombre de todos cuando digo que fue un verdadero placer coincidir con vosotros en la vida y que desde hoy cuento los días hasta que nos volvamos a encontrar.

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