Ad Misericordiam

Falacia Ad Misericordiam


Consiste en apelar a la piedad para lograr el asentimiento cuando se carece de argumentos. Trata de forzar al adversario jugando con su compasión (o la del público), no para complementar las razones de una opinión, sino para sustituirlas.



             Las palabras que mueven a la piedad, las súplicas y ruegos a los amigos son eficaces cuando el juicio depende de la multitud. Gorgias.


   Es una variedad de sofisma populista, en cuanto busca el apoyo irracional de la audiencia y, como aquella, se incluye entre las Falacias de Eludir la cuestión.



             Hazlo por mi amor.

             Si lo haces me voy a sentir muy mal.

             Los pensionistas no pueden ser los únicos españoles que no se beneficien de la bonanza económica.

             Sólo un gobierno sin entrañas puede echar a la calle a los trabajadores del astillero.



   Uno apela a las emociones cuando piensa que serán favorables a su causa, lo cual es legítimo, pero comete una falacia cuando lo hace por carecer de argumentos. La apelación a la misericordia debe ser un complemento de las razones, no su vicario.



             Ya sé que está prohibido girar a la izquierda, guardia, pero no me multe, por favor. He tenido un mal día; estaba intentando llegar al hospital porque acaban de ingresar a mi anciana madre. Y voy con el tiempo justo porque entro a trabajar dentro de una hora en mi segundo empleo que es de tiempo parcial y salario mínimo, pero no puedo perderlo porque es el único soporte de los diecisiete miembros de mi familia.



   La historia es muy triste, pero, ni nos consta que sea cierta (cosa frecuente en las apelaciones a la piedad), ni aporta una sola razón por la que el protagonista deba eludir la ley, ni justifica el giro a la izquierda. Es una buena forma de Eludir la cuestión y busca su amparo en la fragilidad sentimental del interlocutor.



   En ocasiones se emplea como punto de partida de una lacrimosa Pendiente resbaladiza:



             Ya sé que he girado mal, guardia, pero, por favor, no me multe. Si lo hace, me quitarán el permiso de conducir, no podré trabajar y mis hijos se verán en la miseria.



   Sufrir la multa es el primer paso en una terrible cadena de infortunios. De hecho, el primer paso fue el giro a la izquierda y no hay razón para esperar que las consecuencias de la multa sean tan graves como se anuncian.



   No es raro, cuando se reclaman responsabilidades políticas, que el gobierno recuerde, como única defensa, el listado de servicios a la patria realizados por la persona que se juzga. Véase la Cuestión de Enjuiciamiento.